jueves, 31 de diciembre de 2015

Todos fanáticos

Es una constante. Se repite conversación tras conversación. La discusión, tenga el tenor que tenga ha de terminar con la conclusión de que alguno de los dos contendientes posee un alto grado de radicalización fanática que no puede percibir porque, explicará el contrario, su fanatismo le impide vislumbrar el vicio tal y como se presenta.

No es propio de una averiguación de verdad delimitar el fanatismo sino como la última instancia, y esta aún con la debida cautela y moderación. Ubicar a alguien en un extremo es un juicio de valor que no por su conclusión ha de ser tan cierto ni tan grave. Abrazar causas y argumentar en su favor es una labor intelectual bastante profunda, y no será la incompetencia de los argumentos que lo enfrentan quien dirima el nivel de fanatismo, aunque bien pudiera tratarse de una radicalización. Pues pensar la vida necesita de cierta radicalización en su avance; de lo contrario, la labor será únicamente contemplativa y por tanto impracticable.

El aditamento peyorativo del fanatismo está de moda en todos los ámbitos. Se ubica primero que la falta de razón o de construcción lógica, al menos. Es tan fácil lograr una condena personal de fanático que ya se han desnaturalizado las propiedades evolutivas de las ideas, para dar paso a la conclusión inmediata de extravíos morales, sin reconocer la mayoría de las veces, la velocidad del pensamiento permisivo. 

Esto surge de una confusión conceptual muy arraigada fruto del medio que nos rodea. Se ha repetido hasta el hartazgo la potencia liberadora de la educación, pero es muy difícil determinar con certeza la dirección y el sentido de la misma. Así, los conceptos utilizados para abarcar un análisis de la realidad se han visto tergiversados por el miedo a la violencia. Han confundido la radicalización con el fanatismo y las guerras con el terrorismo. De esa manera, la integridad moral de quien se sitúa en la vereda opuesta a los “ismos” se ve favorecida. Ya no por Dios, como en la Edad Media, sino por “la razón”, representada aquí como la entelequia de lo intangible. El espacio vacío dejado por la imperfección moral fanática es cubierto por la razón aún cuando no existan argumentos razonables para afirmar haber arribado a ella.

De esta manera pueden dilatarse búsquedas e impedirse las certezas, asomando al espacio de los hechls consideraciones de índole subjetiva que abaratan cualquier expresión de idea alguna. No es la tarea de una discusión su conclusión inmediata por salvajismo, pero si hay una tendencia ideológica y retórica cuyo principal objetivo es hacerlo así.

lunes, 16 de noviembre de 2015

La preferencia temática

Claros fenómenos de preferencias temáticas atentan contra la integridad moral de un discursista. La elaboración de un discurso político o social inspirado en la ética social y el bien común adolece de las limitaciones propias de lo existente. Así, puede uno encontrarse defendiendo a las víctimas de un atentado situándose de su lado, para luego quedar pegado a una contraofensiva sangrienta y no lograr reaccionar a tiempo para correrse del medio.



La limitación más evidente es la de la imperfección de las soluciones inmediatas o mediatas, a la vez que se suscita una aparente panacea de perfección moral y social en aquellas soluciones de carácter remoto, que nos proyectan a dos o tres generaciones hacia adelante, a un estado de perfección no comprobable de manera real, sino más bien imaginario. Pero eso sería transformar la realidad acuciante en una casetera, para detenerla hasta que se planifique algo de manera sostenida.
Generar políticas de Estado dista mucho de lo que cualquier bien intencionado quiere hacer parecer. Las intenciones y los ideales son más o menos similares y la verdadera diferenciación está en los métodos y las formas que se eligen para canalizar dichas intenciones. Es humanamente imposible abarcar la totalidad de lo que nos rodea, así se explica la imperfección de las formas y los hechos. La ausencia de ésta visión es la que lleva a las totalizaciones de la realidad que más que hacer un análisis proponen soluciones mágicas. Y no hay magia posible de seres cuyo único resquicio mágico es la superstición y el dogma.
La imposibilidad de “quedar bien con todo el mundo” es la verdadera barrera moral de la política. Dejando de lado flagelos que pretenden ser universalizados para desestructurar lo bueno de lo emprendido, asistimos a una permanente difamación de los hechos concretos en base a hechos de otra índole. Por eso se puede mezclar una AUH con el carácter privado o público de YPF y desde allí dar las soluciones para la televisación del fútbol.
Y una vez más, debemos dividir para reinar, tomando un tema a la vez para que una vez encontrada la solución y pasemos al siguiente, veamos que no era tan acorde a lo que pretendíamos. La realidad es un continuo devenir. Y la nuestra no es la mejor de todas, pero tampoco la peor del universo en su extensión.

Hay que seguir intentando. Aún en el error.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Carruaje mortuorio

Sin odio participo
De un recuerdo que merodea.
Que asalta mis mañanas,
Que susurra en mis noches.
No es que duela, no hace falta,
Pero hay algo que me agarra.

Sin cenizas, sin rastro,
Se aleja el sueño en carruaje
Al mirarlo veo lo poco
Que la vida guardó a los locos.
Solo amor y desconsuelo.
Solitarios enajenados.

lunes, 28 de septiembre de 2015

La idea de que "los otros" están llenos de fábulas irracionales

Ayer 27 de Septiembre de 2015, el historiador Luis Alberto Romero publicó una columna especialmente redactada para el Diario Los Andes (http://www.losandes.com.ar/article/el-teatro-de-los-juicios). El título es el fiel reflejo de un aparato cultural que desdeña desde la superestructura, y que se expresa en términos tales que logra inferir la existencia de un cuento de hadas, una fábula, un mito o una mentira flagrante en las concepciones y las acciones ajenas. Así, “el teatro de los juicios” se suma a otras grandes expresiones del conservadurismo talibán argentino tales como la de “el relato”.
Vea que no es casualidad la intención de colocar de antemano una situación en el plano de lo imaginario o lo fantástico o lo que no debía ser tomado en serio. Las posiciones ideológicas del sector al que pertenece el historiador tienen como expresión más cabal la de colocar las ideas ajenas en éste plano, haciendo más fácil el acceso al examen moral de la posición en lugar de escrutar los argumentos y sus validaciones.

Comienza por no detallar cuales son los vicios del procedimiento que repugnan a la ley y que tan necesarios son para poder formar la opinión para-legal que intenta esbozar el autor. En éste sector de la opinión política, alcanza con la condena de que afecta las instituciones, o tal vez un valor, elevado a una categoría divina.
Dice el escriba: “el primer acto del drama es el trato vejatorio a los acusados, para quienes no valen los derechos humanos”. Y estoy de acuerdo con él. El sistema judicial actual adolece de una clara influencia sobre el futuro de un acusado. Imagínese que si es vejatorio para quienes fueron parte de la Dictadura y estuvieron hasta el día de hoy impunes, lo que puede esperarle a un ratero capturado en pleno centro y en flagrante delito. El sistema judicial no es animoso sólo con los acusados de delitos de lesa humanidad.
Por otro lado, no me extraña que los testigos recuerden detalles después de 30 años. Vea, la dictadura cometió los crímenes más tremendos de los que el Estado Nacional tenga memoria, desde la Guerra al Paraguay. Hizo lo que quiso con muchos detenidos: lanzarlos drogados desde aviones al Río de la Plata, violar mujeres presas por causas políticas, negar los hábeas corpus a los familiares de detenidos-desaparecidos, aplicar picana eléctrica en los órganos sexuales y hasta en las encías. Después supieron apropiarse de bebés nacidos en cautiverio y privarlos durante años de su identidad. ¿Los testigos debieran olvidarse de que éstas cosas pasaron? Seguramente es sospechoso acordarse de esas cosas para un sector que pretende olvidar que pasaron y “dejar de hurgar en el pasado para mirar hacia el futuro”.

La primera crítica legal profunda deviene de la aparente violación a una máxima del Derecho Penal y es la de la presunción de inocencia. Por lo relatado, existen hoy en las cárceles argentinas, una atendible cantidad de acusados de delitos de lesa humanidad presos por presunciones de culpabilidad. Dicha realidad acusa de una palpable gravedad institucional. La existencia de una presunción de culpabilidad repugna al Estado de Derecho.
Imagínese ahora a los adictos a las drogas. La ley que regula los estupefacientes establece una presunción de culpabilidad que es inconstitucional en los estrados palaciegos, pero plenamente aplicable en cualquier esquina de barrio humilde. La presión propia de un sistema judicial creado en razón de las apariencias y valores de un sector ideológico ha tocado a las puertas de quienes durante más de 30 años se mantuvieron impunes, sorteando los estrados judiciales. Ese es el sistema judicial.

Éste análisis no es caprichoso, sino fruto de una conciencia de globalidad. El autor desdeña la cuestión popular al asignarle el carácter de “nunca poner la otra mejilla”. Desde aquí, creemos que nunca debiera habérsele abofeteado, en primerísimo término. Poner la otra mejilla es ignorar el primer golpe y dejarlo impune.
Traer a colación a los adictos o a los rateros para visualizar el accionar del derecho sobre la vida común es un análisis que debe estar presente si va a hablarse de los defectos del sistema. Sin embargo, entiendo que no se está hablando del defecto del sistema sino de cómo éste afecta la impunidad cuando recae sobre los impunes.


Por eso coincido con él en su frase final: “La impunidad y la arbitrariedad son dos de los nombres del poder. Hacer gala de ellas es un poderoso disuasivo y un instrumento disciplinador”. Porque es ese accionar arbitrario y esa impunidad de larga data la que se está juzgando, con las herramientas dadas por un sistema democrático que amenaza con quedarse más tiempo del que los sectores juzgados están dispuestos a tolerar. En éste “teatro de los juicios” se está escribiendo la historia que no debía ser recordada. La historia que tardó 30 años en recopilarse para poder preguntarse qué fue lo que pasó.

Ojalá fuera tan fácil encontrar un error para condenar moralmente una tarea como la llevada adelante. Pero el argumento es más fuerte: colocar como presos políticos a los responsables de los crímenes, cargando al valor social de Justicia con un tinte intencional que quieren hacer creer que nunca existió, ni en el espíritu de la ley ni en las convicciones del juez.

Ojalá la crítica fuera más global. Defender las posturas que defiende Romero, con las herramientas con las que lo hace no es ni más ni menos que comunicar a la población cuál es la visión del procesado por delitos de lesa humanidad y sus abogados. A mi me han dicho lo mismo.

Es una confesión de parte, amigo mío... nos estás diciendo de parte de quien venís a escribir.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Carteles de Condenas Imaginarias

Se instaló un cartel en el frente del Liceo Militar General Espejo que recuerda el hecho de que en ese sitio fueron depositados los detenidos-desaparecidos de la última Dictadura. La decisión de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación es coherente con la política de Estado respecto de los crímenes cometidos en dicho periodo.

Se ha pedido, como si se tratara de una cortesía intelectual, que no se estigmatice a los alumnos del Liceo (http://www.mdzol.com/nota/631409-cobos-pidio-que-no-se-estigmatice-a-alumnos-del-liceo/). Y si bien muchos nos preguntamos cómo es que esos estudiantes de entre 6 y 19 años pudieran ser cómplices de algo que sucedió mucho antes de que fueran siquiera concebidos, la respuesta debe rastrearse dentro del bagaje político de los referentes que han creído que es posible una reacción tan lineal.

El lineamiento intelectual inmediato entre el cartel y la condena actual no responde a los preceptos de la memoria, menos aún a las normas de un sano intelecto. Solo ciertas concepciones lo bastante sencillas como para caer en banalidades tales como ésta, son susceptibles de dicha minimalización. Jamás se me hubiera ocurrido una cosa semejante. Más aún, el cartel en cuestión refiere al edificio, no a los alumnos. Ni siquiera hace referencia a los mandos militares a cargo del predio en dicho periodo histórico.

Frente al edificio del Palacio Policial se erige un monumento y un cartel del mismo tenor. A nadie se le ocurriría tampoco pensar que el personal administrativo está estigmatizado como cómplice de la Dictadura.

En la Ciudad de Buenos Aires, justo frente al emplazamiento del denominado Garage Olimpo, hay un cuidacoches que tiene los carteles detras. ¿Valdría también una defensa similar para él?

Es entendible que un exalumno del Liceo Militar se muestre preocupado. Pero su reacción dice más de lo que ha querido decir. Si con un cartel de memoria alcanzara para condenar a una persona, imagínese lo que los rótulos políticos actuales serían capaces de hacer. Así se entiende con claridad que los nexos intelectivos del ex Gobernador se encuentren viciados de conexiones caprichosas. Más aún cuando al momento de presentarse el proyecto de ley que autoriza a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a colocar los letreros, el ex Gobernador era Vicepresidente de la Nación. Presidió la sesión y no consta en las actas de la misma una mínima alusión a lo que hoy esgrime.

Antes que un oportunismo político, la reacción configura una confesión de parte que describe a la perfección el nivel intelectual de alguien para quien un cartel significa más que la educación. Así como un militante de la agrupación oficialista La Cámpora es inmediatamente vituperado por su pertenencia y convicción política, con la misma velocidad de conclusiones, razonan.

Dicha pobreza es propia de la falta de comprensión política e histórica actual. Y es capital propio de un ex Gobernador, ex Vicepresidente de la Nación, actual senador y nuevamente candidato al mismo puesto.

Preste atención: así razonan quienes hoy se definen a sí mismos como la alternativa republicana e incorruptible. No me preocupa que cambien de pensamiento por dinero, me preocupa que sean éstas las formas de razonar. No habrá jamás cuartel santo a la luz de la historia argentina, pues las fuerzas militares estuvieron involucradas en los 5 golpes de Estado del siglo pasado.

El uso de la herramienta de defensa de los más chicos se ha transformado en la confesión más clara de que no son las convicciones quienes guían su accionar político. Como un auténtico e interminable tiempo potencial, son dueños de preocupaciones en ebullición que suelen devenir en abstracto.



De ésta forma construyen su realidad. Para construir después las soluciones.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El ataque de los Búhos

Un buen día la cosa por fin se pudrió, pues alguien más había despertado.
Los Búhos habían tomado consciencia de su soledad y se agruparon.
Sus miedos se contaron y del hombre mayormente hablaron.
Hay algo en sus asuntos que menospreciaron y olvidaron.

El enojo provocó airadas conversaciones, ideas y posturas.
Para entender a los hombres había que conocer sus costumbres.
Miraron los cinco continentes para compararlos.
Los vieron distanciados y por ahí los atacaron.

Esos grandes ojos mirando cautivos el poder del dedo pulgar.
Su arrogancia y su piedad de saberse superiores.
De seguro un Búho ha de ver más allá...

¡Prepotentes mal amados, habremos de exterminarlos!
¡Sobre ellos caed, bandadas enfurecidas!
¡Estrellarnos de una vez para matar su cuerpo!
¡Donde habita su corazón: justo en el pecho!

Y atacaron por miles, asestando furiosos impactos.
Sin jefes asolaron ciudades y poblados por igual.
El ruido de los Búhos volando podía oírse a oído pelado.
A decenas de kilómetros, un zumbido insano.

Inteligencias y consciencias al servicio de la muerte.
Amando al dinero que las posee,
Que las corroe...

¡Y ahí vamos por ustedes, manojo de traidores!
¡Vamos por lo que quedó, lo que dejaron y contaron!
¡Hagan lo que puedan, no asustan sus armas!
¡Vinimos a por todo aquello que no suele salir de sus almas!

El miedo aumenta ante la desolación de perder en tamaño y fuerza,
Es el lamento de sus consciencias al mirarlos darse cuenta
De que pueden defenderse abrazándose, protegiendo sus rostros en hombros ajenos.
Si el dolor era mucho tenían alguien sobre quien llorar, también.

La espalda de los hombres está hecha para aguantar y levantar.
Podremos golpear miles y por más miles de Búhos también caerán.

Y a pesar de no derramar sangre fuera de sus cuerpos,
Los Búhos supieron hacerlos llorar de miedo y abrazarse para consolarse.
Obligaron a los hombres a proteger sus corazones unos a otros.
Ya ninguno está perdido, pues intentan no estar solos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Bajando

Lo imposible del mundo tangible,
Es real en el dominio de las ideas.
Prevalece si se traspasa.
Se realiza en los sentidos.

El carácter permanente
De verdades reveladas
Sobre un pueblo se acapara
Los amigos, los cerebros.

Quiebre, entonces, la alabanza
Una turba enfurecida.
Abra fuego sobre el alma
De verdades de vieja usanza.

Es el nuevo amanecer.
Una vida aún no pensada.
Un camino sin marcar.
Una historia superada.

lunes, 31 de agosto de 2015

Ni con Tevez alcanzó

Tuvo que venir un futbolista de trascendencia internacional y acreedor de un profundo afecto popular a hablar de la miseria que veía. Algunos lo atacaron, otros lo acompañaron y muchos más lo reivindicaron. De suyo, Carlitos Tévez fue por un momento el profeta de la política, demostrando interés por reivindicaciones sociales a las que no puede ser ajeno a ningún sector de la política.

Sin embargo, y sin perjuicio de la figura del futbolista, el fenómeno desatado cuando algún actor social con cierta trascendencia en los medios de comunicación emite su opinión divide de inmediato las aguas públicas entre quienes adhieren y quienes no. Dichas adherencias, en la práctica dialéctica y retórica, devienen en juicios morales acerca de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto o lo condenable y lo no condenable.

Es importante que se entienda que Tévez cumplió un rol en la agenda política y que es fácilmente reemplazable. Éstas apariciones le otorgan a la oposición la ocasión que les hace falta para poner sobre la mesa los temas que les marca la agenda.

En su momento Pepe Mujica, Félix Diaz, Juan José Campanella, Alfredo Casero y hasta Jorge Bergoglio en su versión de Cardenal supo darles pie y letra para aparecer ante las cámaras a formar opinión. Éstos personajes públicos son el componente popular que adeudan a sí mismos como espacio político y a sus electores como alternativa de gobierno a la hegemonía oficialista. El hecho de que sean famosos, fugaces y opinables responde a la lógica de la oposición política nacional: la ausencia total y absoluta de convicciones políticas, reemplazadas por opiniones que versan más sobre lo que está bien o mal, haciéndose eco de una agenda que está diagramada a contramano de toda construcción real de poder.

En otras palabras, no logran cautivar ni conmover a su audiencia política. No pueden reunirlos bajo ninguna consigna clara debido a la generalidad con la que formulan cada afirmación sobre la realidad. Una vez escrutadas éstas, y sin demasiado esfuerzo, es posible dividirlas para luego diluirlas y ser descartadas, al fin, con tanta facilidad que así como llegaron desaparecen. De esta manera se pueden ver nacer frentes electorales, ideas, temáticas, polémicas y referentes políticos en Marzo y enfrentarse en Abril para romper la alianza en Junio. En un ciclo constante de indefinición en el que se entremezclan resquemores personales e intereses económicos frente a verdaderas tendencias y convicciones políticas.

Por ello, Tevez no es más que un accidente político de coyuntura y no una crítica política profunda, sin perjuicio de la profundidad de los valores que expresa. El oficialismo se debe una autocrítica, a la vez que la oposición puede criticar todo lo que quiera desde los lugares comunes que los aúnan, pero si algo ha quedado claro en éste racconto es que el oficialismo suele salir airoso de la mayoría de sus errores, en tanto que es frecuente a la oposición sucumbir en argumentaciones que se pierden en el tiempo por no tener en absoluto un contenido político, sino uno más bien moral y adivinador.

Han hecho de la política el arte de tener razón y de adivinar pronósticos oscuros antes que proyectarse en conjunto afianzando bases de acción política.

Sin capacidad de conmoción, de liderazgo, de propuestas y de síntesis, navegan hacia un 'wanna be' de potencialidades, en el que terminan por encontrarse solos para después darse cuenta que la marcha de la política era hacia el otro lado.

sábado, 29 de agosto de 2015

Lo imposible desespera

El brillo en los ojos responde
A quienes en ellos se reflejan.
Sublimando, lo invitan
A olvidar el sueño que lo aqueja.
Así el dolor de lo imposible,
Se concentra entre ceja y ceja.

Blandiendo experiencias bellas
Se entrega a una carrera.
Se desprende de males y dogmas
Enfrentando a la vida angurrienta.
Caminando despacio, se sienta.
Dubitando su suerte, lo tientan.

No es un sueño ni un treta.
Algo toma su paciencia,
Merodeando la mejilla
Lo arrebata la tristeza.
No hay temores ni consciencia
En su vida amarillenta.

Se despide cabizbajo
Va pensando ya su suerte.
Cuando tenga sus abrazos
De toda esa buena gente
Que ocultan a sus ojos
Esa vida que le miente.

domingo, 23 de agosto de 2015

¡Jimmy Hendrix es puto!

El título que lleva éste apartado deviene de la popular frase pronunciada en un sketch de Peter Capusotto y Sus Videos en la cual se muestra un video de instrucción de la Policía Federal Argentina en los años 60'. El personaje central es un comisario que a pura orden transmite la forma de proceder ante algunos sucesos. Un grupo de hippies fumando marihuana en un auto, una casa o un parque, o bien, escuchando Jimmy Hendrix. Al referirse a éste personaje lo sentencia de la manera que bien reza el título, pero añadiendo posteriormente que "toca la guitarra y es negro", para luego dar por terminado el asunto con un gesto claro de que con eso alcanza y se termina el tema.

Éste modo de expresarse que bien refleja Capusotto se ha transformado en el día de hoy, aunque se conserva en muchos aspectos. Las frases terminantes del policía, los gestos definitivos, los adjetivos que consabidamente son ubicados de manera peyorativa: hippie, negro y puto. Esos adjetivos sólo pueden ser considerados a priori como condenatorios cuando existe sobre ellos una carga condenatoria previa o con intenciones de ser considerados en tal carácter. Así, no es muy arriesgado concluir que ser hippie, negro o puto es peligroso, más aún cuando la policía está hablando de cómo combatirlos. Lo llamativo de Hendrix es que es las tres cosas a la vez.


Encarando ahora sí el análisis central, es probable que la primera pregunta lógica sobre las condiciones de Hendrix hoy en día sea: "¿y cual es el problema?". Pregunta fundamental pero soslayada por la discursiva del sistema mismo que los está explicando. En otras palabras, la forma de comunicar una idea o suceso es también el canal de juzgamiento del mismo; han traído a Pavlov al sistema cultural de expresión. Fuera de esos estereotipos condenables, el arte es relatado como una exaltación del alma humana, su divina expresión y su perfecta salvación; pero del arte hecho por putos debemos desconfiar. Y anida allí el dilemma de la corrupción moral que se supone lleva implícita la condición homosexual. Cualquier suceso comunicado de la misma manera tendría semejante impacto a éste y más si se sirven juntos dentro del mismo plato de prejuicios.

Entonces es aquí donde me parece que el impulso condenatorio tiene razón. Pues logra situarnos en la edad histórica. Jimmy Hendrix era hippie, negro, puto, rockero, tocaba la guitarra al revés y después la prendía fuego. Además de estrella de rock, logró transformarse en el concepto de liberación de todo lo que él significaba, logró agruparlos bajo un mismo techo, cobijándolos. Era condenable ser cualquiera de esas cosas, por separado o mezclados y a veces hasta ampliados. Culturalmente quedan representados en las personas que no trabajan y que por consiguiente tampoco producen nada a la sociedad sin notar que eran productos de esa misma mecánica social. Notarlo no hubiera sido difícil, pero existía sobre esa inquietud un manto negro de castigo moral inclusive ante el mero hecho de poseer más información que las autoridades.


Era un despertar muy fuerte. De repente el sentir era masivo y se podía compartir una infinidad de experiencias. Hay una idea muy presente del hombre y su misticismo, de la idea de la naturaleza como fuente de equilibrio y del repudio a un orden que permitía censurarlos. De paso consumieron todas las drogas inventadas hasta la época, sin excepción y sin orden. Y aunque los querían condenar, con frecuencia aparecía un reventado que tenía talento y era redituable para la industria. Pero ya era muy tarde. Ya habían empezado a ajustarse la ropa al cuerpo y cortarse el pelo (algunos) por lo que se habían insertado finalmente en la sociedad que los vio nacer. Hasta transformarla.

Así se sintetiza un peligro moral: iconizándolo en una sola idea para trasladarlo luego a un solo concepto y finalmente personalizarlo, creyendo que así humanizan su condena sobre las personas con inclinaciones de éste tipo. Se entiende ésto no como condenable sino como un proceso. Las fuerzas conservadoras cumplen ese rol: presionar las heridas producidas por sus errores para hacer surgir el pus que provocaron y así sanarlas. No ha de dividirse la opinión ni a su favor ni en su contra solo por convicciones. El paso siguiente es aprender a vehiculizar las pulsiones conservadoras de una sociedad. Si se quiere controlar el cambio debe entenderse primero su naturaleza y su función.

El objetivo jamás fue Jimmy Hendrix. Los que lo condenaron ni siquiera lo conocían. Condenaron lo que significaba y sus implicancias a futuro, porque ellos sí eran conscientes del proceso de cambio que se avecinaba. Su honestidad intelectual les decía que eran responsables de ello.

viernes, 21 de agosto de 2015

Aguaviva

Dolores que se reeditan
Y atacan el pecho.
Cabizbajo va el hombre
Dominado por su miedo.
Suspicaces sus pies
Al pisar el suelo.
Ese hombre oscurece
Cada cosa que toca,
Más su tristeza evoca
Un recuerdo imborrable.
Quiera la distancia salvarle
De esa angustia en su memoria.
Y camina dudando,
Un paso a la vez.
Es de precavidos el ver
A las presas su hábito de comer.
Es más sano de lo que parece,
Se repite una y otra vez.
Asustado se enfrenta
Otra vez al recuerdo
De una diosa atacando
En cada parte de su cuerpo.
A su paso se lanza
Una abrumadora venganza.
No hay velorios solitarios
Para los que son buena gente
Más, hasta los seres más malvados
Aún ellos tienen quien los llore.
Este hombre se ha perdido
Desesperado grita y corre.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Demagogia Pluvial

Fruto de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires y el revuelo provocado por las reacciones de los dirigentes políticos, se ha reeditado la demagogia de los despolitizados que suelen demostrar sus derivaciones filantrópicas justamente en las circunstancias en las que se excluyen prácticamente por completo su compromiso y responsabilidad social, y es cuando una estructura, un procedimiento o un proyecto han fallado en alguna de sus fases, ya sea de contención o para obtener resultados determinados. Así, podemos encontrarlos con repentinos ataques de amor al prójimo dado que el compromiso con la causa no tiene bemoles condenables, salvo su oportunismo.


Así también, los usuarios de las redes sociales aportaron su cuota de oportunismo político. Los conocen, los han leído, son esos desamorados de la política que han creído que la indignación es una buena consejera de procederes, al punto de que se les ocurrió que una cadena nacional de la Presidenta daría sosiego y rápida respuesta a los damnificados.

Las herramientas de la política han querido que aquellos militantes con pecheras azules de la agrupación política más bastardeada de la historia sean los que tomen la posta del accionar solidario de ese espacio político, por fuera de las instituciones, como voluntarios.


Los mismos que fueron el centro del debate por el uso de pecheras azules identificatorias durante las inundaciones de La Plata. Fueron acusados de intentar hacer pasar las donaciones como de la propia organización. Hoy ese argumento no se esgrime porque el interés es otro. No es la agrupación y su liderazgo los objetivos del ataque demagógico. El objetivo es el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, candidato a Presidente por el oficialismo. El objetivo es que no logre lo que todo el arco político supone, acertadamente, puede lograr: alcanzar los 40 puntos en la elección general a Presidente y que como un gol en el último minuto, se legitime por 4 años más un modelo de gestión que con sus abundantes y profundos bemoles y contradicciones ha sido el actor principal de una histórica remontada social.

La falta de experiencia política y la indignación sembrada con eficaces terapias de shock mediáticas han logrado el cometido principal: tornar borrosa la investidura institucional para personalizarla, darle una cara, un nombre y adjetivarla hasta condenarla. Sobre esta base informativa y deformativa fluyen las conclusiones de que se vive en una dictadura populista filo nazi. Así es posible empatizar con que alguien esté padeciendo estos procesos políticos. Normal sería así concluir que la solución inmediata, que remediaría gran parte de las inundaciones sea una cadena nacional, seguida de una ley y por alguna razón (que solo puede ser la impotencia) alguien habrá de terminar en la cárcel o humillado.

Este sector del drama y el oportunismo político ha demostrado no tener límites. La demagogia ha adoptado ante ellos una nueva forma: la hipocresía de una clase social dignificada que sostiene su superioridad en la capacidad de capitar impuestos para mantener a ese sector ascendente que hoy compone el tan enarbolado aumento del 50% en la clase media. Los integrantes de ese sector ascendido sln clase media porque la 'verdadera' clase media los mantiene a través del pago de impuestos. Hoy mutaron.

Y de mas esta, pero válido es nombrarlo, no hay mérito alguno en ello: los impuestos son compulsivos y obligatorios. Pagarlos no es un acto de altruismo sino un deber cívico. Con el cual tampoco están tan de acuerdo.

Así las cosas, no habrá medida que no sea condenada. Ya sea con argumentos de índole liberal o aquellos de orden conservador. Todo sirve.

Y es claro que el propósito de los despolitizados ha sido, es y será la confusión.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Apariciones

Aparecen los fantasmas
De hombres sin extremos,
Tibios hasta el hastío
Aún con el agua al cuello.

Empecinados en su alabanza
Elevada con luna llena.
Culminan con el amanecer
Mentiras de vieja usanza.

Laboriosos corazones
De cristales súper frágiles.
En hombros ya cansados
De agotados caminantes.

Lo que la realidad le duele
A aquellos de piel sensible,
Deseando ser eternos
Al menos por un momento.

Finalizan los deseos
Encerrados en claustros
Perdidos en la memoria
Y por fin, aplazados.

lunes, 3 de agosto de 2015

Conclusionismo y Conclusionistas profesionales

El conclusionismo es una profesión no rentada y no oficial a través de la cual las personas hacen valer su libertad axiológica para arribar a una síntesis basándose en premisas formuladas deficientemente. 

La primer adolescencia es la generalización constante de un cúmulo de accidentes propios de la premisa que, antes de ser generalizados por el Conclusionista, debieran ser primeramente estudiados con detenimiento. El ejemplo más claro para ilustrarlo es el de la corrupción política la que, por su trascendencia y su daño público, es el fenómeno más común a todos y del cual existen concepciones preestablecidas, la mayoría devenidas sustancialmente de generalizaciones. Para analizar una síntesis así debemos escrutar los componentes activos de sus premisas: la política y la corrupción. Por más que aparezcan como sinónimos en el lenguaje cotidiano, en su esencia práctica y en la filosófica están bien diferenciadas. En tanto la primera es una herramienta para transformar la realidad, ya sea con las herramientas del Estado o sin ellas, con un partido político detrás o sin él; la segunda es una imperfección moral que surge como la falta de adhesión práctica a una ética de lo que es correcto en base a los valores culturales de un tiempo histórico. El matrimonio de éstas dos acciones se establece en un sector de la psique humana en el cual los hechos de negociados despreciables suscitados en ámbitos políticos realizan el maridaje especial de un caldo de cultivo pronto a florecer: la generalización.

La identificación del Conclusionista está marcada principalmente por el empleo de frases que acuden necesariamente a lugares comunes de los análisis. Ponderar facultades disminuidas, inmoralidades en la escala de valores y proyecciones de futuros oscuros son las primeras paradas de éste tren de viajeros ligeros. Las enmiendas irán apareciendo a medida que se escrute con cautela la hermenéutica en la unión de las premisas. 

Abordar cualquier conclusión es una tarea ardua, sobre todo cuando está dominada de frases trilladas que son propias de pretendidos saberes culturales. Y he aquí que la primera diferencia habrá de ser cultural, es decir, habrán de ser aquellas que nos diferencien culturalmente con quien emite la conclusión. Aunque el término 'cultura' no está empleado aquí como una herencia de nacimiento o una práctica social, sino aludiendo al cultivo personal en cuanto a las herramientas adquiridas y la información tenida en cuenta para ser analizada. De suyo, la información no es el principal objeto a notificar como impreciso. Quien es Conclusionista no se arroga información exclusiva salvo que sea un especialista, y aún así la interpretación de dichos datos estará permeado necesariamente de las herramientas con las que cuente a la hora de realizar su análisis. Por esa razón debieramos detenernos primero en las herramientas entendidas como conceptos de actividades y experiencias sobre las mismas. Así, sin labor política es muy difícil entender de lo que la misma trata y lo que ella implica. Sólo a través de un prejuicio es cómo podríamos entenderla sin practicarla y son justamente los prejuicios lo que estamos tratando de evitar.

Las generaciones traen consigo construcciones colectivas que hacen a su cultura. Hay generaciones más cautelosas con el dinero y también hay aquellas en las que no es primordial su obtención, que priorizan las experiencias antes que ciertas seguridades económicas. Hay generaciones cuya concepción del matrimonio es central en las proyecciones a futuro, como así también las hay aquellas que se desvisten de las formas legales y sociales para subsistir. Con una semejanza asombrosa a los dogmas religiosos, las concepciones colectivas de ciertas actividades no son sometidas al método científico ya sea por tradición o por terquedad, olvidando que la evolución de la inteligencia está marcada primeramente por la unión de lecturas realizadas sobre distintos sucesos o ideas que aparentemente no tienen conexión entre sí. Esa apariencia de relación, esa duda, es silenciada por el dogmatismo que actúa como puente lógico vicioso derivando a la actividad intelectiva a una ruleta de rojos y negros donde sólo puede dominar la suerte en la más aleatoria de sus versiones. La falta de crisis intelectuales colectivas es lo que realmente provoca las crisis morales y sociales. 

Ésta conclusión es muy útil como la autopsia de una idiosincrasia que ya decae de forma tremenda, pero cuya caída debe ser también dominada y dirigida, pues son éstas las oportunidades que esperan los absolutistas del intelecto para determinar que tienen razón por la fuerza, volcándose así a la tarea de hacerse de las herramientas políticas para retornar al dogma y a las concepciones viciadas de furia social.

El Conclusionista toma las herramientas que su tiempo histórico le proporcionó y las emplea en un único sentido: condenar o alabar las cosas y los sucesos. Así, quien se encuentra inmerso en ésta corriente tendrá rápidamente respuestas para lo que sucede y lo rodea. Sin creernos Descartes, y fundamentalmente sin creernos iluminados por ello, podemos dudar de conclusiones y síntesis a las que arriba alguien que sólo ha pretendido encontrar en el mundo lo que lo hace injusto e inmoral, principalmente cuando su primera tarea no ha sido analizar el mundo sino las consecuencias del mismo. Los Conclusionistas son fundamentalmente analizadores de consecuencias, rara vez se encontrará con uno de ellos analizando causas. La naturaleza misma de la causa, para ser entendida como tal, requiere de un análisis tanto más profundo que el que realizamos exteriormente al analizar la tarea política. Porque, por ejemplo, para analizar la corrupción hemos de adentrarnos en nosotros mismos para reconocernos primero como parte de ese fenómeno (tal vez en una medida con un impacto menos general, aunque no por ello menos válido) tratando de extrapolar nuestras experiencias y sentires ante el fenómeno de ser o haber sido alguna vez, corrompido. En éste análisis no hay rescate, no hay justificaciones ni confesiones que vuelvan el cuenta kilómetros a cero. Si se tiene fe cristiana, sólo esperen perdón de Dios. Es ahí, donde anida lo peor, donde da miedo pararse a mirar, donde asechan vergüenzas y errores: el lugar donde se alimenta ese impulso corrupto. Pero es necesario llegar hasta ahí para hacerse notar que es algo que le sucede a todos en algún momento y no partícipe de una única actividad, sea ésta social, ilegal o personal. No se puede separar así como así algo intrínseco y sustancial al ser humano para sacarlo de la órbita personal, endilgárselo a alguien o algo más y separarse de eso a lo que acusaron. ¿Qué buscan? ¿La pulcritud? ¿O permanecer pulcros como eran?... Nadie lo fue nunca, ni lo será, porque somos seres humanos y porque es parte nuestra. Mentirse así sólo desvía el camino.

Estamos entonces ante una inteligencia permeada del enojo propio de una etapa adolescente, en la cual sólo la victimización y los intentos de llamar de atención permanentemente son el princpial combustible semi racional para encarar un análisis de premisas y llegar así a una síntesis. No ha de negarse la presencia de un espíritu corrupto en todas las actividades del ser humano, pues no conozco ninguna actividad que no pudiera ser fácilmente encasillada y maridada con éste espíritu. El vicio de la inteligencia radica en la generalización que logra arribar a conclusiones ineluctables a las cuales sólo es posible acceder si se tiene el tiempo suficiente para querer arruinarse el humor diario; aunque es parecer mío que se hace para no quedar fuera de las concepciones sobre una sociedad que cada persona se enorgullece de portar y ser por ello (aparentemente) sometido a un ostracismo de irracionalidades. Encontrándose ante éste fenómeno y reconocerlo cuando sucede nos dará la pauta de cuan común es un vicio en la inteligencia y qué tan fácil es identificarlo, pues habrán de pensar primero como si fueran adolescentes con desórdenes anímicos y afectivos que intentan limpiar el vidrio sucio a golpes. No lograron comprender que no hay arreglo a la suciedad si no es limpiando. Es por ello que las herramientas adquiridas por la cultura del tiempo histórico en que se vive pueden ser negadas y mal empleadas para intentar sostener una ficción de inteligencia, a los fines de no encontrarse disminuídos en sus individualidades.

No será el soñador quien encarne éste papel Conclusionista, pues éste porta consigo la carga positiva que desconoce el Conclusionista, a quien sólo le interesa una síntesis que le permita dominar lo que le rodea, para dominar así también lo que pueda venir. Habiendo concluído ya de qué se trata, lo que suceda podrá ser previsto y resuelto durante la ducha matutina o en la sobremesa dominical. Comparten parientes con los adherentes a las verdades reveladas, pero se revelan ante ellos también, porque el clamor es no pertenecer a nada en absoluto en una pretendida explicación tácita de libertad personal. 

Aunque aún no hayan analizado a la libertad, la conclusión es considerarse impoluto e inexpugnable frente a la realidad. Aplaudiendo gestos burdos, encuentran en lo que les es común a otras personas una suerte de repulsión vomitiva. Ya lo hemos dicho: no pertenecen. Y aunque no afirman lo que son, se definen desde lo que no son, cual budistas del posmodernismo social, haciendo piruetas para evitar que se piense mal de ellos, ya sea al relacionarlos con actividades que condenan o encontrando a través de los respectivos análisis las falencias de inteligencia de las cuales están repletas sus conclusiones. Así, verá que quien se enfrenta e éstas situaciones, encontrará un enojo permanente del escrutinio sobre sus premisas.

Todo este andamiaje intelectual de proporciones catastróficas cuando es empleado de forma constante, está hoy en franco enfrentamiento. Hay frente a él varias concepciones, también fruto de la intelectualidad, pero que anidan en sentimientos colectivos y con mucha menos hipocresía adolescente. No existe, como han pretendido los defensores de las conclusiones arribadas por Conclusionistas, un sólo rival intelectual al aparato vicioso de inteligencia idiotizada y exteriorizante de problemas morales. Frente a los hipócritas del intelecto están aquellos que habrán de dominar su inteligencia con generosidad humana, de ellos depende la creatividad frente a la velocidad de las conclusiones del Conclusionista. No habrán en éste análisis futuros negros, inmoralidades animalizadas ni salvadores de la humanidad que no sean parte de las circunstancias que los rodean. Pues quien se adentra en éste terreno habrá de jugar al Rugby un día de lluvia: pasando la pelota a los que vienen detrás y embarrándose hasta los dientes. El Conclusionista estará en la tribuna, sosteniendo alguna verdad variopinta sobre el Golf, intentando hacer creer que algo es mejor que otra cosa por la falta de barro en la cancha, pero también creyendo que es jugador de Rugby... y que lo hace mejor que los que están dentro de la cancha.

Hay dualidades en un mundo que sólo es dual para poder entenderlo, pero no se puede reducirlo a ello para explicarlo.

viernes, 31 de julio de 2015

Furia Propietaria

Llamativas conversaciones he tenido últimamente. En realidad, de hecho, más que conversaciones han sido escuchas. Poco y nada intervine en las alocuciones que presenciaba y prácticamente no emití juicio alguno sobre lo que estaba escuchando. Al menos no abiertamente. Sólo tomé la decisión de no intervenir en éstas, aún cuando lo que esté escuchando repugne a mi consciencia o a mis convicciones. De esta forma, logré llevarme suficiente tarea para la casa, al punto de que todavía no logré procesarla del todo. Éstas líneas no son más que un esbozo primario de un pensamiento que, probablemente, no termine de desarrollarse por un tiempo más.

Las conversaciones rondaron en torno a un buen sujeto que se defendió de tres asaltantes utilizando una espada propia de la práctica de artes marciales, produciéndoles lesiones y tajos varios. Incendiada por la imagen de un Peugeot 206 con salpicaduras de sangre, la noticia explotó en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. Así, pude escuchar interpretaciones aleccionadoras de lo sucedido y también arengas para el aumento de penas para todos los delitos contra la propiedad, proponiendo el encarcelamiento directo de quien se apoderare ilegítimamente de una cosa total o parcialmente ajena. No comparto la visión de que el accionar del espadachín sea aleccionador para el resto de la comunidad de rateros y ladrones. No lo fueron los linchamientos que terminaron con un delincuente muerto a golpes luego de ser aprehendido por haberle arrebatado la cartera a una mujer mayor. Si hacemos caso a los pesimistas de la realidad, la intención de criminalidad no ha descendido aún cuando hechos de Justicia Propietaria como los descriptos sucedan; de hecho, quien se dedique habitualmente a delinquir los considera como un "riesgo" propio de la "profesión". Digo: salen con armas para torcer la voluntad del propietario la que, obviamente, es no desprenderse de sus cosas.



La aplicación inmediata de una Justicia Propietaria, entendida como aquella ejercida directamente por quien es desposeído de su propiedad sin justa causa de forma violenta o no, habilitaría canales no institucionales de resolución de conflictos. Hablando teóricamente, el Estado debería intervenir únicamente cuando el ejercicio de la potestad justiciera haya finalizado satisfactoriamente, sea cual sea el resultado. Tomar lo que quede y hacer con ello lo que marca la ley: si aún vive, deberá cumplir la pena de cárcel correspondiente; si murió, habrá que comunicárselo a la familia para que lo entierren.

No existe certeza que de ésta manera se vaya a acabar con el delito, así como se ha comprobado que haciéndolo de la forma en que se venía haciendo tampoco se produce disminución alguna. Dado que el análisis que pretende justificar éstos procederes redunda únicamente en cuestiones volitivas maléficas de malhechores, y se apela a un darwinismo-naturalista-freudiano que, transplantando egoísmos, logra una empatía viciosa con una persona para otorgarle características propias de un ser despreciable, habilitan filosóficamente la imposición de un castigo para-legal que enmiende los daños sufridos.

Siendo el daño de índole particular, uno de los vectores de justificación anida en una pretensión de saneamiento social. Abrazando éstos procederes, casi que estaríamos realizando políticas de salud pública al erradicar comportamientos y costumbres que pueden llevar a la muerte, como lo es un asalto a mano armada, haciendo de ésta una sociedad más justa. Pero las ramificaciones continúan: asume quien ejerce la violencia de ésta manera ante éstos hechos un rol docente al añadir la pretensión de enseñar a golpes de puño, patadas, gritos e insultos lo que es tolerable y lo que no. El delito no lo es y así se enseña y se ejemplifica. De suyo, la sociedad que hace propios estos modos nos estaría dejando ante una sociedad docente dispuesta a enseñar "lo que se debe hacer".

En un racconto rápido, estos procederes asumen roles propios del Estado (con distinta justificación): políticas de saneamiento, docencia de comportamiento, prevención urbana primaria y castigo ante el ilícito. Es tentador concluír que es una postura muy completa en sus metas, pues aún formulando precariamente sus argumentaciones abarca una muy amplia gama de conflictos sociales. Una sola solución para todo. 

Sin necesidad de inmiscuirse en cuestiones históricas, es decir, sin traer al debate lo que la historia ha reflejado en sus compilaciones acerca de la violencia ejercida de ésta manera, la aplicación inmediata de determinaciones violentas resultaría no sólo ejemplificadora sino también formadora. Formaría una consciencia de consecuencias terribles frente a la comisión de un ilícito y el ser aprehendido. Podríamos pensar que quien delinque, a la vista de la determinación, va a empezar a tomar mayores precauciones a la hora de realizar sus fechorías a la sazón de pretender por todos los medios de no ser atrapado. Dado que de caer en manos de la justicia planteada de seguro le espera la cárcel o la muerte a manos de justicieros propietarios y/o solidarizados. Así, estamos en un brete más que interesante: quien pretende apoderarse de algo debe asegurarse antes que nada de que su escape sea exitoso, a toda costa, si no quiere ser objeto de la furia propietaria.

Éste proceder y éstas acciones estarían al alcance de cualquier avenida principal de cualquier ciudad que no por muy transitada signifique menor probabilidad de ilícitos. Estaría así a la vista de todos: familias que pasan su día en una heladería cercana, mujeres, niños, adolescentes y ancianos que serían testigos de la arrogada potestad aleccionadora de la Justicia Propietaria. Semejante cuadro de sangre, gritos, insultos, corridas y golpes han de ser la escuela social de quienes están allí como espectadores (y también de los que lo miren por televisión cuando alguien lo grabó con su celular), aún cuando muchos decidan sumarse a la violencia justiciera. Sin embargo, no sería una locura pensar que habría quienes no estén de acuerdo con sumarse a la golpiza y alejarse de allí; así como tampoco sería una locura creer que alguien se oponga con el argumento de la presencia de menores en el mismo lugar donde se desarrollan los hechos. Así, la Justicia Propietaria estaría aleccionando también a los espectadores, y por qué no, permitiendo que practiquen sus puñetazos, patadas e insultos a quienes son partidarios de dichas prácticas.

Lo neurálgico a entender en éste asunto es la reacción frente a un hecho de la vida cotidiana, pero también acorralar al intelecto justificante y hacerle conocer el hecho mismo y su ejecutor. No será fácil acabar en el mismo callejón: nadie pretende enfrentarse a aquél que toma lo que no es propio y tiene posesiones más que suficientes, medios de defensa calificados y amigos en el poder que pueden hacer girar la mirada del Estado hacia otro lado. Se enfrentan a aquél que una vez cometido el ilícito puede ser aplastado por el aparato punitivo sin privilegio alguno, pues no es central su existencia para el sostén de nadie, ni aún de su familia (aparentemente). Todavía esperarán algunos preocuparse e indignarse cuando quien ingresó a la cárcel por un ilícito contra la propiedad sale con una alternativa laboral. O peor aún, trabaja dentro de la cárcel y cobra una remuneración por ello.

Si es eso lo que pretendemos, es decir, un estado mental salvaje que reaccione violentamente ante lo que sucede con su propiedad, entonces empecemos ese camino.  Porque soñar todavía es gratis. Pero no supongamos que alguien habrá de oír las lamentaciones de los que legitimaron la violencia como método de control eficiente. 



Habemos quienes todavía esperamos que quienes sostuvieron como festiva la muerte de un ratero en la ciudad de Rosario, encarguen sus pensamientos a su moral justificante. Ante la humanidad misma no hará falta, no es su humanidad la que piensa.


jueves, 23 de julio de 2015

Análisis Objetivo


No soy objetivo ni pretendo serlo. Niego rotundamente mi participación en alguno de esos injertos de la inteligencia de opinión que se ha denominado, sin humanidad alguna, un "análisis objetivo". La expresión en sí misma es una muestra más de la hipocresía y las ficciones que han debido crear los hijos de puta, a la hora de emitir una opinión, para desligarse de las creaciones intelectivas de su cabeza. Tras el manto de lo que han debido inventar y llamar "análisis objetivos" se esconden miserias humanas, mezquindades sociales y desviaciones conceptuales que intentan ser justificadas al manifestar libremente que sólo a través de considerar a las personas y a las situaciones de manera deshumanizada se logra una mejor comprensión de la realidad. 

El adjetivo de 'objetivo' pareciera despojar al pensamiento emitido de todo prejuicio o dogma. Y aunque en la teoría así debiera de ser, el empleo retórico de la expresión no hace más que intentar desligar una falencia discursiva para lograr efectividad sin fundamentación. Una muestra palpable de la brutalidad que supone éste pensamiento se evidencia en la necesidad de construir un término y pretender pasarlo como si proviniera de Dios, pues su carácter sólo parece verdadero en la medida en que la procedencia de objetividad de la que habla estuviera logrando ser impoluta; pues la forma en que redactaron la expresión ha hecho pensar que algo tan humano como el lenguaje no es subjetivo. 

La actividad analítica es imperiosamente subjetiva.

Sabemos que no hacemos otra cosa que interpretar hechos. No sólo lo sabemos, es prácticamente una habilidad natural de los seres racionales. Pues aún no teniendo conocimiento o no habiendo tomado consciencia de ello subsistimos, decidimos, proyectamos y capitulamos frente a la realidad porque podemos hacer en nuestros cerebros lo que queramos sea nuestra intención sobre esos hechos. Podemos transformarlos en sensaciones agradables al considerarlos como hechos buenos. Y podemos hacer lo opuesto también, con la misma facilidad.

Habrá de desterrarse de la idiosincrasia intelectual todo aquello que deshumanice lo que nos rodea, poniendo en su lugar los análisis en términos subjetivos. Así, relacionando lo que sucede con los seres humanos antes que con las ciencias deontológicas hipócritas, es probable alcanzar un entendimiento más acabado y más perfecto ante lo que sucede. 

Analizar un ser humano como un costo, como un disvalor, como una inmoralidad existencial es propio de los cabrones que aprendieron de memoria conceptos propios de una ciencia asesina de los caracteres humanos.

Alejando los caracteres que les hacen personas, ésta gente amiga de las academias de justificaciones de hijaputeces, logra transformar una situación injusta o cruel en algo concordante con una definición académica, en una aparente coincidencia con la panacea. 

No existe intercambio de ideas cuando no hay ideas. Los moldes de recursos retóricos como éste desaprenden la humanidad misma, evitando profundidad alguna.

Océanos de conocimiento de 1cm de profundidad...


domingo, 19 de julio de 2015

Barrabravas como organización

Es común vincular a la actividad barrabrava con la ilegalidad. A pesar de ser un nombre dado a ellos antes que una denominación otorgada, refleja claramente lo que se ha dado en la mayoría de los casos que han salido a la luz.

Ser barrabrava implica tener negocios con la dirigencia del club: hacerse de entradas para la reventa, obteniendo así financiamiento; conseguir el favor de los dirigentes para que ciertas leyes no les sean aplicables, pudiendo sortear controles; algunos de ellos hasta son empleados del mismo club. Pero también es la fuerza de choque de la institución. Se enfrentan a hinchadas rivales o aprietan jugadores, árbitros, rivales o hinchas del propio club.

Sin embargo, no es la dinámica delictiva de la organización la que me lleva a escribir. Sino el fenómeno de organización. La estructura armada para poder financiarse, viajar, aunar voluntades en pos del objetivo común: seguir al equipo.
La demonización de éstos procesos de organización, empezando por el nombre que les es otorgado, logra que cualquier acción conjunta por parte de los hinchas de un club que no esté encuadrada dentro de las normas institucionales previstas sea considerada, a priori, como delictiva. Existe una relación intelectual directa, creada por la repetición de un estereotipo en los medios de comunicación, para vincular las actividades de hinchas de fútbol con hechos deplorables.

No es mi intención afirmar la santidad de estas agrupaciones, sino defender la actividad de agrupamiento para la resolución de conflictos y la obtención de metas comunes. Es importante en este punto, divorciar el proceso de agrupamiento colectivo en pos de una idea o una intención, de la deformación del mismo proceso hacia una actividad delictiva. Hacer un fuerte hincapié en dicho divorcio que desde la lingüística ya viene claramente marcado: barrabrava=delincuencia.

El cambio cultural del paso de la criminalización de estas agrupaciones a la aceptación del mismo deberá venir de afuera del ámbito futbolístico. Como puede verse, aún fuera de ese ámbito la criminalización, banalización y condena de la actividad comunitaria llega a las esferas políticas: los movimientos políticos suscitan los mismos condicionamientos y bemoles.

La repetición del estereotipo logra condenar el proceso de agrupación, dado que no existe sobre la barrabrava de ningún club historia buena que contar. Y es muy probable que eso sea intencionado. Y es en ese convencimiento de que existe una intención, no necesariamente maligna, de que éstos procesos permanezcan soslayados.

La verdadera condena recae sobre el agrupamiento, sobre la organización popular, sobre muchos marginados juntos, sobre la posibilidad de que amplíen los límites de su organización. Ese miedo está presente en los medios y en los procesos intelectuales de los espantados, que se repiten en todos los ámbitos en los cuales escapa de su control la posibilidad de conocer, ya sea por desidia propia o por ignorancia inducida.

miércoles, 15 de julio de 2015

Lo no domesticado.


Hay una infinidad de asuntos en los cuales no tenemos la más mínima incidencia, y que son trascendentales. Podemos administrar el tiempo, pero jamás dominarlo. Así mismo, con la vida.

Somos meros administradores de algo que tiende a perecer. Algo tan grande escapa a las manos de todos. Luego, cuando el fruto del miedo al 'qué pasará una vez que la vida acabe' nos lleve a crear o inventar algo más grande, con atributos trascendentales y las mismas mezquindades que el peor ser humano, no será de extrañar que los desvaríos coloquen los pensamientos cerca de la idea del Dios celoso y vengativo. Es una forma más de defenderse. De que alguien más sea también responsable. La culpa consciente y el tránsito solitario de ella deja profundas cicatrices; no suele ser una experiencia agradable, aún cuando su tránsito aleccione en muchos aspectos. 

La suma de toso los miedos resulta en fantasías. Y nada como otra fantasía para controlar a las matemáticas de los asustados.

Para defendernos de la vida debimos crear el tiempo. Para defendernos del tiempo debimos crear a Dios.

Y al fin, la existencia misma es el enemigo.

De allí el amor a los enemigos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Griegos contra todos

Una nueva forma de democracia asoma. Una que toma por costumbre enfrentarse a los centros de poder declarando de manera pública su soberanía democrática, sometiendo las acciones de gobierno al voto popular. Grecia es el último ejemplo, pero también lo fue la Venezuela Chavista con 18 referéndum ratificatorios de gestión. Los acompañan la legitimidad del kirchnerismo luego de 12 años de gestión, enarbolando una imagen positiva cercana al 50% y con una cantidad de electores que no es para nada despreciable si se hace el recuento a nivel nacional. También en ésta tendencia aparece el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo y hasta la Rusia de Putin.

Pues después de muchos años, en Europa, se dio una batalla campal entre un pueblo y los centros concentrados del poder y las finanzas. Un pequeño país deudor se enfrentó a los gigantes del Euro; le hizo conocer a su pueblo lo que les estaban ofreciendo y éstos lo rechazaron. Supieron decirle que no a ellos y ahora deberán medirse con las consecuencias, pero aún así, afirmaron su destino ellos mismos frente al mundo. Sin armas, sin revueltas, sin asesinatos, sin primavera. Con urnas y decisión.


A diferencia de lo que históricamente se ha vivido en las crónicas de las deudas externas soberanas, ya no es un grupo selecto quien negocia los términos de adecuación. Para ser más exactos, ya no es el grupo elegido para gestionar un país quien, a puertas cerradas, negocia la dignidad de un pueblo. Menuda elección: pasar del 37% de votos para llegar al poder y luego ratificarse en el 61% obtenido en el referéndum. Para mover las decisiones de éste pueblo primero van a tener que silenciarlo. Ya no es tan fácil.

Porque los tiempos de los gallos y medianoche, de tertulias exclusivas, de sectores amigables y de contubernios despreciables está empezando a perder cancha. Avanza una nueva forma. Ahora la democracia y sus urnas transmiten lo que quieren para cada pueblo. Y nunca hay suficiente agua para apagar tanto fuego.