lunes, 28 de marzo de 2016

Vidrio con gusto a plástico

Nos llenaron de odio y miedo durante 10 años, para erigirse hoy en adalides del amor y el cambio social. Desde la Gripe A, hasta los controles y espionajes con tarjetas de colectivos, sumados a persecuciones con la AFIP poniéndose el sayo de víctimas, justificando a los especuladores financieros y económicos capaces de someter al país a la incertidumbre económica total. Nos sembraron y lo cosecharon. 

Y asustan un poco. No les creo el tono de voz, no les creo la emoción ni las banderas. Creí que habíamos superado la etapa del jardín de infantes en donde nos alcanza con que nos hablen sonriendo y como idiotas; y también creí, que no caerían en las falacias liberales del “cambio” por el cambio mismo, sin preguntar primero la dirección ni el destino, envalentonados solamente por las ansias de ver destruido un sector de la militancia política que supo ser bien instalado como un defecto social. Un cáncer, supieron decirle.

Para pasar a éste estadío de cosas, en el cual un hombre que parece dictar un seminario de autoayuda envalentona una serie de prejuicios para llegar a conclusiones, en un sistema de pensamiento moralista que cree que cuanto antes se concluya un asunto mayor inteligencia se posee. Y que eso sólo se logra en base a los méritos personales, que no existe detrás de el esfuerzo personal un sacrificio social en beneficio de las metas buscadas.

No estamos perdidos, pero si hay una sobrevaloración evidente de un conjunto de frases y conclusiones apresuradas, con una demostración absoluta de ignorancia y brutalidad política, en la cual hay (o habían, hasta antes de ganar las elecciones) un conjunto de hijos de puta que hacían de la corrupción su modo de vida. Más hijos de putas aún los que acompañaban con su voto.

Yo no como vidrio. Detesto a los vendedores porque tengo la certeza de que es el dinero su intención y es el predominio moral su objetivo final. Los reconozco cuando los veo. No, no es Macri el vendedor, más bien es el producto de una venta más grande. Sus globos no representan más que eso: aire. Ni siquiera humo. Aire. El vacío empaquetado es lo mismo que comprar un buzón. Pero eso es responsabilidad del votante. 

No me interesa discutir la intención de votar la proyección política votada. No hay discusión posible porque no hay política de por medio. Triunfaron los intereses de las minorías económicas y especulativas a través del convencimiento de los sectores sociales de que existe una similitud más que evidente entre los intereses de una clase y la otra. La falacia brutal de adultos y jóvenes que bregan por la educación como método de liberación, pero caen al primer sofisma bien empaquetado hasta plantear una suerte de división intelectual con los sectores políticos entre “buenos y malos”.

Eso no es política. Son pareceres. La política se lleva adelante con convicciones, y la “liberación de las fuerzas productivas” significa dólar regulado por el mercado y a éste lo regulan los dueños de la mayor cantidad de capital. Hoy están también en el Estado, elegidos democráticamente. No hay excusas de aquí en más.

lunes, 21 de marzo de 2016

Carne Asada

Se vive en la agonía constante de tener miedo a la muerte, mientras se puede disfrutar de ella al comer un pedazo de carne asada, un huevo frito o un nugget. Porque la muerte es más hermosa cuanto más deliciosa se hace para los apetitos del instinto brutal y cavernario de la supervivencia, soslayada ante una publicidad gigante que hace sombra a ese Sol que tantas veces esperamos ver. Creo que a veces no lo extraño. Y me preocupa, pues gran parte de la naturaleza se va en la relación que se tiene con el astro mayor.

Vea cómo puede dilapidar papeles pintados en molduras de madera, de cerámica, de plástico, de chapas o de aceros para abrazarse con ellas hasta lograr la tranquilidad social que dice la televisión que transmiten. Ver a la gente sonreír nos alegra, está científicamente comprobado; por eso los ponen sonrientes en las publicidades: recibimos el mundo con magnanimidad cuando estamos en actitud de felicidad, ya sea ésta inducida o percibida. Aunque la idea sea horrible, estaríamos dispuestos a deponer nuestros prejuicios.

Virando el horizonte terrestre hacia la estrella polar, el ascenso sería inmediato al ver que de los temas más serios se puede también sonreír. Pero los “temas serios” están cargados de formalidades, de símbolos irreductibles, de moralidad deificadora, de metas que se objetivan en la Panacea de los tiempos modernos de intangibilidad. Ver un tema serio con la generosidad con la que recibimos la publicidad de la gaseosa más vendida fruto de esa sonrisa y actitud jovial podría ser mágico. Podría un tema serio generar felicidad en muchas personas. Pero es peligroso. Se lo debe ensoberbecer, magnificar a puntos inalcanzables, describir con elocuencia inexpugnable e implacable haciéndonos pasar una calculadora con capacidad para relatar su historia en lugar de un verdadero corazón inspirado y conmovido. La formalidad contiene la explosión interna a la que asiste el organismo al sentimentalizar una idea tan poderosa, delimitando su expresión sincera a un conjunto de cortesías colocadas allí estratégicamente para ello.

Aún así, la consciencia de que no todo es inalcanzable prevalece en la inocencia de la niñez. Si cada hombre encarna un niño en sí mismo y la obligación es no olvidar a ese niño, ¿por qué se lo puede ver sólo como un aspecto lúdico emancipado de obligaciones? Fácilmente podría intentar retener la capacidad de asombro de dicha etapa, por sobre el resto de los fenómenos entrañables. De esa manera no sería moralmente aceptable conformarse con una injusticia que ha perdido su virtualidad de asombro frente a la habitualidad de la misma. La costumbre es susceptible de ser malvada, porque también nosotros podemos serlo al acostumbrarnos a una injusticia; y ella depende de nosotros, mientras aún podemos prescindir de la que no nos guste. Nos acostumbramos tanto a las guerras que hasta les pusimos nombre, como si fuera una mascota más.

La naturaleza de la guerra es la expresión adecuada para saber lo que sucede en el microuniverso cerebral cuando chocan las ideas con los mandatos morales programados en su sinapsis. Para volver a sensibilizarnos otra vez acerca de la muerte. Que calentada o asada puede ser el néctar y la ambrosía del Dios Hombre, cosechador de lo que la domesticación de animales ha puesto sobre su cocina para saciar su apetito instintivo. Y parado ahí mismo, en el centro de una gran ciudad, mirando esa publicidad, la sombra que proyecta, la felicidad que intenta transmitirle y el motivo que lo llevó a mirarlo: volver al Sol; porque no hay rostro cuyo propósito haya sido buscarlo para recibir el calor y la luz del mismo, y que no haya sonreído al sentirlo en la piel.

Esa hornalla gigante en el cielo también nos cocina lentamente.

Y otra vez, carne asada...

lunes, 14 de marzo de 2016

Así debe ser morir

No empujen que ya no hay apuro;
Nadie va a ir a ningún lugar
Distinto de aquel a donde van todos
Y que aún no se ha movido.
"Prefiera por la avenida tomar",
Decía el tachero que lo ubicaba.
Nadie lo ubicaba desde hacía tiempo.
Su libertinaje era el mundo imposible.

Noches mágicas en ninguna ciudad.
Palabras inolvidables de ningún otro ser.
La hora del te ya pasó y a nadie importó,
Lloraron los egos de los figuradores:
Querían que todos los vieran.
Lo divino y lo trascendente murieron
Las bellas palabras se confundieron con la vida
Y así no hay causas para quien no produce ningún efecto.

A nadie agradó ser un síntoma,
Una fuga, una tristeza, un desamor,
De fantasías coleccionables,
De esas que se compran en cualquier lugar.
Modelos de padres y sociedades
Van todos al mismo lugar.
Ninguno ha creado nada original
La mayoría las eligió fruto del dolor.

Las causas nobles no fueron propias
Regaladas a lo sumo, divagadas al fin
Vender humo o buzones es lo mismo
Si nada lo contiene y nada tiene dentro.
Amigos tuvo pocos, a lo lejos
El Indio enseñó a preguntarle
Gustavo hizo bellas sus preguntas.
Pero sólo él lo entendió, y para ella era amor.

lunes, 7 de marzo de 2016

Perversión Intelectual

Se ha instalado una práctica intelectual que induce al ser pensante a asumirse como tal a partir de la expresión de determinadas ideas o la defensa de ciertas formalidades, trastornando el aparato cognitivo, impidiendo así la comprensión de la materia política al otorgarle a ésta un carácter estático e inmutable que, sometido a ciertas fórmulas, da como resultado ineludible es la solución inmediata o inminente de la realidad que lo rodea. El dominio de dichas fórmulas no responde en lo absoluto a la Ciencia, su metodología ni su percepción como herramienta; más, se encuentra centrado en un aspecto volitivo revanchista que ennegrece los horizontes de cualquier paisaje.


Plasmado a través de un sistema de pensamiento que vectoriza los valores con las ideas para arribar luego a formar un concepto demasiado generoso de percepción personal, recaen sobre el intelecto humano las posibilidades de soluciones mágicas a cuestiones que no poseen tal carácter. La prostitución de los conceptos al someterlos al academicismo de alta costura ha logrado pervertir el mejoramiento de la comprensión humana del rol social que atañe al hombre en su condición de tal. Se desprende de tal valoración la ausencia absoluta de una conciencia gregaria al punto de privarlo de un espíritu solidario, honrando el salvajismo mismo de la realidad cuando ésta ya es incontenible.


La tergiversación criminal de la paridad ficticia entre ideales y principios morales ha logrado hacer repetir a cualquiera frases cómodas que desligan de todo lo que atañe a la vida en común al lograr la vanagloria del súmmum de las quimeras capitalistas: el esfuerzo personal. Entre malabarismos retóricos, se relame el equilibrista de lo improvisado para verter en la canaleta de las mediocridades una incongruencia más al mejunje ortodoxo de la moral enajenadora de todo pensamiento social. Encierra en sí misma el obstáculo moral de no percibirse como distorsión sino como enaltecimiento del ideal perfectible del hombre. No guarda perfección cuando habla de sí misma como si de Dios lo hiciera.


Un Dios un tanto caprichoso: absoluto y omnipresente, pero incapaz de hacer el mal y susceptible de estar ausente. Pues el miedo ha llevado a moldear un Dios que abarque todos los miedos, que tenga todas las respuestas, que obre en silencio y de forma misteriosa para inhabilitar el proceso inductivo y deductivo propio de la horizontalidad en la que el conocimiento sitúa al hombre al transformar la lente que le transmite el mundo.


Una especie con alto grado de socialización que se enaltece a sí misma por sus logros materiales para luego reclamar justicia social desde la cultura de un trabajo que aún no ha sido totalmente abarcado en su debate, existiendo predominantes materias pendientes en su proposición y formulación, pero que al fin y al cabo aburren.


Porque la práctica intelectual que permea todo ésto en lugar de fascinar aburre. Con ello, impregna de hastío toda expresión y torna al hombre intolerante.


De ésta manera, la derrota cultural es inminente. Cualquier cosa que brille, de aquí en más, será oro.


miércoles, 2 de marzo de 2016

Ser Goyé de pre-jardín

Un trasfondo de película
Lleva toda su sonrisa,
Una espiga de las llagas
De un borracho en callejón.

Aunque siempre está empardada
Esta suerte arrebatada,
Ha empujado sus certezas
A la misma habitación.

Ahuyentado como hiena
Una densa neblina, espera,
Que antes que descubrir figuras
Lo vuelve a uno fisgón.

Creo entonces que la suerte
Ha llegado a hincarle un diente
A ese órgano indecente
Que han llamado corazón.

Que no vaya a ser probable
Que la vida le derrame
Un bautismo en su homenaje
Y que muera en su dolor.

No es el hombre, no es el hambre,
Se me estrujan bien las tripas,
Que aún no conozco vida
Que no traiga este dolor.