Nos llenaron de odio y miedo durante 10 años, para erigirse hoy en adalides del amor y el cambio social. Desde la Gripe A, hasta los controles y espionajes con tarjetas de colectivos, sumados a persecuciones con la AFIP poniéndose el sayo de víctimas, justificando a los especuladores financieros y económicos capaces de someter al país a la incertidumbre económica total. Nos sembraron y lo cosecharon.
Y asustan un poco. No les creo el tono de voz, no les creo la emoción ni las banderas. Creí que habíamos superado la etapa del jardín de infantes en donde nos alcanza con que nos hablen sonriendo y como idiotas; y también creí, que no caerían en las falacias liberales del “cambio” por el cambio mismo, sin preguntar primero la dirección ni el destino, envalentonados solamente por las ansias de ver destruido un sector de la militancia política que supo ser bien instalado como un defecto social. Un cáncer, supieron decirle.
Para pasar a éste estadío de cosas, en el cual un hombre que parece dictar un seminario de autoayuda envalentona una serie de prejuicios para llegar a conclusiones, en un sistema de pensamiento moralista que cree que cuanto antes se concluya un asunto mayor inteligencia se posee. Y que eso sólo se logra en base a los méritos personales, que no existe detrás de el esfuerzo personal un sacrificio social en beneficio de las metas buscadas.
No estamos perdidos, pero si hay una sobrevaloración evidente de un conjunto de frases y conclusiones apresuradas, con una demostración absoluta de ignorancia y brutalidad política, en la cual hay (o habían, hasta antes de ganar las elecciones) un conjunto de hijos de puta que hacían de la corrupción su modo de vida. Más hijos de putas aún los que acompañaban con su voto.
Yo no como vidrio. Detesto a los vendedores porque tengo la certeza de que es el dinero su intención y es el predominio moral su objetivo final. Los reconozco cuando los veo. No, no es Macri el vendedor, más bien es el producto de una venta más grande. Sus globos no representan más que eso: aire. Ni siquiera humo. Aire. El vacío empaquetado es lo mismo que comprar un buzón. Pero eso es responsabilidad del votante.
No me interesa discutir la intención de votar la proyección política votada. No hay discusión posible porque no hay política de por medio. Triunfaron los intereses de las minorías económicas y especulativas a través del convencimiento de los sectores sociales de que existe una similitud más que evidente entre los intereses de una clase y la otra. La falacia brutal de adultos y jóvenes que bregan por la educación como método de liberación, pero caen al primer sofisma bien empaquetado hasta plantear una suerte de división intelectual con los sectores políticos entre “buenos y malos”.
Eso no es política. Son pareceres. La política se lleva adelante con convicciones, y la “liberación de las fuerzas productivas” significa dólar regulado por el mercado y a éste lo regulan los dueños de la mayor cantidad de capital. Hoy están también en el Estado, elegidos democráticamente. No hay excusas de aquí en más.
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