Tuvo que venir un futbolista de trascendencia internacional y acreedor de un profundo afecto popular a hablar de la miseria que veía. Algunos lo atacaron, otros lo acompañaron y muchos más lo reivindicaron. De suyo, Carlitos Tévez fue por un momento el profeta de la política, demostrando interés por reivindicaciones sociales a las que no puede ser ajeno a ningún sector de la política.
Sin embargo, y sin perjuicio de la figura del futbolista, el fenómeno desatado cuando algún actor social con cierta trascendencia en los medios de comunicación emite su opinión divide de inmediato las aguas públicas entre quienes adhieren y quienes no. Dichas adherencias, en la práctica dialéctica y retórica, devienen en juicios morales acerca de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto o lo condenable y lo no condenable.
Es importante que se entienda que Tévez cumplió un rol en la agenda política y que es fácilmente reemplazable. Éstas apariciones le otorgan a la oposición la ocasión que les hace falta para poner sobre la mesa los temas que les marca la agenda.
En su momento Pepe Mujica, Félix Diaz, Juan José Campanella, Alfredo Casero y hasta Jorge Bergoglio en su versión de Cardenal supo darles pie y letra para aparecer ante las cámaras a formar opinión. Éstos personajes públicos son el componente popular que adeudan a sí mismos como espacio político y a sus electores como alternativa de gobierno a la hegemonía oficialista. El hecho de que sean famosos, fugaces y opinables responde a la lógica de la oposición política nacional: la ausencia total y absoluta de convicciones políticas, reemplazadas por opiniones que versan más sobre lo que está bien o mal, haciéndose eco de una agenda que está diagramada a contramano de toda construcción real de poder.
En otras palabras, no logran cautivar ni conmover a su audiencia política. No pueden reunirlos bajo ninguna consigna clara debido a la generalidad con la que formulan cada afirmación sobre la realidad. Una vez escrutadas éstas, y sin demasiado esfuerzo, es posible dividirlas para luego diluirlas y ser descartadas, al fin, con tanta facilidad que así como llegaron desaparecen. De esta manera se pueden ver nacer frentes electorales, ideas, temáticas, polémicas y referentes políticos en Marzo y enfrentarse en Abril para romper la alianza en Junio. En un ciclo constante de indefinición en el que se entremezclan resquemores personales e intereses económicos frente a verdaderas tendencias y convicciones políticas.
Por ello, Tevez no es más que un accidente político de coyuntura y no una crítica política profunda, sin perjuicio de la profundidad de los valores que expresa. El oficialismo se debe una autocrítica, a la vez que la oposición puede criticar todo lo que quiera desde los lugares comunes que los aúnan, pero si algo ha quedado claro en éste racconto es que el oficialismo suele salir airoso de la mayoría de sus errores, en tanto que es frecuente a la oposición sucumbir en argumentaciones que se pierden en el tiempo por no tener en absoluto un contenido político, sino uno más bien moral y adivinador.
Han hecho de la política el arte de tener razón y de adivinar pronósticos oscuros antes que proyectarse en conjunto afianzando bases de acción política.
Sin capacidad de conmoción, de liderazgo, de propuestas y de síntesis, navegan hacia un 'wanna be' de potencialidades, en el que terminan por encontrarse solos para después darse cuenta que la marcha de la política era hacia el otro lado.

