Claros fenómenos de preferencias temáticas atentan contra la integridad moral de un discursista. La elaboración de un discurso político o social inspirado en la ética social y el bien común adolece de las limitaciones propias de lo existente. Así, puede uno encontrarse defendiendo a las víctimas de un atentado situándose de su lado, para luego quedar pegado a una contraofensiva sangrienta y no lograr reaccionar a tiempo para correrse del medio.
La limitación más evidente es la de la imperfección de las soluciones inmediatas o mediatas, a la vez que se suscita una aparente panacea de perfección moral y social en aquellas soluciones de carácter remoto, que nos proyectan a dos o tres generaciones hacia adelante, a un estado de perfección no comprobable de manera real, sino más bien imaginario. Pero eso sería transformar la realidad acuciante en una casetera, para detenerla hasta que se planifique algo de manera sostenida.
Generar políticas de Estado dista mucho de lo que cualquier bien intencionado quiere hacer parecer. Las intenciones y los ideales son más o menos similares y la verdadera diferenciación está en los métodos y las formas que se eligen para canalizar dichas intenciones. Es humanamente imposible abarcar la totalidad de lo que nos rodea, así se explica la imperfección de las formas y los hechos. La ausencia de ésta visión es la que lleva a las totalizaciones de la realidad que más que hacer un análisis proponen soluciones mágicas. Y no hay magia posible de seres cuyo único resquicio mágico es la superstición y el dogma.
La imposibilidad de “quedar bien con todo el mundo” es la verdadera barrera moral de la política. Dejando de lado flagelos que pretenden ser universalizados para desestructurar lo bueno de lo emprendido, asistimos a una permanente difamación de los hechos concretos en base a hechos de otra índole. Por eso se puede mezclar una AUH con el carácter privado o público de YPF y desde allí dar las soluciones para la televisación del fútbol.
Y una vez más, debemos dividir para reinar, tomando un tema a la vez para que una vez encontrada la solución y pasemos al siguiente, veamos que no era tan acorde a lo que pretendíamos. La realidad es un continuo devenir. Y la nuestra no es la mejor de todas, pero tampoco la peor del universo en su extensión.
Hay que seguir intentando. Aún en el error.
