lunes, 28 de septiembre de 2015

La idea de que "los otros" están llenos de fábulas irracionales

Ayer 27 de Septiembre de 2015, el historiador Luis Alberto Romero publicó una columna especialmente redactada para el Diario Los Andes (http://www.losandes.com.ar/article/el-teatro-de-los-juicios). El título es el fiel reflejo de un aparato cultural que desdeña desde la superestructura, y que se expresa en términos tales que logra inferir la existencia de un cuento de hadas, una fábula, un mito o una mentira flagrante en las concepciones y las acciones ajenas. Así, “el teatro de los juicios” se suma a otras grandes expresiones del conservadurismo talibán argentino tales como la de “el relato”.
Vea que no es casualidad la intención de colocar de antemano una situación en el plano de lo imaginario o lo fantástico o lo que no debía ser tomado en serio. Las posiciones ideológicas del sector al que pertenece el historiador tienen como expresión más cabal la de colocar las ideas ajenas en éste plano, haciendo más fácil el acceso al examen moral de la posición en lugar de escrutar los argumentos y sus validaciones.

Comienza por no detallar cuales son los vicios del procedimiento que repugnan a la ley y que tan necesarios son para poder formar la opinión para-legal que intenta esbozar el autor. En éste sector de la opinión política, alcanza con la condena de que afecta las instituciones, o tal vez un valor, elevado a una categoría divina.
Dice el escriba: “el primer acto del drama es el trato vejatorio a los acusados, para quienes no valen los derechos humanos”. Y estoy de acuerdo con él. El sistema judicial actual adolece de una clara influencia sobre el futuro de un acusado. Imagínese que si es vejatorio para quienes fueron parte de la Dictadura y estuvieron hasta el día de hoy impunes, lo que puede esperarle a un ratero capturado en pleno centro y en flagrante delito. El sistema judicial no es animoso sólo con los acusados de delitos de lesa humanidad.
Por otro lado, no me extraña que los testigos recuerden detalles después de 30 años. Vea, la dictadura cometió los crímenes más tremendos de los que el Estado Nacional tenga memoria, desde la Guerra al Paraguay. Hizo lo que quiso con muchos detenidos: lanzarlos drogados desde aviones al Río de la Plata, violar mujeres presas por causas políticas, negar los hábeas corpus a los familiares de detenidos-desaparecidos, aplicar picana eléctrica en los órganos sexuales y hasta en las encías. Después supieron apropiarse de bebés nacidos en cautiverio y privarlos durante años de su identidad. ¿Los testigos debieran olvidarse de que éstas cosas pasaron? Seguramente es sospechoso acordarse de esas cosas para un sector que pretende olvidar que pasaron y “dejar de hurgar en el pasado para mirar hacia el futuro”.

La primera crítica legal profunda deviene de la aparente violación a una máxima del Derecho Penal y es la de la presunción de inocencia. Por lo relatado, existen hoy en las cárceles argentinas, una atendible cantidad de acusados de delitos de lesa humanidad presos por presunciones de culpabilidad. Dicha realidad acusa de una palpable gravedad institucional. La existencia de una presunción de culpabilidad repugna al Estado de Derecho.
Imagínese ahora a los adictos a las drogas. La ley que regula los estupefacientes establece una presunción de culpabilidad que es inconstitucional en los estrados palaciegos, pero plenamente aplicable en cualquier esquina de barrio humilde. La presión propia de un sistema judicial creado en razón de las apariencias y valores de un sector ideológico ha tocado a las puertas de quienes durante más de 30 años se mantuvieron impunes, sorteando los estrados judiciales. Ese es el sistema judicial.

Éste análisis no es caprichoso, sino fruto de una conciencia de globalidad. El autor desdeña la cuestión popular al asignarle el carácter de “nunca poner la otra mejilla”. Desde aquí, creemos que nunca debiera habérsele abofeteado, en primerísimo término. Poner la otra mejilla es ignorar el primer golpe y dejarlo impune.
Traer a colación a los adictos o a los rateros para visualizar el accionar del derecho sobre la vida común es un análisis que debe estar presente si va a hablarse de los defectos del sistema. Sin embargo, entiendo que no se está hablando del defecto del sistema sino de cómo éste afecta la impunidad cuando recae sobre los impunes.


Por eso coincido con él en su frase final: “La impunidad y la arbitrariedad son dos de los nombres del poder. Hacer gala de ellas es un poderoso disuasivo y un instrumento disciplinador”. Porque es ese accionar arbitrario y esa impunidad de larga data la que se está juzgando, con las herramientas dadas por un sistema democrático que amenaza con quedarse más tiempo del que los sectores juzgados están dispuestos a tolerar. En éste “teatro de los juicios” se está escribiendo la historia que no debía ser recordada. La historia que tardó 30 años en recopilarse para poder preguntarse qué fue lo que pasó.

Ojalá fuera tan fácil encontrar un error para condenar moralmente una tarea como la llevada adelante. Pero el argumento es más fuerte: colocar como presos políticos a los responsables de los crímenes, cargando al valor social de Justicia con un tinte intencional que quieren hacer creer que nunca existió, ni en el espíritu de la ley ni en las convicciones del juez.

Ojalá la crítica fuera más global. Defender las posturas que defiende Romero, con las herramientas con las que lo hace no es ni más ni menos que comunicar a la población cuál es la visión del procesado por delitos de lesa humanidad y sus abogados. A mi me han dicho lo mismo.

Es una confesión de parte, amigo mío... nos estás diciendo de parte de quien venís a escribir.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Carteles de Condenas Imaginarias

Se instaló un cartel en el frente del Liceo Militar General Espejo que recuerda el hecho de que en ese sitio fueron depositados los detenidos-desaparecidos de la última Dictadura. La decisión de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación es coherente con la política de Estado respecto de los crímenes cometidos en dicho periodo.

Se ha pedido, como si se tratara de una cortesía intelectual, que no se estigmatice a los alumnos del Liceo (http://www.mdzol.com/nota/631409-cobos-pidio-que-no-se-estigmatice-a-alumnos-del-liceo/). Y si bien muchos nos preguntamos cómo es que esos estudiantes de entre 6 y 19 años pudieran ser cómplices de algo que sucedió mucho antes de que fueran siquiera concebidos, la respuesta debe rastrearse dentro del bagaje político de los referentes que han creído que es posible una reacción tan lineal.

El lineamiento intelectual inmediato entre el cartel y la condena actual no responde a los preceptos de la memoria, menos aún a las normas de un sano intelecto. Solo ciertas concepciones lo bastante sencillas como para caer en banalidades tales como ésta, son susceptibles de dicha minimalización. Jamás se me hubiera ocurrido una cosa semejante. Más aún, el cartel en cuestión refiere al edificio, no a los alumnos. Ni siquiera hace referencia a los mandos militares a cargo del predio en dicho periodo histórico.

Frente al edificio del Palacio Policial se erige un monumento y un cartel del mismo tenor. A nadie se le ocurriría tampoco pensar que el personal administrativo está estigmatizado como cómplice de la Dictadura.

En la Ciudad de Buenos Aires, justo frente al emplazamiento del denominado Garage Olimpo, hay un cuidacoches que tiene los carteles detras. ¿Valdría también una defensa similar para él?

Es entendible que un exalumno del Liceo Militar se muestre preocupado. Pero su reacción dice más de lo que ha querido decir. Si con un cartel de memoria alcanzara para condenar a una persona, imagínese lo que los rótulos políticos actuales serían capaces de hacer. Así se entiende con claridad que los nexos intelectivos del ex Gobernador se encuentren viciados de conexiones caprichosas. Más aún cuando al momento de presentarse el proyecto de ley que autoriza a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a colocar los letreros, el ex Gobernador era Vicepresidente de la Nación. Presidió la sesión y no consta en las actas de la misma una mínima alusión a lo que hoy esgrime.

Antes que un oportunismo político, la reacción configura una confesión de parte que describe a la perfección el nivel intelectual de alguien para quien un cartel significa más que la educación. Así como un militante de la agrupación oficialista La Cámpora es inmediatamente vituperado por su pertenencia y convicción política, con la misma velocidad de conclusiones, razonan.

Dicha pobreza es propia de la falta de comprensión política e histórica actual. Y es capital propio de un ex Gobernador, ex Vicepresidente de la Nación, actual senador y nuevamente candidato al mismo puesto.

Preste atención: así razonan quienes hoy se definen a sí mismos como la alternativa republicana e incorruptible. No me preocupa que cambien de pensamiento por dinero, me preocupa que sean éstas las formas de razonar. No habrá jamás cuartel santo a la luz de la historia argentina, pues las fuerzas militares estuvieron involucradas en los 5 golpes de Estado del siglo pasado.

El uso de la herramienta de defensa de los más chicos se ha transformado en la confesión más clara de que no son las convicciones quienes guían su accionar político. Como un auténtico e interminable tiempo potencial, son dueños de preocupaciones en ebullición que suelen devenir en abstracto.



De ésta forma construyen su realidad. Para construir después las soluciones.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El ataque de los Búhos

Un buen día la cosa por fin se pudrió, pues alguien más había despertado.
Los Búhos habían tomado consciencia de su soledad y se agruparon.
Sus miedos se contaron y del hombre mayormente hablaron.
Hay algo en sus asuntos que menospreciaron y olvidaron.

El enojo provocó airadas conversaciones, ideas y posturas.
Para entender a los hombres había que conocer sus costumbres.
Miraron los cinco continentes para compararlos.
Los vieron distanciados y por ahí los atacaron.

Esos grandes ojos mirando cautivos el poder del dedo pulgar.
Su arrogancia y su piedad de saberse superiores.
De seguro un Búho ha de ver más allá...

¡Prepotentes mal amados, habremos de exterminarlos!
¡Sobre ellos caed, bandadas enfurecidas!
¡Estrellarnos de una vez para matar su cuerpo!
¡Donde habita su corazón: justo en el pecho!

Y atacaron por miles, asestando furiosos impactos.
Sin jefes asolaron ciudades y poblados por igual.
El ruido de los Búhos volando podía oírse a oído pelado.
A decenas de kilómetros, un zumbido insano.

Inteligencias y consciencias al servicio de la muerte.
Amando al dinero que las posee,
Que las corroe...

¡Y ahí vamos por ustedes, manojo de traidores!
¡Vamos por lo que quedó, lo que dejaron y contaron!
¡Hagan lo que puedan, no asustan sus armas!
¡Vinimos a por todo aquello que no suele salir de sus almas!

El miedo aumenta ante la desolación de perder en tamaño y fuerza,
Es el lamento de sus consciencias al mirarlos darse cuenta
De que pueden defenderse abrazándose, protegiendo sus rostros en hombros ajenos.
Si el dolor era mucho tenían alguien sobre quien llorar, también.

La espalda de los hombres está hecha para aguantar y levantar.
Podremos golpear miles y por más miles de Búhos también caerán.

Y a pesar de no derramar sangre fuera de sus cuerpos,
Los Búhos supieron hacerlos llorar de miedo y abrazarse para consolarse.
Obligaron a los hombres a proteger sus corazones unos a otros.
Ya ninguno está perdido, pues intentan no estar solos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Bajando

Lo imposible del mundo tangible,
Es real en el dominio de las ideas.
Prevalece si se traspasa.
Se realiza en los sentidos.

El carácter permanente
De verdades reveladas
Sobre un pueblo se acapara
Los amigos, los cerebros.

Quiebre, entonces, la alabanza
Una turba enfurecida.
Abra fuego sobre el alma
De verdades de vieja usanza.

Es el nuevo amanecer.
Una vida aún no pensada.
Un camino sin marcar.
Una historia superada.