Lleva toda su sonrisa,
Una espiga de las llagas
De un borracho en callejón.
Aunque siempre está empardada
Esta suerte arrebatada,
Ha empujado sus certezas
A la misma habitación.
Ahuyentado como hiena
Una densa neblina, espera,
Que antes que descubrir figuras
Lo vuelve a uno fisgón.
Creo entonces que la suerte
Ha llegado a hincarle un diente
A ese órgano indecente
Que han llamado corazón.
Que no vaya a ser probable
Que la vida le derrame
Un bautismo en su homenaje
Y que muera en su dolor.
No es el hombre, no es el hambre,
Se me estrujan bien las tripas,
Que aún no conozco vida
Que no traiga este dolor.
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