El título que lleva éste apartado deviene de la popular frase pronunciada en un sketch de Peter Capusotto y Sus Videos en la cual se muestra un video de instrucción de la Policía Federal Argentina en los años 60'. El personaje central es un comisario que a pura orden transmite la forma de proceder ante algunos sucesos. Un grupo de hippies fumando marihuana en un auto, una casa o un parque, o bien, escuchando Jimmy Hendrix. Al referirse a éste personaje lo sentencia de la manera que bien reza el título, pero añadiendo posteriormente que "toca la guitarra y es negro", para luego dar por terminado el asunto con un gesto claro de que con eso alcanza y se termina el tema.Éste modo de expresarse que bien refleja Capusotto se ha transformado en el día de hoy, aunque se conserva en muchos aspectos. Las frases terminantes del policía, los gestos definitivos, los adjetivos que consabidamente son ubicados de manera peyorativa: hippie, negro y puto. Esos adjetivos sólo pueden ser considerados a priori como condenatorios cuando existe sobre ellos una carga condenatoria previa o con intenciones de ser considerados en tal carácter. Así, no es muy arriesgado concluir que ser hippie, negro o puto es peligroso, más aún cuando la policía está hablando de cómo combatirlos. Lo llamativo de Hendrix es que es las tres cosas a la vez.
Encarando ahora sí el análisis central, es probable que la primera pregunta lógica sobre las condiciones de Hendrix hoy en día sea: "¿y cual es el problema?". Pregunta fundamental pero soslayada por la discursiva del sistema mismo que los está explicando. En otras palabras, la forma de comunicar una idea o suceso es también el canal de juzgamiento del mismo; han traído a Pavlov al sistema cultural de expresión. Fuera de esos estereotipos condenables, el arte es relatado como una exaltación del alma humana, su divina expresión y su perfecta salvación; pero del arte hecho por putos debemos desconfiar. Y anida allí el dilemma de la corrupción moral que se supone lleva implícita la condición homosexual. Cualquier suceso comunicado de la misma manera tendría semejante impacto a éste y más si se sirven juntos dentro del mismo plato de prejuicios.
Entonces es aquí donde me parece que el impulso condenatorio tiene razón. Pues logra situarnos en la edad histórica. Jimmy Hendrix era hippie, negro, puto, rockero, tocaba la guitarra al revés y después la prendía fuego. Además de estrella de rock, logró transformarse en el concepto de liberación de todo lo que él significaba, logró agruparlos bajo un mismo techo, cobijándolos. Era condenable ser cualquiera de esas cosas, por separado o mezclados y a veces hasta ampliados. Culturalmente quedan representados en las personas que no trabajan y que por consiguiente tampoco producen nada a la sociedad sin notar que eran productos de esa misma mecánica social. Notarlo no hubiera sido difícil, pero existía sobre esa inquietud un manto negro de castigo moral inclusive ante el mero hecho de poseer más información que las autoridades.
Era un despertar muy fuerte. De repente el sentir era masivo y se podía compartir una infinidad de experiencias. Hay una idea muy presente del hombre y su misticismo, de la idea de la naturaleza como fuente de equilibrio y del repudio a un orden que permitía censurarlos. De paso consumieron todas las drogas inventadas hasta la época, sin excepción y sin orden. Y aunque los querían condenar, con frecuencia aparecía un reventado que tenía talento y era redituable para la industria. Pero ya era muy tarde. Ya habían empezado a ajustarse la ropa al cuerpo y cortarse el pelo (algunos) por lo que se habían insertado finalmente en la sociedad que los vio nacer. Hasta transformarla.
Así se sintetiza un peligro moral: iconizándolo en una sola idea para trasladarlo luego a un solo concepto y finalmente personalizarlo, creyendo que así humanizan su condena sobre las personas con inclinaciones de éste tipo. Se entiende ésto no como condenable sino como un proceso. Las fuerzas conservadoras cumplen ese rol: presionar las heridas producidas por sus errores para hacer surgir el pus que provocaron y así sanarlas. No ha de dividirse la opinión ni a su favor ni en su contra solo por convicciones. El paso siguiente es aprender a vehiculizar las pulsiones conservadoras de una sociedad. Si se quiere controlar el cambio debe entenderse primero su naturaleza y su función.
El objetivo jamás fue Jimmy Hendrix. Los que lo condenaron ni siquiera lo conocían. Condenaron lo que significaba y sus implicancias a futuro, porque ellos sí eran conscientes del proceso de cambio que se avecinaba. Su honestidad intelectual les decía que eran responsables de ello.
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