miércoles, 30 de octubre de 2019

Laikeando

Es muy difícil encontrar los tiempos para escribir lo que uno quisiera escribir. Empiezo a dudar de los dotes y del talento, y me dedico a mirar y leer las imagenes y las expresiones en 270 caracteres. No llena a nadie eso, más que a un shot de tequila, y como tal expresión de anestesia líquida, lo que se lee en las redes sociales es un anestésico. 

Distinto caso se puede entender de lo que se desprende de las imágenes. Es posible ver y mirar miles de memes, es posible darle espacio a una de esas series de Netflix que empiezan con emoción y terminan en una pedorrada, pero más posible es pasarse la tarde laikeando boludos y boludas haciendo cosas en Instagram. 

Es deprimente.

Al punto de que son las líneas que se leen las que evidencian las costumbres que he tenido estos tiempos; fragmentos de giles y gilas, uno atrás del otro, en orden o sin orden, pelotudeando en las redes sociales. Usando los teléfonos para fotografiar comida, pijas y culos como si fueramos una sarta de idiotas esterilizados de realidad. Esa es la realidad. No hay otra.

En el espacio que queda entre lo que se pretende y lo que somos, formamos parte por igual de la sarta, no estamos exentos por más que dominemos algún arte, seamos eximios estudiantes o prolíficos músicos. Somos los simios del zoológico del sistema, adiestrados para hacer actividades con cosas.

Ya perdimos.