martes, 21 de septiembre de 2010

Carta a mi soberbia

¡Oh, eidética soberbia!... Tan buena amiga y tan sabia enemiga. ¿Por qué será que tu dualidad hace de mí el ser que soy?. ¿Seremos acaso el uno para el otro?. ¿Sabremos acaso compensarnos de la forma en que debieramos?... ¿Deberemos compensarnos algún día?.

¡¿Serás acaso una herramienta, un defecto, una atribución, una virtud, un rótulo, un prejuicio, una idea?!... ¿O sencillamente mi condena?.

¿Formás parte mía o yo formo parte tuya?. ¿Es soberbio creer que sos sólo mía?. ¿Es triste aceptarte como sos o será aún más triste querer cambiarte?.

No lo sé...

Tampoco tengo la certeza de llegar a saberlo.

Seguramente tendremos tiempo de llegar a conocernos mejor...


Atte: tu más sincero y leal amigo, tu más férreo y mordaz enemigo, tu más tierno ser humano... el más inhumano de los seres... y el más humano de todos.

Wallycho

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Solidario?... ¡No!, ¿como se te ocurre?. ¡Yo soy inteligente!.

Alguna vez, leyendo un libro de Historia, supe entender la existencia de los sindicatos como esas agrupaciones de trabajadores que, en forma solidaria, luchan por el reconocimiento (en primera instancia) de sus derechos y/o por el sostenimiento de éstos ante alguna omisión dolosa por parte del empresariado (en segunda instancia). En otras palabras, vendrían a ser la organización política de los trabajadores de algún rubro en particular para preservar sus derechos.

Ya que estamos en el tema, éstos derechos, en nuestro país, supieron ser reconocidos a principios y mediados del Siglo XX. Luego las dictaduras supiero soslayarlos en beneficio de algunos socios que (aún hoy impunes) aprovecharon tales concesiones. Un ejemplo palpable es la modificación de la Ley de Contrato de Trabajo durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1883) que permitía despedir mujeres embarazadas, sin absolutamente ninguna indemnización ni preaviso dejándolas libradas a la buena de la sociedad y del Dios Cristiano.

No hace falta que ilustre que ésto es una injusticia aberrante de la cual aprovecharon los empresarios para perpetrar algo que demuestra su real naturaleza. Ante ésto, cualquier ciudadano, formando parte de un sindicato o no, se hubiera solidarizado. Ya imagino las barbaridades que hubieran dicho sobre los dueños de las empresas.

Pues bien. Retomemos la actualidad. Los sindicatos parecen ser pozos de perdición, en los cuales habitan los más grandes infiernos, mafias y triquiñuelas. Manejan las obras sociales; tienen hoteles en Mar del Plata, Pinamar y quieren hacer uno en Punta del Este; han bloqueado una empresa que tenía a sus trabajadores en negro; hacen paro porque no quieren trabajar; ¡y encima son unos negros de mierda!.

De acuerdo. Podríamos decir que deberían desaparecer los sindicatos, pues ellos son la fuente de todos los problemas que tiene la productividad de la Argentina. Hagamos entonces, éste ejercicio intelectual. Imaginemos por un segundo que desaparezcan los sindicatos. ¿Vamos a pedirle a quién que nos ayude?. ¿Al Ministro de Trabajo?. ¿Al empresariado?. A ellos vamos a ir a hacerles entender que necesitamos trabajar dignamente. Pero quedémonos tranquilos que, por suerte, en nuestro país, nunca hubo connivencia entre el gobierno y los empresarios para recortar derechos...

Hoy odiamos a los sindicatos. Hacen paros y no podemos llegar a trabajar. Más, no reparamos en el empresariado que produce éstas reacciones, puesto que ellos seguramente son blancos y han estudiado. Saben de lo que hablan. Gente como uno, por decirlo así. Asumiendo que todos conocen sobre la legislación laboral y hacen un examen profundo sobre las desigualdades o las injusticias. Si todos saben pensar tan bien ¿por qué sacan conclusiones tan dignas de imbéciles?.

Puedo afirmar que muchas veces han repetido cosas que han escuchado y otra veces se dejaron llevar por la ira y la impotencia. Ya no habrá solidaridad entre la ciudadanía. Habrá diferenciación. Ellos y nosotros. Entre nosotros nos diferenciamos, pero nos queremos por otros motivos. Tal vez nos queremos porque sabemos que no queremos que se reconozcan derechos o que los empresarios cumplan con la ley. O únicamente porque odiamos a los sindicatos: "Siempre que prendo la televisión hacen quilombos éstos tipos". ¡Exacto!. Porque la televisión es la realidad histórica por antonomasia. ¡Ellos sí dicen la verdad!. Ellos tampoco estuvieron en connivencia con ningún empresariado. Y muchos menos eran los dueños de las empresas y el empresariado mismo.

Siquiera dejaramos de ver televisión todo el día y empezaramos a mirar la televisión con otros ojos. Si tan solo levantaramos un libro por mes. Si tan solo callaramos lo suficiente y escucháramos demasiado...

Sin solidaridad, sin acompañamiento, con diferenciación injustificada, con ira, bronca y violencia arremetemos el día. ¡Monos imbéciles de un sistema que les enseñó a conformarse!.

Y después nos asombramos de las "barbaridades" que ocurren a diario... Ni siquiera nosotros respaldamos con acciones la corrección política. ¡Pero qué inteligentes nos hace sentir cuando lo repetimos!.

¿Hipócritas? No. Simplemente estúpidos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Bah...

No es el volver a empezar ni tampoco es la nostalgia de cómo lo hubieramos hecho en otro pretérito momento en cual seguramente nos vemos aún más aptos y capaces que ahora. Es más bien la desazón de que los esfuerzos no hayan logrado el resultado que esperamos. Sin duda tuvo resultados, más no eran los que queríamos. Eso lo convierte, o bien en un fracaso o bien en una anécdota.

Ahí veremos que hay millones de frases que nos alientan a seguir adelante y que las cosas no se terminan ahí... ¡paja mental!.

¡Ni la puta frase va a hacer que funcione!. Nos hace funcionar a nosotros, sin dudas. Y a veces, nomás...

Bah, si tan sólo pudiera ver mi vida cómo si fuera una película, sentado en las gradas, comiendo y abrazando a una hermosa mujer tendría muchas críticas que hacerme. Que me hacen todo el tiempo pero no escucho. Podría decir más: me siento orgulloso de esos defectos.

Es más que probable que no me guste el desenvolvimiento del actor y la película me parezca pésima porque no toma las decisiones como las tomaría yo sentado ahí en las gradas.

¡Al carajo! Lo único de lo que somos dueños y somos capaces de destruirlo si ya no nos pertenece más...

Era más fácil ni siquiera haber nacido... al menos para evitar la decepción de ser unos imbéciles que desprecian lo único que tienen, tanto cuando les pertenece como cuando ya no les pertenece más.