lunes, 31 de agosto de 2015

Ni con Tevez alcanzó

Tuvo que venir un futbolista de trascendencia internacional y acreedor de un profundo afecto popular a hablar de la miseria que veía. Algunos lo atacaron, otros lo acompañaron y muchos más lo reivindicaron. De suyo, Carlitos Tévez fue por un momento el profeta de la política, demostrando interés por reivindicaciones sociales a las que no puede ser ajeno a ningún sector de la política.

Sin embargo, y sin perjuicio de la figura del futbolista, el fenómeno desatado cuando algún actor social con cierta trascendencia en los medios de comunicación emite su opinión divide de inmediato las aguas públicas entre quienes adhieren y quienes no. Dichas adherencias, en la práctica dialéctica y retórica, devienen en juicios morales acerca de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto o lo condenable y lo no condenable.

Es importante que se entienda que Tévez cumplió un rol en la agenda política y que es fácilmente reemplazable. Éstas apariciones le otorgan a la oposición la ocasión que les hace falta para poner sobre la mesa los temas que les marca la agenda.

En su momento Pepe Mujica, Félix Diaz, Juan José Campanella, Alfredo Casero y hasta Jorge Bergoglio en su versión de Cardenal supo darles pie y letra para aparecer ante las cámaras a formar opinión. Éstos personajes públicos son el componente popular que adeudan a sí mismos como espacio político y a sus electores como alternativa de gobierno a la hegemonía oficialista. El hecho de que sean famosos, fugaces y opinables responde a la lógica de la oposición política nacional: la ausencia total y absoluta de convicciones políticas, reemplazadas por opiniones que versan más sobre lo que está bien o mal, haciéndose eco de una agenda que está diagramada a contramano de toda construcción real de poder.

En otras palabras, no logran cautivar ni conmover a su audiencia política. No pueden reunirlos bajo ninguna consigna clara debido a la generalidad con la que formulan cada afirmación sobre la realidad. Una vez escrutadas éstas, y sin demasiado esfuerzo, es posible dividirlas para luego diluirlas y ser descartadas, al fin, con tanta facilidad que así como llegaron desaparecen. De esta manera se pueden ver nacer frentes electorales, ideas, temáticas, polémicas y referentes políticos en Marzo y enfrentarse en Abril para romper la alianza en Junio. En un ciclo constante de indefinición en el que se entremezclan resquemores personales e intereses económicos frente a verdaderas tendencias y convicciones políticas.

Por ello, Tevez no es más que un accidente político de coyuntura y no una crítica política profunda, sin perjuicio de la profundidad de los valores que expresa. El oficialismo se debe una autocrítica, a la vez que la oposición puede criticar todo lo que quiera desde los lugares comunes que los aúnan, pero si algo ha quedado claro en éste racconto es que el oficialismo suele salir airoso de la mayoría de sus errores, en tanto que es frecuente a la oposición sucumbir en argumentaciones que se pierden en el tiempo por no tener en absoluto un contenido político, sino uno más bien moral y adivinador.

Han hecho de la política el arte de tener razón y de adivinar pronósticos oscuros antes que proyectarse en conjunto afianzando bases de acción política.

Sin capacidad de conmoción, de liderazgo, de propuestas y de síntesis, navegan hacia un 'wanna be' de potencialidades, en el que terminan por encontrarse solos para después darse cuenta que la marcha de la política era hacia el otro lado.

sábado, 29 de agosto de 2015

Lo imposible desespera

El brillo en los ojos responde
A quienes en ellos se reflejan.
Sublimando, lo invitan
A olvidar el sueño que lo aqueja.
Así el dolor de lo imposible,
Se concentra entre ceja y ceja.

Blandiendo experiencias bellas
Se entrega a una carrera.
Se desprende de males y dogmas
Enfrentando a la vida angurrienta.
Caminando despacio, se sienta.
Dubitando su suerte, lo tientan.

No es un sueño ni un treta.
Algo toma su paciencia,
Merodeando la mejilla
Lo arrebata la tristeza.
No hay temores ni consciencia
En su vida amarillenta.

Se despide cabizbajo
Va pensando ya su suerte.
Cuando tenga sus abrazos
De toda esa buena gente
Que ocultan a sus ojos
Esa vida que le miente.

domingo, 23 de agosto de 2015

¡Jimmy Hendrix es puto!

El título que lleva éste apartado deviene de la popular frase pronunciada en un sketch de Peter Capusotto y Sus Videos en la cual se muestra un video de instrucción de la Policía Federal Argentina en los años 60'. El personaje central es un comisario que a pura orden transmite la forma de proceder ante algunos sucesos. Un grupo de hippies fumando marihuana en un auto, una casa o un parque, o bien, escuchando Jimmy Hendrix. Al referirse a éste personaje lo sentencia de la manera que bien reza el título, pero añadiendo posteriormente que "toca la guitarra y es negro", para luego dar por terminado el asunto con un gesto claro de que con eso alcanza y se termina el tema.

Éste modo de expresarse que bien refleja Capusotto se ha transformado en el día de hoy, aunque se conserva en muchos aspectos. Las frases terminantes del policía, los gestos definitivos, los adjetivos que consabidamente son ubicados de manera peyorativa: hippie, negro y puto. Esos adjetivos sólo pueden ser considerados a priori como condenatorios cuando existe sobre ellos una carga condenatoria previa o con intenciones de ser considerados en tal carácter. Así, no es muy arriesgado concluir que ser hippie, negro o puto es peligroso, más aún cuando la policía está hablando de cómo combatirlos. Lo llamativo de Hendrix es que es las tres cosas a la vez.


Encarando ahora sí el análisis central, es probable que la primera pregunta lógica sobre las condiciones de Hendrix hoy en día sea: "¿y cual es el problema?". Pregunta fundamental pero soslayada por la discursiva del sistema mismo que los está explicando. En otras palabras, la forma de comunicar una idea o suceso es también el canal de juzgamiento del mismo; han traído a Pavlov al sistema cultural de expresión. Fuera de esos estereotipos condenables, el arte es relatado como una exaltación del alma humana, su divina expresión y su perfecta salvación; pero del arte hecho por putos debemos desconfiar. Y anida allí el dilemma de la corrupción moral que se supone lleva implícita la condición homosexual. Cualquier suceso comunicado de la misma manera tendría semejante impacto a éste y más si se sirven juntos dentro del mismo plato de prejuicios.

Entonces es aquí donde me parece que el impulso condenatorio tiene razón. Pues logra situarnos en la edad histórica. Jimmy Hendrix era hippie, negro, puto, rockero, tocaba la guitarra al revés y después la prendía fuego. Además de estrella de rock, logró transformarse en el concepto de liberación de todo lo que él significaba, logró agruparlos bajo un mismo techo, cobijándolos. Era condenable ser cualquiera de esas cosas, por separado o mezclados y a veces hasta ampliados. Culturalmente quedan representados en las personas que no trabajan y que por consiguiente tampoco producen nada a la sociedad sin notar que eran productos de esa misma mecánica social. Notarlo no hubiera sido difícil, pero existía sobre esa inquietud un manto negro de castigo moral inclusive ante el mero hecho de poseer más información que las autoridades.


Era un despertar muy fuerte. De repente el sentir era masivo y se podía compartir una infinidad de experiencias. Hay una idea muy presente del hombre y su misticismo, de la idea de la naturaleza como fuente de equilibrio y del repudio a un orden que permitía censurarlos. De paso consumieron todas las drogas inventadas hasta la época, sin excepción y sin orden. Y aunque los querían condenar, con frecuencia aparecía un reventado que tenía talento y era redituable para la industria. Pero ya era muy tarde. Ya habían empezado a ajustarse la ropa al cuerpo y cortarse el pelo (algunos) por lo que se habían insertado finalmente en la sociedad que los vio nacer. Hasta transformarla.

Así se sintetiza un peligro moral: iconizándolo en una sola idea para trasladarlo luego a un solo concepto y finalmente personalizarlo, creyendo que así humanizan su condena sobre las personas con inclinaciones de éste tipo. Se entiende ésto no como condenable sino como un proceso. Las fuerzas conservadoras cumplen ese rol: presionar las heridas producidas por sus errores para hacer surgir el pus que provocaron y así sanarlas. No ha de dividirse la opinión ni a su favor ni en su contra solo por convicciones. El paso siguiente es aprender a vehiculizar las pulsiones conservadoras de una sociedad. Si se quiere controlar el cambio debe entenderse primero su naturaleza y su función.

El objetivo jamás fue Jimmy Hendrix. Los que lo condenaron ni siquiera lo conocían. Condenaron lo que significaba y sus implicancias a futuro, porque ellos sí eran conscientes del proceso de cambio que se avecinaba. Su honestidad intelectual les decía que eran responsables de ello.

viernes, 21 de agosto de 2015

Aguaviva

Dolores que se reeditan
Y atacan el pecho.
Cabizbajo va el hombre
Dominado por su miedo.
Suspicaces sus pies
Al pisar el suelo.
Ese hombre oscurece
Cada cosa que toca,
Más su tristeza evoca
Un recuerdo imborrable.
Quiera la distancia salvarle
De esa angustia en su memoria.
Y camina dudando,
Un paso a la vez.
Es de precavidos el ver
A las presas su hábito de comer.
Es más sano de lo que parece,
Se repite una y otra vez.
Asustado se enfrenta
Otra vez al recuerdo
De una diosa atacando
En cada parte de su cuerpo.
A su paso se lanza
Una abrumadora venganza.
No hay velorios solitarios
Para los que son buena gente
Más, hasta los seres más malvados
Aún ellos tienen quien los llore.
Este hombre se ha perdido
Desesperado grita y corre.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Demagogia Pluvial

Fruto de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires y el revuelo provocado por las reacciones de los dirigentes políticos, se ha reeditado la demagogia de los despolitizados que suelen demostrar sus derivaciones filantrópicas justamente en las circunstancias en las que se excluyen prácticamente por completo su compromiso y responsabilidad social, y es cuando una estructura, un procedimiento o un proyecto han fallado en alguna de sus fases, ya sea de contención o para obtener resultados determinados. Así, podemos encontrarlos con repentinos ataques de amor al prójimo dado que el compromiso con la causa no tiene bemoles condenables, salvo su oportunismo.


Así también, los usuarios de las redes sociales aportaron su cuota de oportunismo político. Los conocen, los han leído, son esos desamorados de la política que han creído que la indignación es una buena consejera de procederes, al punto de que se les ocurrió que una cadena nacional de la Presidenta daría sosiego y rápida respuesta a los damnificados.

Las herramientas de la política han querido que aquellos militantes con pecheras azules de la agrupación política más bastardeada de la historia sean los que tomen la posta del accionar solidario de ese espacio político, por fuera de las instituciones, como voluntarios.


Los mismos que fueron el centro del debate por el uso de pecheras azules identificatorias durante las inundaciones de La Plata. Fueron acusados de intentar hacer pasar las donaciones como de la propia organización. Hoy ese argumento no se esgrime porque el interés es otro. No es la agrupación y su liderazgo los objetivos del ataque demagógico. El objetivo es el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, candidato a Presidente por el oficialismo. El objetivo es que no logre lo que todo el arco político supone, acertadamente, puede lograr: alcanzar los 40 puntos en la elección general a Presidente y que como un gol en el último minuto, se legitime por 4 años más un modelo de gestión que con sus abundantes y profundos bemoles y contradicciones ha sido el actor principal de una histórica remontada social.

La falta de experiencia política y la indignación sembrada con eficaces terapias de shock mediáticas han logrado el cometido principal: tornar borrosa la investidura institucional para personalizarla, darle una cara, un nombre y adjetivarla hasta condenarla. Sobre esta base informativa y deformativa fluyen las conclusiones de que se vive en una dictadura populista filo nazi. Así es posible empatizar con que alguien esté padeciendo estos procesos políticos. Normal sería así concluir que la solución inmediata, que remediaría gran parte de las inundaciones sea una cadena nacional, seguida de una ley y por alguna razón (que solo puede ser la impotencia) alguien habrá de terminar en la cárcel o humillado.

Este sector del drama y el oportunismo político ha demostrado no tener límites. La demagogia ha adoptado ante ellos una nueva forma: la hipocresía de una clase social dignificada que sostiene su superioridad en la capacidad de capitar impuestos para mantener a ese sector ascendente que hoy compone el tan enarbolado aumento del 50% en la clase media. Los integrantes de ese sector ascendido sln clase media porque la 'verdadera' clase media los mantiene a través del pago de impuestos. Hoy mutaron.

Y de mas esta, pero válido es nombrarlo, no hay mérito alguno en ello: los impuestos son compulsivos y obligatorios. Pagarlos no es un acto de altruismo sino un deber cívico. Con el cual tampoco están tan de acuerdo.

Así las cosas, no habrá medida que no sea condenada. Ya sea con argumentos de índole liberal o aquellos de orden conservador. Todo sirve.

Y es claro que el propósito de los despolitizados ha sido, es y será la confusión.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Apariciones

Aparecen los fantasmas
De hombres sin extremos,
Tibios hasta el hastío
Aún con el agua al cuello.

Empecinados en su alabanza
Elevada con luna llena.
Culminan con el amanecer
Mentiras de vieja usanza.

Laboriosos corazones
De cristales súper frágiles.
En hombros ya cansados
De agotados caminantes.

Lo que la realidad le duele
A aquellos de piel sensible,
Deseando ser eternos
Al menos por un momento.

Finalizan los deseos
Encerrados en claustros
Perdidos en la memoria
Y por fin, aplazados.

lunes, 3 de agosto de 2015

Conclusionismo y Conclusionistas profesionales

El conclusionismo es una profesión no rentada y no oficial a través de la cual las personas hacen valer su libertad axiológica para arribar a una síntesis basándose en premisas formuladas deficientemente. 

La primer adolescencia es la generalización constante de un cúmulo de accidentes propios de la premisa que, antes de ser generalizados por el Conclusionista, debieran ser primeramente estudiados con detenimiento. El ejemplo más claro para ilustrarlo es el de la corrupción política la que, por su trascendencia y su daño público, es el fenómeno más común a todos y del cual existen concepciones preestablecidas, la mayoría devenidas sustancialmente de generalizaciones. Para analizar una síntesis así debemos escrutar los componentes activos de sus premisas: la política y la corrupción. Por más que aparezcan como sinónimos en el lenguaje cotidiano, en su esencia práctica y en la filosófica están bien diferenciadas. En tanto la primera es una herramienta para transformar la realidad, ya sea con las herramientas del Estado o sin ellas, con un partido político detrás o sin él; la segunda es una imperfección moral que surge como la falta de adhesión práctica a una ética de lo que es correcto en base a los valores culturales de un tiempo histórico. El matrimonio de éstas dos acciones se establece en un sector de la psique humana en el cual los hechos de negociados despreciables suscitados en ámbitos políticos realizan el maridaje especial de un caldo de cultivo pronto a florecer: la generalización.

La identificación del Conclusionista está marcada principalmente por el empleo de frases que acuden necesariamente a lugares comunes de los análisis. Ponderar facultades disminuidas, inmoralidades en la escala de valores y proyecciones de futuros oscuros son las primeras paradas de éste tren de viajeros ligeros. Las enmiendas irán apareciendo a medida que se escrute con cautela la hermenéutica en la unión de las premisas. 

Abordar cualquier conclusión es una tarea ardua, sobre todo cuando está dominada de frases trilladas que son propias de pretendidos saberes culturales. Y he aquí que la primera diferencia habrá de ser cultural, es decir, habrán de ser aquellas que nos diferencien culturalmente con quien emite la conclusión. Aunque el término 'cultura' no está empleado aquí como una herencia de nacimiento o una práctica social, sino aludiendo al cultivo personal en cuanto a las herramientas adquiridas y la información tenida en cuenta para ser analizada. De suyo, la información no es el principal objeto a notificar como impreciso. Quien es Conclusionista no se arroga información exclusiva salvo que sea un especialista, y aún así la interpretación de dichos datos estará permeado necesariamente de las herramientas con las que cuente a la hora de realizar su análisis. Por esa razón debieramos detenernos primero en las herramientas entendidas como conceptos de actividades y experiencias sobre las mismas. Así, sin labor política es muy difícil entender de lo que la misma trata y lo que ella implica. Sólo a través de un prejuicio es cómo podríamos entenderla sin practicarla y son justamente los prejuicios lo que estamos tratando de evitar.

Las generaciones traen consigo construcciones colectivas que hacen a su cultura. Hay generaciones más cautelosas con el dinero y también hay aquellas en las que no es primordial su obtención, que priorizan las experiencias antes que ciertas seguridades económicas. Hay generaciones cuya concepción del matrimonio es central en las proyecciones a futuro, como así también las hay aquellas que se desvisten de las formas legales y sociales para subsistir. Con una semejanza asombrosa a los dogmas religiosos, las concepciones colectivas de ciertas actividades no son sometidas al método científico ya sea por tradición o por terquedad, olvidando que la evolución de la inteligencia está marcada primeramente por la unión de lecturas realizadas sobre distintos sucesos o ideas que aparentemente no tienen conexión entre sí. Esa apariencia de relación, esa duda, es silenciada por el dogmatismo que actúa como puente lógico vicioso derivando a la actividad intelectiva a una ruleta de rojos y negros donde sólo puede dominar la suerte en la más aleatoria de sus versiones. La falta de crisis intelectuales colectivas es lo que realmente provoca las crisis morales y sociales. 

Ésta conclusión es muy útil como la autopsia de una idiosincrasia que ya decae de forma tremenda, pero cuya caída debe ser también dominada y dirigida, pues son éstas las oportunidades que esperan los absolutistas del intelecto para determinar que tienen razón por la fuerza, volcándose así a la tarea de hacerse de las herramientas políticas para retornar al dogma y a las concepciones viciadas de furia social.

El Conclusionista toma las herramientas que su tiempo histórico le proporcionó y las emplea en un único sentido: condenar o alabar las cosas y los sucesos. Así, quien se encuentra inmerso en ésta corriente tendrá rápidamente respuestas para lo que sucede y lo rodea. Sin creernos Descartes, y fundamentalmente sin creernos iluminados por ello, podemos dudar de conclusiones y síntesis a las que arriba alguien que sólo ha pretendido encontrar en el mundo lo que lo hace injusto e inmoral, principalmente cuando su primera tarea no ha sido analizar el mundo sino las consecuencias del mismo. Los Conclusionistas son fundamentalmente analizadores de consecuencias, rara vez se encontrará con uno de ellos analizando causas. La naturaleza misma de la causa, para ser entendida como tal, requiere de un análisis tanto más profundo que el que realizamos exteriormente al analizar la tarea política. Porque, por ejemplo, para analizar la corrupción hemos de adentrarnos en nosotros mismos para reconocernos primero como parte de ese fenómeno (tal vez en una medida con un impacto menos general, aunque no por ello menos válido) tratando de extrapolar nuestras experiencias y sentires ante el fenómeno de ser o haber sido alguna vez, corrompido. En éste análisis no hay rescate, no hay justificaciones ni confesiones que vuelvan el cuenta kilómetros a cero. Si se tiene fe cristiana, sólo esperen perdón de Dios. Es ahí, donde anida lo peor, donde da miedo pararse a mirar, donde asechan vergüenzas y errores: el lugar donde se alimenta ese impulso corrupto. Pero es necesario llegar hasta ahí para hacerse notar que es algo que le sucede a todos en algún momento y no partícipe de una única actividad, sea ésta social, ilegal o personal. No se puede separar así como así algo intrínseco y sustancial al ser humano para sacarlo de la órbita personal, endilgárselo a alguien o algo más y separarse de eso a lo que acusaron. ¿Qué buscan? ¿La pulcritud? ¿O permanecer pulcros como eran?... Nadie lo fue nunca, ni lo será, porque somos seres humanos y porque es parte nuestra. Mentirse así sólo desvía el camino.

Estamos entonces ante una inteligencia permeada del enojo propio de una etapa adolescente, en la cual sólo la victimización y los intentos de llamar de atención permanentemente son el princpial combustible semi racional para encarar un análisis de premisas y llegar así a una síntesis. No ha de negarse la presencia de un espíritu corrupto en todas las actividades del ser humano, pues no conozco ninguna actividad que no pudiera ser fácilmente encasillada y maridada con éste espíritu. El vicio de la inteligencia radica en la generalización que logra arribar a conclusiones ineluctables a las cuales sólo es posible acceder si se tiene el tiempo suficiente para querer arruinarse el humor diario; aunque es parecer mío que se hace para no quedar fuera de las concepciones sobre una sociedad que cada persona se enorgullece de portar y ser por ello (aparentemente) sometido a un ostracismo de irracionalidades. Encontrándose ante éste fenómeno y reconocerlo cuando sucede nos dará la pauta de cuan común es un vicio en la inteligencia y qué tan fácil es identificarlo, pues habrán de pensar primero como si fueran adolescentes con desórdenes anímicos y afectivos que intentan limpiar el vidrio sucio a golpes. No lograron comprender que no hay arreglo a la suciedad si no es limpiando. Es por ello que las herramientas adquiridas por la cultura del tiempo histórico en que se vive pueden ser negadas y mal empleadas para intentar sostener una ficción de inteligencia, a los fines de no encontrarse disminuídos en sus individualidades.

No será el soñador quien encarne éste papel Conclusionista, pues éste porta consigo la carga positiva que desconoce el Conclusionista, a quien sólo le interesa una síntesis que le permita dominar lo que le rodea, para dominar así también lo que pueda venir. Habiendo concluído ya de qué se trata, lo que suceda podrá ser previsto y resuelto durante la ducha matutina o en la sobremesa dominical. Comparten parientes con los adherentes a las verdades reveladas, pero se revelan ante ellos también, porque el clamor es no pertenecer a nada en absoluto en una pretendida explicación tácita de libertad personal. 

Aunque aún no hayan analizado a la libertad, la conclusión es considerarse impoluto e inexpugnable frente a la realidad. Aplaudiendo gestos burdos, encuentran en lo que les es común a otras personas una suerte de repulsión vomitiva. Ya lo hemos dicho: no pertenecen. Y aunque no afirman lo que son, se definen desde lo que no son, cual budistas del posmodernismo social, haciendo piruetas para evitar que se piense mal de ellos, ya sea al relacionarlos con actividades que condenan o encontrando a través de los respectivos análisis las falencias de inteligencia de las cuales están repletas sus conclusiones. Así, verá que quien se enfrenta e éstas situaciones, encontrará un enojo permanente del escrutinio sobre sus premisas.

Todo este andamiaje intelectual de proporciones catastróficas cuando es empleado de forma constante, está hoy en franco enfrentamiento. Hay frente a él varias concepciones, también fruto de la intelectualidad, pero que anidan en sentimientos colectivos y con mucha menos hipocresía adolescente. No existe, como han pretendido los defensores de las conclusiones arribadas por Conclusionistas, un sólo rival intelectual al aparato vicioso de inteligencia idiotizada y exteriorizante de problemas morales. Frente a los hipócritas del intelecto están aquellos que habrán de dominar su inteligencia con generosidad humana, de ellos depende la creatividad frente a la velocidad de las conclusiones del Conclusionista. No habrán en éste análisis futuros negros, inmoralidades animalizadas ni salvadores de la humanidad que no sean parte de las circunstancias que los rodean. Pues quien se adentra en éste terreno habrá de jugar al Rugby un día de lluvia: pasando la pelota a los que vienen detrás y embarrándose hasta los dientes. El Conclusionista estará en la tribuna, sosteniendo alguna verdad variopinta sobre el Golf, intentando hacer creer que algo es mejor que otra cosa por la falta de barro en la cancha, pero también creyendo que es jugador de Rugby... y que lo hace mejor que los que están dentro de la cancha.

Hay dualidades en un mundo que sólo es dual para poder entenderlo, pero no se puede reducirlo a ello para explicarlo.