El elixir de la virtud
Convertirme en buena gente
Y ser esclavo de lo aparente
Negarme a los defectos, a los vicios
A las explosiones, las manías y solitarias algarabias.
Deprimirme si hace falta,
Quedarme sin garganta.
Decirme ante el espejo
Lo mucho que me falta.
No me asusta el principado
De valores poco humanos, maniatados y arrastrados.
Y comer de lo amargo aunque moleste más
Y masticarme lo puro del alquitrán.
Entumecer las manos de tanto empuñar, en vano,
La espada de la libertad.
Seducido por falacias e historias
de leyendas, heroes, palacios, valores...
Vanidades de hombres, al fin.
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