El hombre vive inmerso en su entorno. Es indispensable al observarlo despojar la observación de la mayor cantidad de prejuicios posible. Habrán de entenderse los prejuicios como una conclusión prematura y pretendidamente absoluta, lo que lo transforma en óbice fundamental en la averiguación de cualquier verdad pues, lógica mediante, el prejuicio sería la Verdad Revelada y por lo tanto la tarea deviene en abstracto. ¿Cuál sería la verdad a averiguar si ya es conocida? Sumados, los prejuicios son capaces de copar un análisis prácticamente en su totalidad, impidiendo de ésta manera su estudio y su crítica.
De considerar sin prejuicios surge la posibilidad de rastrear patrones, tanto individuales como colectivos, tanto conscientes como inducidos o naturalizados. La tarea es dilucidarlos para poder someterlos al rigor científico y extraer nuevas concepciones. El conocimiento que brota naturalmente del estrujamiento intelectual desprejuiciado no es otra cosa que la savia humana producida por la existencia misma y sometida por el medio que la rodea, asistiendo a la evidencia más clara sobre los vaivenes del Amor-Miedo.
Toda persona lanzada al mundo disfruta y padece por igual de sus verdades objetivas: la fuerza de gravedad o el Sol están ahí y caminamos con éstos fenómenos. Todo elemento ajeno a los de este tipo, vale decir, aquellos susceptibles de ser modificados por la voluntad individual o colectiva, es opcional a la existencia en la medida de que es fruto de la coyuntura que lo ve nacer y no un elemento perenne. Todo aquello de lo que se toma consciencia de su carácter temporal es elemento válido para ser transformado en algo superador.
Por eso debe educar primero al corazón, antes que resolver íntegramente con su intelecto. Los sentimientos unen más vidas que las ideas, pues éstas son consecuencia directa de los primeros al ser tamizados por nuestras herramientas de comprender la realidad. Una vez más, si éstas son el resultado meras mecanizaciones emocionales entonces los prejuicios sienten por nosotros y así es probable que los sentimientos no sean acordes a la realidad individual ni colectiva. Serán vagabundos del rencor.
No habré de permitir que nadie bajo mi mando desconozca estas premisas.
Capitán Milanesas con Puré.