lunes, 18 de abril de 2016

Ser mejor (no) es posible

Quisiera saborear por ésta vez
El elixir de la virtud
Convertirme en buena gente
Y ser esclavo de lo aparente

Negarme a los defectos, a los vicios
A las explosiones, las manías y solitarias algarabias.

Deprimirme si hace falta,
Quedarme sin garganta.
Decirme ante el espejo
Lo mucho que me falta.

No me asusta el principado
De valores poco humanos, maniatados y arrastrados.

Y comer de lo amargo aunque moleste más
Y masticarme lo puro del alquitrán.
Entumecer las manos de tanto empuñar, en vano,
La espada de la libertad.

Seducido por falacias e historias
de leyendas, heroes, palacios, valores...

Vanidades de hombres, al fin.

lunes, 11 de abril de 2016

De los Círculos Viciosos

La suspicacia propia de un alma enferma es capaz de entablar relaciones degenerativas entre las suposiciones mala leche de su mente y la precariedad de educación humana que otorgan las instituciones. Las mismas que han sido transformadas en enciclopedias con amplios índices temáticos y nula profundización.

La programación humana se da ante la repetición del estereotipo del erudito malhumorado y ceñudo, que antes que la espada, emplea la lógica para dar batallas propias de una cata de vinos antes que una búsqueda de verdad. La malformación moral mayor de los tiempos que corren es haber creído que la ingesta de conocimientos alimenta el criterio, reemplazando a la experiencia. Que el ceño reemplaza al buen juicio y que una falacia es igualmente válida que el conocimiento probado.

La adquisición de conocimientos desvela el mundo ante los ojos del observador, dotándolo de conocimientos sistematizados de tal manera que las conclusiones llevan de una conceptualización a la siguiente. Aún así, las ciencias exactas posibilitan un perfecto devenir conceptual dado su carácter inmutable. Por otro lado, las ciencias sociales ven constantemente cambiar los postulados y los análisis, como así también sus síntesis, tornando la averiguación de la verdad en un verdadero rally a campo traviesa.

Partir de dogmatismos no científicos en las ciencias sociales equivale a la inutilización total del procedimiento lógico, al dar por sentadas las bases que se intentan descubrir. No hay conclusión que pudiera ser discordante a la misma de la que se partió al principio. En otras palabras, empezando así no puede terminarse de otra manera. 

He aquí un círculo vicioso.


lunes, 4 de abril de 2016

La Batalla Interior

Alterar la consciencia a un nivel perturbador es central para el ser humano. Lograr vencer los conceptos para desfigurarloa y dar paso a lo que sea que pueda venir luego. Conscientes de que el hombre que se afirma a si mismo esta inmerso en un acto heroico, aquel que sosiega su ego se enfrenta con todo lo que mora dentro de él.

Dichos enfrentamientos se suceden sin ningún orden ni control. Todo se golpea con todo y por momentos no hay puerto seguro. Estamos aprendiendo a ser mejores, pero primero debemos salir de allí. En dicha tarea, no hay normas morales, éticas, culturales, religiosas o filosóficas. El camino debe abrirlo quien pretende salir de allí con vida.

Los sistemas de pensamiento pueden otorgar opciones, vectores de pensamiento o simplemente un espacio lo suficientemente cómodo para afrontar la batalla que se libra dentro de uno. Endiosarlos al nivel de verdades reveladas es signo de haber perdido la batalla por ser mejores: nos hemos acostumbrado al caos sin darnos cuenta y nada parece coincidir con lo que pensamos.

Protágoras supo reducir todo a una sencilla sentencia al decir que "el hombre es la medida de todo lo que existe, y de lo que no existe también". Habremos de procurar que lo que nos rodee sea armónico con lo que realmente somos. Y para ello hace falta librar la batalla interior, salir airoso de ella, recopilar las experiencias y aprendizajes y luego volver a ingresar para repetir el proceso la cantidad de veces que sea necesario.

No hay revolución sin revolucionarios.