jueves, 31 de diciembre de 2015

Todos fanáticos

Es una constante. Se repite conversación tras conversación. La discusión, tenga el tenor que tenga ha de terminar con la conclusión de que alguno de los dos contendientes posee un alto grado de radicalización fanática que no puede percibir porque, explicará el contrario, su fanatismo le impide vislumbrar el vicio tal y como se presenta.

No es propio de una averiguación de verdad delimitar el fanatismo sino como la última instancia, y esta aún con la debida cautela y moderación. Ubicar a alguien en un extremo es un juicio de valor que no por su conclusión ha de ser tan cierto ni tan grave. Abrazar causas y argumentar en su favor es una labor intelectual bastante profunda, y no será la incompetencia de los argumentos que lo enfrentan quien dirima el nivel de fanatismo, aunque bien pudiera tratarse de una radicalización. Pues pensar la vida necesita de cierta radicalización en su avance; de lo contrario, la labor será únicamente contemplativa y por tanto impracticable.

El aditamento peyorativo del fanatismo está de moda en todos los ámbitos. Se ubica primero que la falta de razón o de construcción lógica, al menos. Es tan fácil lograr una condena personal de fanático que ya se han desnaturalizado las propiedades evolutivas de las ideas, para dar paso a la conclusión inmediata de extravíos morales, sin reconocer la mayoría de las veces, la velocidad del pensamiento permisivo. 

Esto surge de una confusión conceptual muy arraigada fruto del medio que nos rodea. Se ha repetido hasta el hartazgo la potencia liberadora de la educación, pero es muy difícil determinar con certeza la dirección y el sentido de la misma. Así, los conceptos utilizados para abarcar un análisis de la realidad se han visto tergiversados por el miedo a la violencia. Han confundido la radicalización con el fanatismo y las guerras con el terrorismo. De esa manera, la integridad moral de quien se sitúa en la vereda opuesta a los “ismos” se ve favorecida. Ya no por Dios, como en la Edad Media, sino por “la razón”, representada aquí como la entelequia de lo intangible. El espacio vacío dejado por la imperfección moral fanática es cubierto por la razón aún cuando no existan argumentos razonables para afirmar haber arribado a ella.

De esta manera pueden dilatarse búsquedas e impedirse las certezas, asomando al espacio de los hechls consideraciones de índole subjetiva que abaratan cualquier expresión de idea alguna. No es la tarea de una discusión su conclusión inmediata por salvajismo, pero si hay una tendencia ideológica y retórica cuyo principal objetivo es hacerlo así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario