domingo, 27 de septiembre de 2015

Carteles de Condenas Imaginarias

Se instaló un cartel en el frente del Liceo Militar General Espejo que recuerda el hecho de que en ese sitio fueron depositados los detenidos-desaparecidos de la última Dictadura. La decisión de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación es coherente con la política de Estado respecto de los crímenes cometidos en dicho periodo.

Se ha pedido, como si se tratara de una cortesía intelectual, que no se estigmatice a los alumnos del Liceo (http://www.mdzol.com/nota/631409-cobos-pidio-que-no-se-estigmatice-a-alumnos-del-liceo/). Y si bien muchos nos preguntamos cómo es que esos estudiantes de entre 6 y 19 años pudieran ser cómplices de algo que sucedió mucho antes de que fueran siquiera concebidos, la respuesta debe rastrearse dentro del bagaje político de los referentes que han creído que es posible una reacción tan lineal.

El lineamiento intelectual inmediato entre el cartel y la condena actual no responde a los preceptos de la memoria, menos aún a las normas de un sano intelecto. Solo ciertas concepciones lo bastante sencillas como para caer en banalidades tales como ésta, son susceptibles de dicha minimalización. Jamás se me hubiera ocurrido una cosa semejante. Más aún, el cartel en cuestión refiere al edificio, no a los alumnos. Ni siquiera hace referencia a los mandos militares a cargo del predio en dicho periodo histórico.

Frente al edificio del Palacio Policial se erige un monumento y un cartel del mismo tenor. A nadie se le ocurriría tampoco pensar que el personal administrativo está estigmatizado como cómplice de la Dictadura.

En la Ciudad de Buenos Aires, justo frente al emplazamiento del denominado Garage Olimpo, hay un cuidacoches que tiene los carteles detras. ¿Valdría también una defensa similar para él?

Es entendible que un exalumno del Liceo Militar se muestre preocupado. Pero su reacción dice más de lo que ha querido decir. Si con un cartel de memoria alcanzara para condenar a una persona, imagínese lo que los rótulos políticos actuales serían capaces de hacer. Así se entiende con claridad que los nexos intelectivos del ex Gobernador se encuentren viciados de conexiones caprichosas. Más aún cuando al momento de presentarse el proyecto de ley que autoriza a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a colocar los letreros, el ex Gobernador era Vicepresidente de la Nación. Presidió la sesión y no consta en las actas de la misma una mínima alusión a lo que hoy esgrime.

Antes que un oportunismo político, la reacción configura una confesión de parte que describe a la perfección el nivel intelectual de alguien para quien un cartel significa más que la educación. Así como un militante de la agrupación oficialista La Cámpora es inmediatamente vituperado por su pertenencia y convicción política, con la misma velocidad de conclusiones, razonan.

Dicha pobreza es propia de la falta de comprensión política e histórica actual. Y es capital propio de un ex Gobernador, ex Vicepresidente de la Nación, actual senador y nuevamente candidato al mismo puesto.

Preste atención: así razonan quienes hoy se definen a sí mismos como la alternativa republicana e incorruptible. No me preocupa que cambien de pensamiento por dinero, me preocupa que sean éstas las formas de razonar. No habrá jamás cuartel santo a la luz de la historia argentina, pues las fuerzas militares estuvieron involucradas en los 5 golpes de Estado del siglo pasado.

El uso de la herramienta de defensa de los más chicos se ha transformado en la confesión más clara de que no son las convicciones quienes guían su accionar político. Como un auténtico e interminable tiempo potencial, son dueños de preocupaciones en ebullición que suelen devenir en abstracto.



De ésta forma construyen su realidad. Para construir después las soluciones.

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