jueves, 23 de julio de 2015

Análisis Objetivo


No soy objetivo ni pretendo serlo. Niego rotundamente mi participación en alguno de esos injertos de la inteligencia de opinión que se ha denominado, sin humanidad alguna, un "análisis objetivo". La expresión en sí misma es una muestra más de la hipocresía y las ficciones que han debido crear los hijos de puta, a la hora de emitir una opinión, para desligarse de las creaciones intelectivas de su cabeza. Tras el manto de lo que han debido inventar y llamar "análisis objetivos" se esconden miserias humanas, mezquindades sociales y desviaciones conceptuales que intentan ser justificadas al manifestar libremente que sólo a través de considerar a las personas y a las situaciones de manera deshumanizada se logra una mejor comprensión de la realidad. 

El adjetivo de 'objetivo' pareciera despojar al pensamiento emitido de todo prejuicio o dogma. Y aunque en la teoría así debiera de ser, el empleo retórico de la expresión no hace más que intentar desligar una falencia discursiva para lograr efectividad sin fundamentación. Una muestra palpable de la brutalidad que supone éste pensamiento se evidencia en la necesidad de construir un término y pretender pasarlo como si proviniera de Dios, pues su carácter sólo parece verdadero en la medida en que la procedencia de objetividad de la que habla estuviera logrando ser impoluta; pues la forma en que redactaron la expresión ha hecho pensar que algo tan humano como el lenguaje no es subjetivo. 

La actividad analítica es imperiosamente subjetiva.

Sabemos que no hacemos otra cosa que interpretar hechos. No sólo lo sabemos, es prácticamente una habilidad natural de los seres racionales. Pues aún no teniendo conocimiento o no habiendo tomado consciencia de ello subsistimos, decidimos, proyectamos y capitulamos frente a la realidad porque podemos hacer en nuestros cerebros lo que queramos sea nuestra intención sobre esos hechos. Podemos transformarlos en sensaciones agradables al considerarlos como hechos buenos. Y podemos hacer lo opuesto también, con la misma facilidad.

Habrá de desterrarse de la idiosincrasia intelectual todo aquello que deshumanice lo que nos rodea, poniendo en su lugar los análisis en términos subjetivos. Así, relacionando lo que sucede con los seres humanos antes que con las ciencias deontológicas hipócritas, es probable alcanzar un entendimiento más acabado y más perfecto ante lo que sucede. 

Analizar un ser humano como un costo, como un disvalor, como una inmoralidad existencial es propio de los cabrones que aprendieron de memoria conceptos propios de una ciencia asesina de los caracteres humanos.

Alejando los caracteres que les hacen personas, ésta gente amiga de las academias de justificaciones de hijaputeces, logra transformar una situación injusta o cruel en algo concordante con una definición académica, en una aparente coincidencia con la panacea. 

No existe intercambio de ideas cuando no hay ideas. Los moldes de recursos retóricos como éste desaprenden la humanidad misma, evitando profundidad alguna.

Océanos de conocimiento de 1cm de profundidad...


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