domingo, 15 de noviembre de 2020

Meandros

La identificación personal es un acto complejo al que abordamos desde los contrastes, las elecciones, los gustos, las virtudes y, muy pocas veces, desde los defectos. En este último caso, cuando se escucha con atención los discursos megalómanos que se suelen hilar para defenderse, los defectos se convierten en virtudes encubiertas. La sinceridad, la frontalidad o la verborragia, por dar algunos ejemplos, habitan la frontera de la palabra "depende". Depende de cómo se use.

Formamos parte de una norma social que glorifica la autoflagelación consciente como un acto de sinceramiento descarnado y que trae consigo la intención de lograr un cambio de visión en quienes nos interpretan, induciéndolos hacia la misericordia. Nadie quiere ser juzgado sin piedad. Agudizar las diferencias y contradicciones personales es también un método de mejoramiento válido pero no todos los deméritos pueden ser objeto de la misma metodología.

Identificarse a través de los gustos, de las ideologías, las doctrinas, los hábitos y las elecciones gastronómicas o sexuales es lo más difundido entre quienes se encaminaron a ser mejores en los tiempos de las redes sociales. También es el punto de ataque de quienes condenan las identidades desde esos mismos lugares y esas mismas elecciones. Mayormente se atacan los gustos, las ideologías, las doctrinas y las elecciones sexuales antes que el resto de las elecciones. Y se realiza desde una aparente defensa de algo que se transforma en una idealización.

Abordar una identificación desde los hábitos de consumo me parece, como mínimo, peligroso; un síntoma de la alienación sistémica de la que somos objeto. Es evidente que allí existe un triunfo de los vendedores de ilusiones. En "El Club de la Pelea" la película dirigida por David Fincher, basada en el libro de Chuck Palahniuk, el personaje de Brad Pitt lo dice mirando a la cámara en un cuadro picado y perturbador: "No eres tu trabajo, no eres tu cuenta bancaria, no eres el coche que tienes, no eres el contenido de tu billetera, no eres tus malditos pantalones... ¡Eres la mierda cantante y danzante del mundo!". Quienes pudieron ver la crítica intrínseca que esta película significa bien podría entender toda este escrito pero no habrá de perder de vista jamás que tampoco estamos exentos de volvernos locos. Si no la vieron, dejen de leer acá y vayan a verla. 

En muchas ocasiones nos traen a su Dios para argumentar condenando la intimidad de los demás. Pareciera ser que eso de que está en todas partes es una virtud con carácter transitivo a los fieles y los habilita a meterse en la intimidad de los demás para juzgarlos. Y no importa que este proceder haya sido expresamente desalentado por los textos del profeta del Cristianismo, aquellos que no tienen como centro de su existencia la consideración divina son también condenados al mismo lugar. Es así como, antes de morir, comunistas, ateos y homosexuales, por ejemplo, son relegados a las torturas infernales que ese empleado de Dios que es Satanás tiene listas para ellos. Curiosa división del trabajo pues pocas son las veces que vi a alguien que conspire contra el plan de su enemigo tratando tan mal a quienes por definición deberían ser aliados suyos.

El verdadero elemento de tortura satánica no es ni más ni menos que el juicio moral sobre los otros. Esa, y no otra, es la verdadera condena. No somos capaces de acceder a otros niveles de consciencia que los que vivenciamos o comprendemos y, si en vida, una persona ya está condenada a pasar su muerte como el reverendo ojete, mejor entonces que siga viviendo como venía sin preocuparse demasiado. Conforme más adentro de la potestad judicial religiosa estemos más cabrones podemos ser.

Y si bien hay filosofías y prácticas que dicen otorgar el acceso a niveles de consciencia superiores, para mí, se torna contradictorio que al ser éstos niveles de carácter inefable (es decir que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras por tener cualidades excelsas o por ser muy sutil o difuso) pueda ser transmitido fácilmente por uno o una que acaba de leer algo que hace alusión a ello. El acceso a estos niveles, una vez más, forma parte de una intimidad que es condenada por la mayoría de las doctrinas e ideologías hegemónicas conocidas y que a su vez, también están vendiendo un nivel de consciencia y protección aparentemente superior. Como en la economía de mercado, están compitiendo por consumidores.

Los gustos personales, lícito es decirlo, no representan identidad alguna; por más que se hagan los esfuerzos intelectuales para explicar su predominancia por sobre el resto. Las percepciones y hechos que conmocionan y conmueven al receptor de determinado mensaje son de índole personalísima y cualquier obra de arte podría provocar similares sensaciones y sentimientos, penetrando las fibras más sensibles de quien observa o escucha. El golpe es aún más fuerte cuando la obra que nos interpela en cuestión proviene del lugar menos pensado.

La definición personal por aspectos externos es ridícula. Aún así, la identificación se produce mayormente en dicho ámbito y sería importante relegar la megalomanía para más adelante. No es posible definirse desde aspectos externos. Cualquier esfuerzo de identificarse por ello no constituye hipocresía cuando no se hace de ello la fruta del Edén.

La reflexión para observarse a sí mismo, ya sea para definirse o para destruirse y recomenzar, es una tarea atemporal, íntima y personalísima que no va a reconocer un momento ideal para ser realizado en vida. Cualquier momento cuenta. Para el que lee esto y para el que no, para el que está de acuerdo y para el que no... La cuestión siempre fue darse cuenta.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Argumentum ad verecundiam

Es común asistir a construcciones retóricas que se ensayan para ubicarse en ser anteriores a cualquier novedad, originarias de un lugar de la lógica que trasluciría el prístino origen que torna irrefutable su manifestación. Hablar en términos que remontan a lo ancestral, lo tradicional y lo originario es la base de su irrefutabilidad y por tanto, estaría dotado de una inevitable pertenencia a lo Real (si, con mayúsculas).

Cualquier camino de descubrimiento de las verdades colectivas está minado por accidentes y choques entre realidades indomables e inasibles que escapan a los sesudos mandatos morales que trae consigo la construcción retórica ancestral en cuestión. La pertenencia a las escuelas de pensamiento filosófico, político o religioso puede hacer creer que las líneas de pensamiento básico hacen a la realidad de toda la humanidad y que, por ello, no pueden estar alejadas de la realidad.

Es posible asistir a una interminable plétora de cultos religiosos que afirman poseer la última revelación sobre los acontecimientos actuales; sin embargo, son los cultos tradicionales quienes se embanderan doctrinariamente como los poseedores de la verdad. En términos contemporáneos, serían quienes tienen probada la vacuna contra el COVID-19 y pretenden que nos la inoculemos. El peligro de este pensamiento no entraña una afrenta contra el propio cuerpo o contra la libertad individual, sino que en cambio se presenta a sí mismo como el último refugio de la dignidad de una colectividad que, ya extraviada, no tiene refugio.

Quienes manifiestan no pertenecer a ningún tipo de culto doctrinario ni filosófico dicen ver que hay un cierto extravío cuando quienes no pueden dominar el más mínimo de sus impulsos nos traen en bandeja las formas y métodos que habrían de solucionar nuestros bemoles sociales. De suyo, una creencia religiosa se arraiga en la más profunda intimidad personal y no significa, por mas que se esfuercen, que esa intimidad deba ser parte de la intimidad ajena, también. Cada estrategia empleada por los colonizadores de vidas ajenas supone una posesión demoníaca que hace al colonizado hablar en lenguas que no conocía ni había estudiado y violentarse, a su tiempo, contra todo lo que pueda amenazar sus principios inmutables.

Entonces, ¿cómo es posible que las religiones del libro prediquen, al mismo tiempo, la unidad de la especie humana como respeto al creador y la necesidad de exterminio de los detractores de los postulados que las identifican? En los tiempos de la oscura Edad Media, la Iglesia Católica creó La Santa Inquisición con el objeto de velar que, en la sala de tortura, se respetaran parámetros mínimos de humanidad y para que, en caso de matar al torturado, tenga cerca un sacerdote para expiar sus pecados antes de morir. Posteriormente, la Santa Inquisición ampliaría su ámbito de acción y perseguiría a los detractores de la "santa doctrina" para que, de no arrepentirse de ir en contra de ella, tengan a bien prepararse para conocer lo más pronto posible a su creador.

La confusión de los límites interpersonales es en la actualidad el centro del debate, según puedo interpretar. La máxima que expresa "los derechos de uno terminan donde empiezan los del otro" jamás estuvo tan en debate como hoy. En un escenario en el cual es necesario articular colectivamente para poder salvarse mutuamente no son las doctrinas salvadoras quienes habrán de premiar a los seres humanos. En su lugar, se imponen una serie de acciones colectivas dotadas de cientificismo capaces de cooperar en una salvación. "La Salvación" en términos religiosos y científicos son hermanos gemelos de padres separados: ambos provienen del mismo vientre pero batallan entre sí para dominar la atención de los padres en este presente de divorcio.

Toda vez que expresarse en términos públicos sobre las acciones colectivas a seguir, la responsabilidad de las instituciones en determinado tema y la afectación de derechos ante una decisión proveniente del poder constituye de por sí un posicionamiento político más fuerte de lo que cualquier apolítico quisiera admitir a su auditorio. Pues, el hecho de que no te guste el fútbol y ver los partidos no configura una contradicción en absoluto; sí lo sería ser un detractor del deporte y enfrascarse en una batalla encarnizada sobre si jugar con doble 5 o con línea de 3 al fondo. Se nota la diferencia, ¿no?

En última instancia, perder el miedo al ridículo no implica no hacer el ridículo en absoluto, sino que es sólo perder el miedo. Cuestión no menor. Pero no habremos sido dotados de método científico ni de libre albedrío para mudar de revelación de verdad absoluta conforme aparezca un nuevo profeta; sino para mesurar lo que conocemos con la adecuación a la realidad, para volverla más perfecta, más solidaria y más certera. No debe tenerse miedo a una contradicción si lo que se quiere es ser una buena persona. De egoístas está hecho el modelo y sus mejores alumnos son mayormente amorales.

domingo, 1 de noviembre de 2020

DIE AUSFÜHRER

Los conocimientos ordenados de forma sistemática y comprobable que, trazando una línea de tiempo, hacen que su relato sea coincidente y lógico es lo que caracteriza al conjunto del conocimiento científico. La particularidad del método que sirve de vientre materno al conocimiento es que se basa en la posibilidad de comprobar los postulados teóricos. Parece redundante, pero si ante un hecho se esgrimen sendas hipótesis resulta imprescindible que éstas sean coincidentes con los hechos; en caso contrario, quedarán alojados en lo que Platón denominara el mundo de las ideas.

En el camino del conocimiento la imaginación cumple un rol central. Mediante la observación se puede acceder a los efectos de determinado fenómeno y con base en ello dar rienda suelta a la inventiva para determinar las causas del mismo. La naturaleza humana dotará a cada persona de ideas distintas y por lo tanto de la posibilidad creativa de procedimientos distintos para llegar al mismo lugar: las causas.

Todo lo inevitable que la realidad pudiera ser se vuelve una absoluta locura cuando sobre ella se montan ideas sin sustento de ningún tipo pero que suenan lógicas por su orden. Cada inventiva y situación de hecho tiene la posibilidad de imperfeccion y como tal ser objeto del señalamiento de los puntos flacos que adolece. 

Desde el abadono del paradigma de la autoridad como revelación de la verdad absoluta, todo lo que nos rodea ha tomado carácter relativo y es por ello que hasta el mejor de los hechos puede tener contraindicaciones en los prospectos. El camino del descubrimiento de la verdad se convierte así en la verdad relativa que es susceptible de cambiar y por lo tanto es tratar de cruzar un puente en el que aún cuando la madera que pisamos parezca firme será necesario una corroboración continua.

En la actualidad ultra hiper informada y conectada se torna sumamente difícil dilucidar las fuentes de información confiable de aquellas que sólo buscan provocar una reacción en quien la consume. El fenómeno conocido como sesgo de confirmación cumple la función (anti) lógica de navegar sobre el océano en busca de información pero, en su lugar, sólo favorecer aquella data que confirma las creencias previas.

El fenómeno de la Posverdad es por tanto su hermano gemelo en toda esta confusión y concluye determinando el comportamiento y las decisiones de gran parte de las personas que están apresadas bajo ellos.

No escribo estas líneas con la intención de decirle a quien lee lo que tiene que hacer ni tampoco con la intención de señalar y condenar a quienes forman parte de los grupos emotivizados de la posverdad. Participar de una acción grupal, por los motivos que fuere, es lícito y debería hacerse más a menudo. El contacto entre personas que piensan igual y aquellas que piensan diferente es posible desde siempre, y ello tiene más que ver con quiénes somos como personas antes que lo que creemos saber.

Suele pasar que alguien que se encuentra en las antípodas de nuestro pensamiento cuenta, sin embargo, con todo el afecto que podemos prodigar a un otro y las mismas imperfecciones que vemos en las personas que somos capaces de detestar están presentes en los primeros, pero optamos por ignorarlas. No hago un llamamiento al amor incondicional, sino más a que cada cual encuentre la forma de explicar lo mejor posible cuales son los lugares ideológicos, filosóficos y políticos en los cuales se encuentra contenido sin necesidad de que quien esté parado enfrente deba ser necesariamente una mala persona.

La mala información puede provocar irritabilidad. Eso lo podemos llegar a trasladar a la persona que la porta. Y no entender eso es lo mismo que matar al mensajero.

En el mundo hay pequeñas amenazas que, dramatizadas correctamente, son objeto de la condena inmediata. Así es como países que no superan los 50 millones de habitantes y que no representan la 1% del PBI mundial se han convertido en la amenaza que se cierne sobre el planeta cual espada de Damocles, condicionando las democracias de todo el mundo. Venezuela y Corea del Norte son, así, los agentes infernales de un mundo que está más cerca de la intolerancia que de la convivencia. Abundan los capitanes america de cabotaje que no vieron los despojos del sistema mendigar dignidad a su lado pero si vieron el peligro norcoreano amenazar los ideales. Menuda preocupación, amigo...

Si a nuestro alrededor se desmoronan las vidas de miles de niños y niñas, los mensajeros del Ministerio del Amor Orwelliano estarán prontos a señalar a los traidores. El error fue siempre creer que quien nos oprime es el Estado (que podemos legislar y usar) y no los agentes económicos, que de no ser por la ley estarían prontos a poner a hacer que su fortuna pueda valer la vida de los segmentos más desprotegidos de nuestra sociedad. Mientras más apelen a la libertad de empresa mayor será el ahínco de subyugación a lo colectivo. Para muestras, un botón:


Una vez más, no es este mensaje quien pretende decir hacia donde debemos orientar las conclusiones de nuestros pensamientos, sino que somos susceptibles de reorientar las premisas sobre las cuales los basamos. En ningún lugar de la psique humana debería ser posible pensar que un norcoreano o un venezolano puede más que la banca internacional o un portaaviones.

Si llueven bombas en algún lugar del mundo, desde la caída del muro de Berlín hasta acá, hay una única nación cooptada por intereses claros capaz de dar la orden para "traer la lluvia". Ésta última expresión era utilizada por los soldados norteamericanos para pedir apoyo aéreo y llenar de napalm las selvas vietnamitas... y aún así perdieron...

¿La culpa es del norteamericano promedio que se viste en Wal Mart y desayuna en McDonald's? Obvio que no. Decisiones semejantes se toman desde sillones poderosos que no venden en el sector de muebles de interior del afamado supermercado ni forman parte de las facilidades dispuestas para comer una hamburguesa a precio módico.

Negar éste análisis es un derecho humano. No hacer nada si se tiene plena consciencia de ello, una irresponsabilidad. Propiciar el exterminio de los semejantes, una hijaputez.

domingo, 25 de octubre de 2020

HOMO LIBERALIS

La libertad es el paradigma sobre el que gira todo el andamiaje de la calesita del sistema democrático. Cualquier acción u opinión que no contradiga la ley ni vulnere la integridad de las demás personas queda amparado por ella. El principio del derecho que consagra que todo lo que no está prohibido, está permitido constituye el conjunto de rulemanes de la calesita y como tal cualquier obstrucción a la libertad se torna evidente porque la consecuencia principal e inmediata de ello deviene en el mal funcionamiento del juego en cuestión.

En su faz objetiva los hechos son lo que son y cuando cualquier persona ejerce cualquier acto no debe dar explicaciones por ello si no lesiona ni a la ley ni a otra persona con su acción. Así, nadie da explicaciones de por qué está saliendo a correr, simplemente lo hace y nadie interviene. Al menos no hasta hace 6 meses. Las restricciones a la circulación que se dispararon por decreto en medio de la pandemia afectan principalmente a este derecho de libre circulación. En consecuencia, la vulneración de éste reduce la virtualidad de todos los demás.

Este paradigma de afectación colectiva pone bajo la lupa el accionar particular en su papel social. Pero no es el único. Lo normal es pensar que vivir en estado de libertad garantiza que ésta se extienda a todo quehacer personal. Constituye una ficción propia de la imaginación pensar de semejante manera. En un sistema en el que hay derechos que es menester comprarlos antes de ejercerlos se hace imperativo analizarse para descartar que no estamos siendo coaccionados en un plano imperceptible a simple vista.

En este sentido, el filósofo coreano Byung-Chul Han se ha vuelto el nuevo profeta de las artimañas que construyen las ficciones sobre las cuales es posible vehiculizar una acepción semejante. En su libro Psicopolítica se arma con conceptos filosóficos propios de quienes se dedicaron a estudiar y explicar el poder para trazar un nuevo diagrama de evaluación social y particular. El poder oculto, explica Foucault, es el más dañino de todos pues no es posible rastrear sus efectos si no es a través de un exhaustivo estudio y consecuente análisis. De esa forma, analiza el paradigma de la libertad del nuevo orden social y económico que se explica a través del "ser tu propio jefe" o "manejar tus propios horarios" se enmarca en un principio de autoexplotación personal, en la que no es ya el sistema a través de las imposiciones de producción el que explota al trabajador; en su lugar, cada individuo es presa de las expectativas y metas que autoimpone y se explota a sí mismo. Sostiene que todo producto del sistema en el que vivimos está orientado hacia allí. En éste sentido explica el concepto del Dataísmo como la forma emergente del sistema para poder direccionar el comportamiento, las acciones y los pensamientos de las grandes masas sociales conceptualizadas como individuos independientes y libres.

En el mundo hay aproximadamente 7.700 millones de teléfonos celulares conectados a la red de internet, contabilizando más dispositivos que personas. Lo más probable es que este escrito esté siendo leído desde uno de estos dispositivos. Las redes de internet funcionan con los ya conocidos algoritmos que, a través del almacenamiento de datos, sugiere al navegante productos de consumo que se deducen de su historial de navegación. Suena a locura, pero hay sencillos experimentos que demuestran que la inteligencia artificial que gobierna la red está atenta y vigilante a nuestras necesidades para proporcionarnos los productos, las metas y motivaciones que más se ajustan a nuestro estado emocional. Algunos fenómenos son realmente perturbadores como, por ejemplo, tomar el celular y, sin haberlo desbloqueado, hablarle al micrófono sobre alguna actividad o idea y observar luego las publicidades y publicaciones sugeridas por el algoritmo en las redes sociales y en los navegadores. Es realmente intimidante.

Byung-Chul Han sostiene que los servidores almacenan los datos personales de todos los usuarios a través de la creación de un perfil dentro de un ordenador posibilitando construir una imagen más perfecta de la persona pues, en su celular, contiene información sensible de la intimidad que refleja a su tiempo las necesidades, ansias, metas, valores y miedos. Utiliza para explicar esto el concepto del Panóptico del filósofo utilitarista Jeremy Bentham, quien diseñó a través de este pensamiento la forma de las cárceles de todo el mundo. Plantea que desde un punto central un único guardia puede custodiar a la totalidad de los reos, reduciendo los costos de control y vigilancia y suscitando en cada preso la sensación permanente de que está siendo observado. Esto reduciría las planificaciones de fuga y conspiraciones entre ellos y cumpliría de mejor forma los objetivos del sistema penal.

(Unidad Penal Nº2 de Sierra Chica, Olavarría, Provincia de Buenos Aires)

No se trata de una conspiración urdida por un grupúsclo de militantes de derecha radicalizados sosteniendo que la libertad es peligrosa porque vulnera la moralidad o la nacionalidad. Son abundantes los ejemplos de cómo opera la venta de información para estos fines y cómo se hicieron las campañas políticas de varios países, muniéndose de éstos perfiles y éstos algoritmos, con el objetivo de direccionar las voluntades y pensamientos de acuerdo a los intereses creados. El escándalo desatado por Cambridge Analytica en el marco de la venta de datos personales para direccionar campañas políticas es sólo lo que puede verse a simple vista.

Con este panorama, nuestra libertad es la mera aptitud de consumo que tampoco es libre pues está también direccionada por un algoritmo creado por una persona y que opera de manera independiente a través de la inteligencia artificial, reduciendo los costos de control y convirtiéndonos a todos en los reos del panóptico que es internet y el uso de dispositivos. La libertad no es tal pues no somos dueños de lo que sentimos y lo que somos, sino que estamos siendo direccionados conforme nuestras inquietudes van siendo expuestas en las plataformas de redes sociales. Ese voluntarismo de exposición personal es valiosa información de mercado.

No es agradable para nadie darse cuenta que están tratando de engañarlo. El algoritmo está programado para guiarnos cuando alguien lo usa en ese sentido. Cuando permanece pasivo recolectando información está operando para trazar una experiencia más agradable y más productiva de la World Wide Web. Es necesario pensar que éste es el nombre real de internet: en inglés y sin eufemismos. Red mundial. Y mientras nos movemos por la vida como insectos destinados a ocupar un sentido post de despedida en una red social o un obituario en los diarios, somos más que susceptibles de quedar atrapados por la red. 

Ya sea que nos autoexplotemos o nos hayamos convertido en meros consumidores todos compran el detergente de la publicidad, el medicamento que nos vende el actor famoso o la idea del político que tiene buenos modales. La falibilidad humana surge de la duda que nos provoca decidir. Quien se crea fuera de éste fenómeno que suelte su teléfono en éste momento y no se mienta más.

domingo, 18 de octubre de 2020

STORMBLAST

Consulté todos los profetas, todos los autoproclamados videntes de la humanidad, los horóscopos de todas las latitudes publicados en varios diarios. Ninguno, ni siquiera Nostradamus (tanto que le gusta a la prensa pedorra tirarnoslo por la cabeza de vez en cuando) pudo avisorar el advenimiento de semejante fenómeno mundial. Pero hay que ser justos, tampoco vieron venir a Francia campeón en Rusia 2018 ni los resultados de las series finales de la NBA en 2019, no esperaba menos de ellos para el 2020. La prueba cabal está en que presagiando amor, metas y esperanza se olvidaron del planeta como factor hostil para la humanidad.

Desde la física suelen traspolar la segunda ley de Newton para explicar lo que los orientales denominan Karma. Dicen: "a toda acción corresponde una reacción" tal vez pretendiendo encontrar el origen de toda desgracia cotidiana en una maldad culposa del pasado. Antojadizo como sólo él, éste método no sirve para explicar otra cosa que los fenómenos físicos y si me apuran alguna que otra consecuencia personal inmediata como chocar un auto por no pisar el freno. Nada más. No es necesario hacer tanta mística de todo. Existen, en la realidad, suficientes hechos que son capaces de proporcionarnos la información que necesitamos para dilucidar las causas. Caso contrario, nos habremos aislado de la realidad.

El aislamiento al que la pandemia conminó a gran parte de la humanidad podría desembocar en una patología psicológica conocida como Síndrome de la cabaña o Fiebre de la cabaña que se manifiesta por el desgaste al que lleva la falta de contacto con la naturaleza, el aislamiento social y las rutinas de encierro prolongado. La identificación de este cuadro revela que existen y han existido aspectos centrales de la vida de los seres humanos que fueron descartados como una realidad humana al no haber sido experimentados por el pleno de la sociedad. Por ejemplo los presos, los locos y los solitarios ya padecían de dicho síndrome y nadie aún les ha preguntado nada. No es que sea necesario, pero no sería en balde recabar esa información. Digo...

Mientras, una carrera científica contra reloj se desarrolla en todo el mundo y demuestra que la prioridad de muchos Estados está en encontrar una solución definitiva a toda esta historia a través de una vacuna que abra un portal en el tiempo para volver a la "anterior normalidad", retirando el molinete impuesto que recorta de hecho las libertades de millones de seres humanos. Se arguye que existe un interés económico de parte de los laboratorios y que, en ese sentido, han tensado los hilos para aumentar sus ganancias en caso de ser los primeros en encontrar, producir y vender la solución que están necesitando. Esa conspiración ya tiene un nombre, no es novedosa y se llama Capitalismo...

Aún habiendo hecho uso de la licencia poética, la realidad es trepidante y el tiempo no detiene su marcha. Las consecuencias económicas, sociales y políticas de este fenómeno se padecen en medidas similares en distintos puntos del mundo y repercuten en la intimidad de quienes están a la expectativa, cumpliendo los mandatos de infectólogos, médicos y consejos consultivos que han sostenido que no hay mejor recomendación que mantener la distancia entre unos y otros. Pocas veces puede verse una semejante coincidencia en los propósitos de parte de todos los países del mundo; de suyo, en el pasado ni siquiera han logrado ponerse tan de acuerdo para, por ejemplo, repudiar una guerra o contener una gran migración humana.

Es necesario hacer notar que una situación crítica es susceptible de provocar que se intensifiquen los valores y disvalores del sujeto que es apresado ella. En los primeros tiempos de aislamiento algunos se animaron a sostener que sería la plataforma ideal para relanzar lo mejor del ser humano, propiciando un ámbito agradable para la reflexión y el mejoramiento personal. Luego de más de 6 meses se volvió evidente que sólo se habrían de potenciar aquellos aspectos que ya existían, dando como resultado que quienes eran buenas personas podrían llegar a acentuar sus bondad, pero quienes eran una cagada agudizarían ese cuadro hasta el punto de la ridiculez. Esta segunda afirmación es la que más pruebas fehacientes tiene a su favor.

La excepción siempre confirma la regla y es probable que quien se encuentra ante estas líneas tenga en su haber uno o dos ejemplos de que lo expuesto en las últimas líneas del párrafo anterior no es acertado. Los períodos licenciosos dan siempre lugar a que aflore lo lúdico y creativo, de modo que quienes pudieran haberse distraído de forma más feliz probablemente hayan logrado, realmente, mejorar su persona y una percepción del mundo mucho mejor. 

En paralelo coexiste un grueso que sólo espera por lo mejor mientras reniega por verse imposibilitado de vivir una vida plena. De suyo, que aunque no fuera necesario culpar a nadie de un hecho acaecido con independencia de la voluntad humana, lo más probable es que haya que imputarle a alguien las consecuencias de una pandemia mundial. Ríos de tinta apuntarán a los responsables políticos y éstos a su vez orientarán sus cañones sobre sus enemigos geopolíticos. 

Lo único que le falta al 2020 es una guerra. Y no estamos lejos de conseguirla.

domingo, 4 de octubre de 2020

DEM MYSTERIIS

Las luchas intestinas entre la realidad y la voluntad de entenderla forman parte de la realidad cotidiana. Miles de herramientas nos son provistas a diario para abordar el estudio correspondiente pero, a la vez, somos bombardeados por estímulos audiovisuales que ejercitan los músculos aspiracionales de la moral, esos que se encargan de ubicar al ego por sobre los hombros posibilitando que ciertos humos se suban a la cabeza. En los hechos, y con una mirada poética, no somos mas que la bolsa llevada por el viento que tanto asombró a los protagonistas de Belleza Americana y que los llevaba a la hipnosis que sólo los sucesos inenarrables pueden despertar.

El cebo de que despierta los estímulos están dados, como dije, por elementos audiovisuales. Te ponen gente sonriendo mientras toma yogurt, contrae un préstamo hipotecario, contrata una prepaga o se toma un Uber. Esto no representa sólo un análisis: cualquier manual de marketing le explicaría al lector en el primer capítulo que lo que se está tratando de vender no es ya el producto en sí sino la experiencia de consumirlo. Una vivencia distinta y distintiva que nos eleva por sobre el resto. No se trata de soluciones a la vida sino de aditamentos necesarios para elevar algo. Por ello, los mandamientos de la religión católica identifican los músculos a los cuales cualquier vendedor apunta para meternos un producto o una experiencia. Los medios de comunicación funcionan así. ¿Cómo no funcionarían así también los intervalos entre los contenidos televisivos? ¡Esos que llaman publicidad!

Nos ceban para consumir. Pero no sólo se consume el producto pues estaría quedando fuera el estilo de vida que el producto en sí representa. Es menester, entonces, demostrar que se posee el estilo de vida en cuestión y hacer público el hábito de consumo o el derecho de propiedad sobre algo. Las redes sociales se transformaron así en el suplemento sociales de la vida cotidiana, en el cual todos exponen aspectos de su intimidad que jamás fueron preguntados ni requeridos por nadie. La estrategia sistémica es hacerte parte de una manía colectiva en la que todo el mundo abre la puerta de su habitación a una serie de desconocidos.

Cada expresión de aprobación en cualquier red social estimula al autor del post, tweet o publicación a continuar en el camino que se trazó. En psicología se lo conoce como estímulo positivo. Conforme más aprobación tengan más estarán dispuestos a revelar y poner bajo el ojo vigilante del fisgón de turno que dará like o fav sentado en la taza del inodoro, en el mejor de los casos. La ausencia de la aprobación generará el vacío de la no pertenencia y traerá consigo a los súcubos de la intrascendencia.

De ésto se puede desprender el consecuente vacío existencial que habita en las personas por estos días y que los psicólogos diagnostican muchas veces como depresión. Cientos de talentosos artistas, políticos, músicos, escritores y profesionales han sido presa de dicha enfermedad antes del advenimiento de las redes sociales, pero es posible rastrearlo en la inconformidad provocada por la aspiración sistémica que se ha hecho del personaje público. Quienes fueron capaces de dar buen y fiel testimonio del tránsito de la enfermedad han trascendido hacia las masas que recibieron y difundieron su arte. De forma más o menos compleja, más o menos acertada, hicieron que la musa correspondiente les insulfara el hálito de vida necesario para poner fuera de ellos lo que el vacío provocó. Poemas, canciones, diatribas, ensayos, pinturas y tantas expresiones más pueden relatarlo sin explicarlo tanto como intento hacerlo acá.

Es posible demostrar en consecuencia que se puede ser Kurt Cobain, Robin Williams, Chester Bennington o un pelandrún cualquiera y ser objeto del vacío al que se arrastra al Ser cuando no logra asociar felizmente lo que siente y entiende con lo que tiene enfrente. Y también que la solución que ellos encontraron ante el vacío fue no volver a sentir en absoluto.

Puede sonar a conspiración pero en realidad es descriptivo decir que el funcionamiento del sistema está alentado a inspirar lo peor de cada hombre y cada mujer al prometerle llenar ese vacío. Se trata de un fenómeno que crece a medida que el sistema presenta las soluciones a las urgencias banales de posesión de bienes o aprobación. En su libro "Sapiens. De animales a dioses" el autor Yuval Noah Harari traza el íter del Homo Sapiens y cómo, la distintas revoluciones colectivas, lo han llevado a saciar sus necesidades más básicas avanzando sobre lo que lo rodea sin medir las consecuencias. Desde su estado de cazador-recolector, pasando por la revolución agrícola que logró los asentamientos permanentes que dieron lugar a las grande urbes y desembocando en la actual revolución tecnológica que posibilita que un keniata sea amigo de un japonés y comparta en tiempo real lo que está haciendo.

La correspondencia entre lo interior y lo exterior es una necesidad no satisfecha del todo. La proliferación de doctrinas y filosofías orientales que definen al ser desde el no ser desarrollan una concepción que se desprende de toda definición personal que implique hacerlo a través de lo que se tiene, se pregona o se sostiene. Es decir que en realidad somos el vacío y no es menester llenarlo. Jorge Bucay escribió un cuento conocido como "La Ciudad de los Pozos" en el que, a mi parecer, explica de manera más acabada lo que considero una forma lícita y relativamente efectiva de lidiar con ciertas cosas. Se los dejo acá

Aunque traguemos toda la filosofía occidental desde Sócrates hasta Foucault, nada resulta totalmente satisfactorio para encontrar los modos de armonizar las ansias provocadas. Pero es algo. No se puede condenar todo intento a ocupar el casillero de los errores insalvables. Desde el oriente podrán llegar Confucio u Lao Tsé y tardaríamos un tiempo más en darnos cuenta que Gurdjieff es capaz de trasladarnos esa filosofía milenaria de la forma más occidentalizada posible.

Los hábitos de consumo parecieran perfilar la personalidad y el carácter cuando de hecho son las experiencias y nuestra reacción quienes lo hacen. Conocer esto no forma parte de revelación divina ni entraña el resultado de una angustiosa investigación filosófica sino que es ni mas ni menos que una verdad ya conocida, velada tras la apariencia de lo que ya era aparente. Por ello en sus tiempos los Egipcios rendían culto a la diosa Isis que, decían, vivía en la luna. Contaban que estaba escondida detrás de mil velos y que conforme se los descorría se podían ver nuevas fascetas de su fisonomía pero que sería imposible observarla en su totalidad. Menuda diferencia hay entonces entre la verdad velada y la revelada. 

No constituye una simple semántica.

domingo, 27 de septiembre de 2020

DE LO QUE PRETENDE

Los pueblos se han llenado de historias desde el principio de los tiempos. Cuentan lo que haga falta contar: explican el origen del universo, de las plantas, de los animales y de todos los fenómenos que no nos es posible explicar sin la ayuda de un relato que reúna lo que conocemos y lo ordene de forma lineal. Un poco de poesía, una moraleja, un héroe, un elemento, un ritual, un talismán y una época del año, todo ordenado para no turbar el sendero que se transita en la búsqueda.

Encontrar el origen de las cosas y los fenómenos ha sido siempre la motivación; y si no lo encontramos, lo inventamos. Esta última opción es la que da lugar a las historias que, sin verificación alguna más que su propia existencia, llenan los espacios que genera la intriga de lo desconocido. Ya sea por la imposibilidad de no poder elaborar un proceso de experimentación capaz de trazar el derrotero de lo que tenemos frente a nosotros o bien sea por la sencilla voluntad de tener una historia que contar y querer relacionarla con algo que ya conocemos, estos relatos son parte fundamental de la cultura de los pueblos.

Observar la cosmogonía romana habiendo conocido antes la griega puede dar una pista de que es posible vislumbrar en la historia el hecho de que todas las sociedades se explicaron las cosas más o menos de forma similar, con historias que matizaron conforme su manera de ver el mundo y lo que veían de cierto en la historia que se contaba en otra ciudad. Reelaboraron los relatos, renombraron a los dioses y héroes, hicieron coincidir las fechas y le dieron un significado propio. El ejemplo cabal de ese sincretismo es el Cristianismo.

Yendo de lo particular a lo general: el bautismo, el matrimonio, el hogar, la fertilidad, la muerte, la guerra, la unción de los monarcas, el comercio, la agricultura, las estaciones de siembra y cosecha, el día y la noche, la luna, el sol y el universo. Todo tiene su historia, su por qué, su origen. Leer lo que estas historias relatan hace posible darse un panorama bastante acertado de la idiosincracia de cada uno de esos pueblos y al mismo tiempo trae al presente una forma de pensar que en su momento reinó en las cabezas de seres que dejaron de existir hace ya mucho tiempo. Desde hace 2000 años reina una única forma de explicar las cosas y cada historia tiene más tiempo que ese.

Llamativo es, entonces, que todas estas historias sean de índole religiosa. Que se haga alusión a los dioses, que se los invoque y se le hagan ofrendas forma parte esencial de la práctica. Es el "volver a unir" lo finito con lo infinito, lo mundano con lo trascendente, lo poderoso con lo que puede desaparecer con facilidad, lo que nos pertenece con lo que no, lo que nos falta con lo que deseamos... En fin, delimitar un tiempo y un espacio para marcar la diferencia entre el pasado y el presente, invocando la ayuda de los dioses que gobiernan cada cambio para que haga uso de sus dotes de cuidado y haga suya nuestra causa en el dominio de lo inefable.

Todo cambio se instrumenta desde una pretensión que separa el ayer del mañana haciendo una fuerza sobre el presente. El devenir haría suya la aparición paulatina de las oportunidades para mejorar, bajo la custodia que otorgaría una ceremonia efectiva que atrajo la bendición del dios custodio del sendero a transitar. Estos aspectos del hombre son de una profundidad y una intimidad sólo asimilable a los secretos más escondidos. No por casualidad hoy llamamos a estas historias "mitos", palabra que viene del griego "mythos" que significa "lo que está oculto". De suyo, todo ésto se produce por debajo de la epidermis de lo evidente, de lo verbal, de lo que decimos y de lo que contamos.

Quienes pretendan transitar el menadroso sendero que la mitología de los pueblos tiene para ofrecer debe enfrentarse a un ardua tarea de memorización y contextualización de la historia antigua. Trabajo no menor si lo que tenemos enfrente son los tomos de Heródoto y los libros de Robert Graves. Pero en la era de las comunicaciones es posible encontrar los resúmenes de entusiastas Youtubers. De esa miel, no comen las hormigas.

Encontrar el significado de lo que sucede sigue siendo un misterio a descifrar. La intuición, el conocimiento, los consejos y las experiencias son capaces de dotar a los viandantes de símiles hilos de Ariadna para encontrar la salida de los laberintos. Algunos sostienen que de los laberintos se sale por arriba, pero no es común a los humanos la habilidad de volar. Físicamente, al menos. En la metáfora, como en todas las historias a las que hago alusión, todo es posible.