domingo, 19 de julio de 2015

Barrabravas como organización

Es común vincular a la actividad barrabrava con la ilegalidad. A pesar de ser un nombre dado a ellos antes que una denominación otorgada, refleja claramente lo que se ha dado en la mayoría de los casos que han salido a la luz.

Ser barrabrava implica tener negocios con la dirigencia del club: hacerse de entradas para la reventa, obteniendo así financiamiento; conseguir el favor de los dirigentes para que ciertas leyes no les sean aplicables, pudiendo sortear controles; algunos de ellos hasta son empleados del mismo club. Pero también es la fuerza de choque de la institución. Se enfrentan a hinchadas rivales o aprietan jugadores, árbitros, rivales o hinchas del propio club.

Sin embargo, no es la dinámica delictiva de la organización la que me lleva a escribir. Sino el fenómeno de organización. La estructura armada para poder financiarse, viajar, aunar voluntades en pos del objetivo común: seguir al equipo.
La demonización de éstos procesos de organización, empezando por el nombre que les es otorgado, logra que cualquier acción conjunta por parte de los hinchas de un club que no esté encuadrada dentro de las normas institucionales previstas sea considerada, a priori, como delictiva. Existe una relación intelectual directa, creada por la repetición de un estereotipo en los medios de comunicación, para vincular las actividades de hinchas de fútbol con hechos deplorables.

No es mi intención afirmar la santidad de estas agrupaciones, sino defender la actividad de agrupamiento para la resolución de conflictos y la obtención de metas comunes. Es importante en este punto, divorciar el proceso de agrupamiento colectivo en pos de una idea o una intención, de la deformación del mismo proceso hacia una actividad delictiva. Hacer un fuerte hincapié en dicho divorcio que desde la lingüística ya viene claramente marcado: barrabrava=delincuencia.

El cambio cultural del paso de la criminalización de estas agrupaciones a la aceptación del mismo deberá venir de afuera del ámbito futbolístico. Como puede verse, aún fuera de ese ámbito la criminalización, banalización y condena de la actividad comunitaria llega a las esferas políticas: los movimientos políticos suscitan los mismos condicionamientos y bemoles.

La repetición del estereotipo logra condenar el proceso de agrupación, dado que no existe sobre la barrabrava de ningún club historia buena que contar. Y es muy probable que eso sea intencionado. Y es en ese convencimiento de que existe una intención, no necesariamente maligna, de que éstos procesos permanezcan soslayados.

La verdadera condena recae sobre el agrupamiento, sobre la organización popular, sobre muchos marginados juntos, sobre la posibilidad de que amplíen los límites de su organización. Ese miedo está presente en los medios y en los procesos intelectuales de los espantados, que se repiten en todos los ámbitos en los cuales escapa de su control la posibilidad de conocer, ya sea por desidia propia o por ignorancia inducida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario