miércoles, 30 de octubre de 2019

Laikeando

Es muy difícil encontrar los tiempos para escribir lo que uno quisiera escribir. Empiezo a dudar de los dotes y del talento, y me dedico a mirar y leer las imagenes y las expresiones en 270 caracteres. No llena a nadie eso, más que a un shot de tequila, y como tal expresión de anestesia líquida, lo que se lee en las redes sociales es un anestésico. 

Distinto caso se puede entender de lo que se desprende de las imágenes. Es posible ver y mirar miles de memes, es posible darle espacio a una de esas series de Netflix que empiezan con emoción y terminan en una pedorrada, pero más posible es pasarse la tarde laikeando boludos y boludas haciendo cosas en Instagram. 

Es deprimente.

Al punto de que son las líneas que se leen las que evidencian las costumbres que he tenido estos tiempos; fragmentos de giles y gilas, uno atrás del otro, en orden o sin orden, pelotudeando en las redes sociales. Usando los teléfonos para fotografiar comida, pijas y culos como si fueramos una sarta de idiotas esterilizados de realidad. Esa es la realidad. No hay otra.

En el espacio que queda entre lo que se pretende y lo que somos, formamos parte por igual de la sarta, no estamos exentos por más que dominemos algún arte, seamos eximios estudiantes o prolíficos músicos. Somos los simios del zoológico del sistema, adiestrados para hacer actividades con cosas.

Ya perdimos.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Los sémola (porque de lejos parecen pulenta)


Fruto de un desafortunado comentario (por no decir hijo de puta) nacen las líneas que siguen.

Todo comienza con una noticia y un muerto, perseguido por Gendarmería Nacional por cumplir con el tipo penal del artículo 194 del Código Penal de la Nación, cómplice de un grupo de manifestantes de uno de los tantos pueblos originarios. En el operativo llevado adelante por la fuerza de seguridad en cuestión, uno de los manifestantes desaparece. Su búsqueda se extendió a lo largo y ancho del país, con cientos de supuestos y conjeturas, cables cruzados de inteligencia y declaraciones de dirigentes políticos informando en pleno prime time televisivo las últimas cabronadas que se enteraban vía Telegram. El lamentable final del manifestante fue que su cuerpo sería encontrado sin vida a 150 metros del lugar de donde fuera visto por última vez, río arriba, luego de 40 días de búsqueda por todo el país. La zona ya había sido rastrillada 3 veces por los sabuesos policiales sin encontrar siquiera un mínimo indicio.

"Capaz le dediquen un feriado" fue el comentario que escuché y que no pude dejar pasar. Inspirado en la repulsión que generó en él la imagen que ofrecía la televisión del hermano del manifestante muerto, el comentarista no pudo soportar ver colgar de su cuello un dije con forma de pañuelo: el símbolo de lucha por el esclarecimiento de los crímenes cometidos por la dictadura más hija de puta que haya conocido este país. La raíz de las elucubraciones manifestadas con posterioridad al cruce abrevan en las cuevas procesistas de los cómplices civiles de la dictadura, por lo que ya eran esperadas por quien escribe.

La más llamativa y aquella por la cual fue más interpelado fue "justicia setentista, no es justicia". Respondido con que esa afirmación era cierta, que los milicos cagones que años después se rendirían en Malvinas ante los ingleses sin tirar un solo tiro, habían sostenido en el país y contra su propio pueblo una maquinaria de "justicia" que desconocía todo concepto de humanidad, procesos, garantías y derechos. Esa es, justamente, la justicia setentista: la ejecutada en esos años por órganos estatales y para estatales con la complicidad del poder político y judicial, basada en desapariciones y apropiación de recién nacidos, entre otras cabronadas propias de los cagones de ese tipo.

Y a esta altura del relato, un poco trillado en su temática y contenido, pero tan actual como para provocar el rechazo de un pedido de esclarecimiento con base en un collar colgado del hermano de un joven desaparecido durante un operativo de una fuerza de seguridad, el debate entra en el terreno personal. No por provocar el escrute de las condiciones personales de los que sostienen posiciones o posturas frente a tal o cual asunto, sino porque me es posible concluir que ya no es dable permitir en ningún ámbito la negación del estado de derecho como la solución a un problema. Poco importan los conceptos sobre el Estado y sus leyes cuando aquellos que han sido dotados de fuerza estatal para reprimir un delito, provistos de maquinaria represiva, uniformes, armas, cascos, palos, camionetas y bolsas, con la clara función del aseguramiento de los derechos colectivos no respondan ante un operativo que estuvo bajo su responsabilidad.

Enmascaran doctrinas propias de los cagazos que la derecha tiene sobre lo que los rodea, y lo hacen creyendo que traen información que nadie tiene. Como todos los comportamientos militares o policiales. Y no será culpa de ellos sostener lo que quieran sostener, sino que será nuestra si no intercedemos con las armas de la lógica, el pensamiento y la claridad conceptual antes que las que fácilmente usan los adeptos a las doctrinas antedichas.

Es un trabajo enorme, gigante. Pero tranquilizador a la luz de que si no han de permanecer impunes los delitos, tampoco lo habrán de hacer sus cuarteles intelectuales. Y como por arte de magia y sin dañar a nadie, terminar de zanjar las diferencias que nos definan como militantes políticos o bien como lectores de blogs redactados por hijos de puta.

Como en matrix: vos elegís.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Anestesia Popular


Vivimos inmersos en el sistema. Con condiciones que vienen dadas, como los precios en los mercados de competencia perfecta. Algunas son más grandes que las fuerzas dinámicas colectivas que se puedan articular y los acuerdos que se puedan lograr para combatirlas; con mayor arraigo colectivo que evidencia que sustente su probabilidad de certeza o siquiera su existencia. Ésto como punto de partida.

Al siguiente plano ingresamos en la dinámica sentimental de cada ser viviente y razonante (no se si existe esa palabra). El preludio de todo lo que se piensa es lo que se siente, sobre una cosa, una persona, una idea o una elección. Y en los extremos de la tan mentada dicotomía amor-odio hay una falacia que se inicia en la formulación, pues no es el odio el sentimiento de repulsión que se  contrapone al del amor. Ese lugar es en realidad del miedo, el único actor capaz de repeler con mayor fuerza que el odio.

El miedo en sus diversas facetas puede ser inducido y usado como parte del programa de inoculación de anestesia popular. Y así es usado, en efecto. La pulsión de repulsión inducida es una realidad igual a la necesidad de hidratación constante. No ponerla en tela de juicio equivale a ser parte del juego de las necesidades del sistema, es decir, equivale a seguir enchufado a la matrix de un sistema que requiere de la energía humana para funcionar y de la complicidad de sus relaciones intelectuales para negarlo. Inducido el sentimiento brota sólo el pensamiento.

Tan así que es el desequilibrio emocional el principal factor de preocupación y humor social entre los adolescentes de la década pasada. La imposibilidad de lograr un equilibrio emocional es consecuencia directa de la inducción de sentimientos para lograr pensamientos. Ante el vacío de la generación propia de éstos advienen impulsos suicidas y adicciones farmacológicas, tanto legales o ilegales. Históricamente, éste efecto era logrado por el dogma religioso que se disfraza de pregunta pero son en realidad respuestas inducidas. Así lo haría Santo Tomás con sus 5 vías racionales para probar la existencia de Dios, en las que la pregunta está formulada de manera tal que la respuesta es inevitable. Una treta propia de los dogmatismos.

No conozco la cura. No conozco a fondo su raíz. He padecido sus consecuencias y es parte de una pulsión inexplicable contarlo de ésta forma. Puedo reastrear indicios en los premios de las redes sociales a las interacciones: la falsa fama, el falso cariño y los falsos contactos están entrando en reemplazo de lo que nos fuera inducido en su momento. Así, el arte se presenta como lo único capaz de liberar el espíritu. Que quien haga música, componga canciones. Quien sepa dibujar, pinte cuadros. Pero si alguien lee estas líneas y no cree en ello, escriba en contra usando palabras e ideas que no sean prestadas por el sistema. Y sin miedo.