Así también, los usuarios de las redes sociales aportaron su cuota de oportunismo político. Los conocen, los han leído, son esos desamorados de la política que han creído que la indignación es una buena consejera de procederes, al punto de que se les ocurrió que una cadena nacional de la Presidenta daría sosiego y rápida respuesta a los damnificados.
Las herramientas de la política han querido que aquellos militantes con pecheras azules de la agrupación política más bastardeada de la historia sean los que tomen la posta del accionar solidario de ese espacio político, por fuera de las instituciones, como voluntarios.
La falta de experiencia política y la indignación sembrada con eficaces terapias de shock mediáticas han logrado el cometido principal: tornar borrosa la investidura institucional para personalizarla, darle una cara, un nombre y adjetivarla hasta condenarla. Sobre esta base informativa y deformativa fluyen las conclusiones de que se vive en una dictadura populista filo nazi. Así es posible empatizar con que alguien esté padeciendo estos procesos políticos. Normal sería así concluir que la solución inmediata, que remediaría gran parte de las inundaciones sea una cadena nacional, seguida de una ley y por alguna razón (que solo puede ser la impotencia) alguien habrá de terminar en la cárcel o humillado.
Este sector del drama y el oportunismo político ha demostrado no tener límites. La demagogia ha adoptado ante ellos una nueva forma: la hipocresía de una clase social dignificada que sostiene su superioridad en la capacidad de capitar impuestos para mantener a ese sector ascendente que hoy compone el tan enarbolado aumento del 50% en la clase media. Los integrantes de ese sector ascendido sln clase media porque la 'verdadera' clase media los mantiene a través del pago de impuestos. Hoy mutaron.
Y de mas esta, pero válido es nombrarlo, no hay mérito alguno en ello: los impuestos son compulsivos y obligatorios. Pagarlos no es un acto de altruismo sino un deber cívico. Con el cual tampoco están tan de acuerdo.
Así las cosas, no habrá medida que no sea condenada. Ya sea con argumentos de índole liberal o aquellos de orden conservador. Todo sirve.
Y es claro que el propósito de los despolitizados ha sido, es y será la confusión.

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