martes, 17 de agosto de 2010

Podrido...

Suelo ser algo incisivo con algunas particularidades que no resaltan con frecuencia y ésto no es porque me guste, sino más bien porque asaltan mi atención y suscitan un desvarío que alguna que otra vez llega a buen puerto; y otras, ni siquiera alcanzan a zarpar o las expreso a persona alguna. La frecuencia es caprichosa y lo es también la persistencia de tal asalto del hecho, esto es, lo que llama mi atención. Amenaza con quedarse, pero la amenaza es silenciosa y pocas veces puedo verla... En un análisis más profundo, creo que es mientras escribo ésto, que me doy cuenta que hay una amenaza latente. Eso o simple paranoia.

¿Qué hago cuando pasa algo así?. "Cambia mi accionar de acuerdo al problema". Algo que me resulta redundante, puesto que la frase suele ser frecuentada por aquellos que establecen para con todo el mundo una actitud políticamente correcta y siempre resultan ser seres poco políticos y la mayoría de las veces muy poco correctos.

Ustedes deben conocerlos, son aquellos que repiten siempre "todos tenemos nuestros puntos de vista", "hay que disfrutar la vida", "digo siempre lo que pienso", "podemos pensar diferente... seguro que sí", "soy librepensador (porque pienso lo que yo quiero)", "hay que hacerse responsable de las decisiones que tomamos". Y mi favorita, porque tira por el suelo mis expectativas para con quien la repite: "cuando me enojo... ¡mamita!... ¡agarrate!". En esa sola frase, tiraron por la borda toda cercanía con la correción política.

Pensar, en éste punto, sería poder disfrazar nuestra propia impotencia de la profundidad pensativa en una reacción alérgica a la imposibilidad de lograr algo por nuestro propios medios.

La pregunta que asaltará a quien lee ésto seguramente sea: ¿que tiene que ver que alguien se enoje con la corrección política?.

Se puede enojarse y quedarse dentro de lo que me gustó llamar "corrección política" propia. Definida en éste contexto como el conjunto de frases que se repiten porque suenan lindo y hablan de un ideal. ¡Y eso es lo lindo de ésto!. Que está el ideal manifestado. En palabras, claro está. Porque cuando se enojan es mejor correr a refugiarse a la primera capilla, confesarse y esperar el perdón ante dios. ¡Y él nos guarde, puesto que seguramente hasta son capaces de tomar venganza!.

Y toman la venganza comportándose como idiotas, perdiendo todo principio ético con tal de hacer que la otra persona se sienta mal. Al menos un poco. Si resultare el ridículo de la otra persona, mucho mejor. Luego, somos poderosos, podemos conseguir todo lo que nos propongamos contra cualquiera, porque logramos vengarnos de manera efectiva...

Hermoso, ¿no?.

Ya hablando desde mi experiencia, todos aquellos vengativos, aún no logran la meta que se propusieron hace 5 años. Podríamos decir que están ocupados vengandonos, pero seguramente pecaríamos de vengadores.

No quiero ser soberbio, pero hay comportamientos que dicen mucho más de lo que las personas mismas dicen de sí mismas. Y he llegado a la conclusión que no es el dinero el único interés espurio. A ésta altura, tal vez el dinero sería un interés altruista al cotejarlo con el interés que los impulsa a actuar en las situaciones en que pierden todo cordel con la corrección política y los marca automáticamente en autómatas (si se me permite la redundancia). Seres de reacción, nunca de acción. Reacciones inútiles, despotricadas y justificadas en la acción injusta del otro y nuestra propia incapacidad para dominar la estupidez.

Y llegamos una vez más a lo mismo. A repetir frases bonitas: "la teoría no se traduce en la práctica".

Y pareciera ser el final.

Pero no, ésto promete repetirse por siempre. Es un ciclo. Y los ciclos parecen ser eternos.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El Interesante

A veces retomo la senda de hacerme las preguntas necesarias para sentirme importante e interesante. Trato de hacerlo con mayor continuidad, puesto que la actualización hace a las cosas aún más interesantes. Pues, me he preguntado y preguntado. No he llegado a ningún lado.

¿Será que sólo me interesa ser intersante?. ¿Lo soy acaso?. No me gusta perder el tiempo en juzgarme con mucha profunidad cuando estoy escribiendo, pero resulta que el juzgamiento se hace manifiesto cuando releo lo escrito. No siempre es así, sin embargo, a veces funciona.

Si alguien me preguntara qué estoy haciendo de mi vida seguramente respondería: "dando mis mayores intentos para seguir siendo lo que los demás se han creído que soy". ¿Soy una mentira, entonces?. Probablemente. Todos mienten y muestran sólo lo que les conviene mostrar, ya sea por decencia, por principio moral, porque les avergüenza lo que son o simplemente porque les da miedo darse cuenta lo que no son; y son en realidad seres horrendos, pútridos, banales y tristes. ¿Donde encajo yo?.

Encajo donde me conviene. Donde tenga argumentos para justificarme; aunque el argumento me transforme en un pensador que sostiene fuertes posiciones, mi intento fue únicamente no vaciar lo que he elegido y diferenciarme de los idiotas que les encanta hablar y nunca pensar. El pensamiento de esos imbéciles es quedarse con el primer rayo que les pase por el cerebro. Se formulan la pregunta y se la responden inmediatamente, ¡y esa habrá de ser la única verdad!. ¡¡Se rasgarán las vestiduras y gritarán su razón a Dios, Satán y los putos Sumerios!!.

Haganlo con tranquilidad, que los últimos están muertos hace miles de años, y los dos primeros se cagan de la risa en el mundo de la fantasía.

Si pudiera le cortaría el cuello a aquellos que interrumpen la sabiduría del silencio; como asímismo a quienes denostan la sabiduría que existe en el ruido ensordecedor.