miércoles, 19 de agosto de 2015

Demagogia Pluvial

Fruto de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires y el revuelo provocado por las reacciones de los dirigentes políticos, se ha reeditado la demagogia de los despolitizados que suelen demostrar sus derivaciones filantrópicas justamente en las circunstancias en las que se excluyen prácticamente por completo su compromiso y responsabilidad social, y es cuando una estructura, un procedimiento o un proyecto han fallado en alguna de sus fases, ya sea de contención o para obtener resultados determinados. Así, podemos encontrarlos con repentinos ataques de amor al prójimo dado que el compromiso con la causa no tiene bemoles condenables, salvo su oportunismo.


Así también, los usuarios de las redes sociales aportaron su cuota de oportunismo político. Los conocen, los han leído, son esos desamorados de la política que han creído que la indignación es una buena consejera de procederes, al punto de que se les ocurrió que una cadena nacional de la Presidenta daría sosiego y rápida respuesta a los damnificados.

Las herramientas de la política han querido que aquellos militantes con pecheras azules de la agrupación política más bastardeada de la historia sean los que tomen la posta del accionar solidario de ese espacio político, por fuera de las instituciones, como voluntarios.


Los mismos que fueron el centro del debate por el uso de pecheras azules identificatorias durante las inundaciones de La Plata. Fueron acusados de intentar hacer pasar las donaciones como de la propia organización. Hoy ese argumento no se esgrime porque el interés es otro. No es la agrupación y su liderazgo los objetivos del ataque demagógico. El objetivo es el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, candidato a Presidente por el oficialismo. El objetivo es que no logre lo que todo el arco político supone, acertadamente, puede lograr: alcanzar los 40 puntos en la elección general a Presidente y que como un gol en el último minuto, se legitime por 4 años más un modelo de gestión que con sus abundantes y profundos bemoles y contradicciones ha sido el actor principal de una histórica remontada social.

La falta de experiencia política y la indignación sembrada con eficaces terapias de shock mediáticas han logrado el cometido principal: tornar borrosa la investidura institucional para personalizarla, darle una cara, un nombre y adjetivarla hasta condenarla. Sobre esta base informativa y deformativa fluyen las conclusiones de que se vive en una dictadura populista filo nazi. Así es posible empatizar con que alguien esté padeciendo estos procesos políticos. Normal sería así concluir que la solución inmediata, que remediaría gran parte de las inundaciones sea una cadena nacional, seguida de una ley y por alguna razón (que solo puede ser la impotencia) alguien habrá de terminar en la cárcel o humillado.

Este sector del drama y el oportunismo político ha demostrado no tener límites. La demagogia ha adoptado ante ellos una nueva forma: la hipocresía de una clase social dignificada que sostiene su superioridad en la capacidad de capitar impuestos para mantener a ese sector ascendente que hoy compone el tan enarbolado aumento del 50% en la clase media. Los integrantes de ese sector ascendido sln clase media porque la 'verdadera' clase media los mantiene a través del pago de impuestos. Hoy mutaron.

Y de mas esta, pero válido es nombrarlo, no hay mérito alguno en ello: los impuestos son compulsivos y obligatorios. Pagarlos no es un acto de altruismo sino un deber cívico. Con el cual tampoco están tan de acuerdo.

Así las cosas, no habrá medida que no sea condenada. Ya sea con argumentos de índole liberal o aquellos de orden conservador. Todo sirve.

Y es claro que el propósito de los despolitizados ha sido, es y será la confusión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario