martes, 8 de junio de 2010

¿Por qué los detesto a los intelectoides?

¿Alguna vez supe qué es ser libre?... No se si lo supe, pero ahora sí lo se. Preguntarán ahora: "Bien, pues, decinos qué es". ¡No se los voy a decir, obviamente!. La libertad, como el amor, debe ser encontrado y explicado por uno mismo. Sino la búsqueda no tiene el menor sentido.

De lo contrario, sería algo así como adquirir un librito de fórmulas matemáticas para resolver las ecuaciones. Las soluciones saldrían rápido, no?. Aunque todos sabemos que la vida no es una ciencia exacta. Y tengo mis dudas de que sea una ciencia social. Me gusta verla como arte. Y creo que no soy el único. Más aún, estoy seguro de que esa concepción no me pertenece.

Hay demasiado estúpido soltando frases armadas y repetidas hasta el hartazgo. Es entonces que les pido que ahonden en su frase y tales explicaciones concluyen con un "no se". "Es como que hacés lo que querés, porque querés, cuando querés... no se".

Bueno, me quedo más tranquilo... al menos sabe hablar. Creo que la ciencia que se quiere hacer de las cosas de la vida y de los valores que a ella rodea nos está impidiendo hacernos parte de ellos y no ser meros comunicadores de sus principios.

¡¡Es así, como los ejércitos de imbéciles eternos adolescentes y aduladores del Carpe Diem globalizador, lanzan estupideces a los aires!!.

sábado, 5 de junio de 2010

Who am I?...

Me han dicho bruto, grosero, asqueroso, vulgar, maleducado, maldicente, estúpido, innecesario, egoísta, mugriento, interesado y malintencionado. ¿Soy todas esas cosas?. Algunos filósofos dirían que sí, que en efecto una persona es lo que cree que es y lo que los demás piensan que es... Soy poco tolerante con ésta pérdida de tiempo, así que estoy seguro, sin lugar a dudas, que soy todo lo que se dijo arriba. Pero también estoy seguro que soy mucho más que eso, aunque no sea visto, aunque no interese, aunque se pierda en el océano de la indiferencia moribunda de quienes saben mucho sobre la gente.

¿Qué me gusta?. Me gusta ser todo lo que soy. Un muy buen amigo me dijo una vez: "¡qué pelotudo que soy!", a lo que respondí con una pregunta que, siendo sincero, fue lo primero que se me vino a la cabeza en ese momento: "¿acaso es malo ser boludo?" y continué diciendo: "yo creo que es necesario ser un boludo, tanto para los demás como para uno mismo". Éste aparente intento de justificar la propia estupidez desde la necesariedad, seguramente, habrá de tornarme aún más idiota. Voy a atreverme a responder lo mismo: me gusta ser todo lo que soy.

Quien quiere quedarse con lo peor de mí, lo tendrá y podrá compartirlo. No voy a darle el gusto de que se regocije con lo peor de mi mismo. Podría decir que importan únicamente las cosas buenas que hago y eso es lo que les importa a mis amigos. Sin embargo, mis amigos son tales, porque conociendo lo más abyecto de mí mismo siguen ahí. No escondo mi peor parte, la disfruto.

¿Lucho con mi peor parte?. Bueno pues, tengo a mis amigos cerca y mis enemigos aún más cerca.

"Pero cómo... ¿no es que te gusta ser todo lo que sos?... ¡te estás contradiciendo, Wallycho!". ¡Ja! Lo estoy haciendo, ¿no es así?. Lo hago porque soy un hombre contradictorio, pero que tiene razones para serlo. Me gusta generar éste tipo de contradicciones en mí para después justificarlas. Es una forma idiota de justificarme la pseudo-inteligencia que me adorna frente a quienes están fuera de mí.

¡No soy inteligente, culto, erudito ni estudioso!. ¡¡Soy mucho más que eso!!. Y por sobre todas las cosas, soy soberbio. Tan soberbio que tengo dos razones por las cuales hago absolutamente todas las cosas que están entre mis tareas:

1) Soy mejor que todos y trabajo para seguir siendolo.

2) Los demás saben que soy mejor que ellos. Quienes no lo soporta intentarán sobrepasarme y el resto me besará los zapatos aunque estén llenos de mierda.

No es bueno lo que hay, ¿verdad?.

jueves, 3 de junio de 2010

Relevo del pensamiento

Pues, resulta necesario dadas algunas circunstancias, relevarnos del pensamiento para entrar en la actividad que ocupa nuestra atención, provocándonos lagunas interplanetarias, para hilar así, una mejor idea. Probablemente no sepamos de qué, por qué, ni para qué buscamos eso. Incluso, creo que nunca me detuve a pensar sobre por qué retirar por momentos el pensamiento y colocarlo en el congelador, para devanar los apetitos de las sensaciones, en alguna adicción química que nos condene o simplemente nos altere para olvidar que la realidad nos invade.

A veces creo que el cerebro sería un sistema de engranajes que deben ser cuidadosamente vigilados, aceitados (para evitar el herrumbre) y, en algún momento, será apagado... sea por la inevitable mano de la muerte, sea por la muerte voluntaria durante algunos instantes o, peor aún, por lo que reste de vivir. Redundar sobre la vida y la muerte resulta una actividad ociosa, que no me ocupa en este momento.

Pensar o ser pensado, divagar y hablar en vano, almorzar o ser almorzado... ¡Cuan distintas son las cosas si las situamos distanciadas por circunstancias! Ideas macabras y geniales nos bombardean constantemente. Las dejamos pasar y les ofrecemos algún consomé o las expulsamos violentamente hacia el espacio, "¡que alguien más se ocupe de vos!" le gritamos. Se van. Pero cual si hubieran ingresado cubiertas de pintura indeleble y de color chillón, su ausencia nos convierte en nostalgicos. Las preguntas se suceden y las respuestas no. El ánimo nos hace una zancadilla más. Y muchas veces (o tal vez siempre) las salimos a buscar, como enamorado de producción fílmica americana, corriendo bajo la lluvia y gritando su nombre. La imagen que tenemos de nosotros se torna estúpida, débil y huidiza de sus mejores momentos. Nos conmiseramos de nosotros mismos y sentimos aún más pena. La empatía sobre uno mismo suele ser destructiva, cuando menos nociva... pero sentimos que nos sirve de algo, aún no sabemos de qué. Siendo la empatía algo que se siente respecto de las situaciones de los demás, parece un absurdo utilizar "empatía sobre uno mismo". Y he ahí también mi punto: quien hace ésto, intenta verse desde el punto de quien está fuera de sí, viendo cómo se ve. Allí, puede suceder que le guste la idea de victimizarse (mayormente) y apiadarse de sí mismo. Grande es la decepción cuando los demás no prestan atención a nuestra "llamada de auxilio" y nos sentimos aún más miserables. El auxilio de las frases que explican la existencia asaltan nuestra miseria y nos susurran al oído "por algo suceden las cosas". Y presas de una droga elaborada, vendida, consumida y digerida por nosotros mismos, caminamos zigzagueantes de un extremo al otro.

El sueño pareciera ser la solución a muchas cosas. El sueño del amor, de la justicia, de los finales y de los comienzos. Soñar sobre ellos nos hace sentir que hay posibilidades de todo. En esos momentos el superhombre es en nosotros y la idea pareciera querer aflorar, pero el tiempo (sabio, inútil y desposeído de toda compasión) nos demuestra que las cosas deben germinar. No nos creemos agricultores. Somos científicos de bata blanca, que desmenuzan las circunstancias, las catalogan y les otorgan un valor que, pretendemos, sea eterno. De suyo que, una vez más, nos resultó imposible conseguirnos. "¡Somos finitos, maldita sea!... las cosas no serán eternas". Los sueños huyen una vez más y tambalea nuestro edificio.

Cuando menos lo esperamos aparece la afinidad. Las personas que han sabido excavar en nuestra vida, construir allí su nicho y ocupar un lugar. Más sabiamente de lo que nosotros podríamos llegar a hacerlo, se situaron. En forma involuntaria, allí habitan. Nos hacen seres importantes, interesantes e irremplazables. Allí están. Cual muletas, nos ayudan a caminar; cual soporte nos ayudan a ponernos en pie; cual baldoza floja, nos ayudan a tropezar y, si no hemos tenido la atención necesaria, también nos ayudan a caer... Pero ahí están, son parte nuestra y de nuestras circunstancias. Así, las catársis se suceden una tras otra, convertidas en un alud irrefrenable y cruel, que vuela por los aires los tapujos y nos muestra una vez más débiles. Aunque nuestra debilidad no sea mala, nos hace mal. Aunque no queramos, aunque lo evitaramos y la empujaramos hacia fuera, pues a ninguno nos gusta ser vistos desprovistos de murallas. Nuestro mundo es Constantinopla y sus murallas se desvanecieron como si el calor las hubiera evaporado. No debilitados lo suficiente como para tomar las armas, nos armamos de valor una vez más. "Ahí voy... ¡tómense del pasamanos si no quieren que los arrastre!". Y cual berzerker vikingo, embestimos con la vida, con las ideas, con los problemas, con las tribulaciones, con nosotros mismos y con el universo.

Poseídos de una embriaguez de confrontación, el mundo nos recibe. Nos toma, mastica, escupe y devuelve al basurero. ¡Pero no nos reconocemos basura, nunca lo seremos! Y lo enfrentamos una vez más...

Así, sin darnos cuenta, transcurrió una vida frente a nosotros. Entre muchas otras circunstancias. Nos maltrató y nos mimó, cual madre a su hijo...

¿Y ahora?. Ahora, pues, voy a dejar éste relevamiento del pensamiento... voy a enfrentar al mundo, poseído una vez más.

Aunque muera en el intento.