La libertad es el paradigma sobre el que gira todo el andamiaje de la calesita del sistema democrático. Cualquier acción u opinión que no contradiga la ley ni vulnere la integridad de las demás personas queda amparado por ella. El principio del derecho que consagra que todo lo que no está prohibido, está permitido constituye el conjunto de rulemanes de la calesita y como tal cualquier obstrucción a la libertad se torna evidente porque la consecuencia principal e inmediata de ello deviene en el mal funcionamiento del juego en cuestión.
En su faz objetiva los hechos son lo que son y cuando cualquier persona ejerce cualquier acto no debe dar explicaciones por ello si no lesiona ni a la ley ni a otra persona con su acción. Así, nadie da explicaciones de por qué está saliendo a correr, simplemente lo hace y nadie interviene. Al menos no hasta hace 6 meses. Las restricciones a la circulación que se dispararon por decreto en medio de la pandemia afectan principalmente a este derecho de libre circulación. En consecuencia, la vulneración de éste reduce la virtualidad de todos los demás.
Este paradigma de afectación colectiva pone bajo la lupa el accionar particular en su papel social. Pero no es el único. Lo normal es pensar que vivir en estado de libertad garantiza que ésta se extienda a todo quehacer personal. Constituye una ficción propia de la imaginación pensar de semejante manera. En un sistema en el que hay derechos que es menester comprarlos antes de ejercerlos se hace imperativo analizarse para descartar que no estamos siendo coaccionados en un plano imperceptible a simple vista.
En este sentido, el filósofo coreano Byung-Chul Han se ha vuelto el nuevo profeta de las artimañas que construyen las ficciones sobre las cuales es posible vehiculizar una acepción semejante. En su libro Psicopolítica se arma con conceptos filosóficos propios de quienes se dedicaron a estudiar y explicar el poder para trazar un nuevo diagrama de evaluación social y particular. El poder oculto, explica Foucault, es el más dañino de todos pues no es posible rastrear sus efectos si no es a través de un exhaustivo estudio y consecuente análisis. De esa forma, analiza el paradigma de la libertad del nuevo orden social y económico que se explica a través del "ser tu propio jefe" o "manejar tus propios horarios" se enmarca en un principio de autoexplotación personal, en la que no es ya el sistema a través de las imposiciones de producción el que explota al trabajador; en su lugar, cada individuo es presa de las expectativas y metas que autoimpone y se explota a sí mismo. Sostiene que todo producto del sistema en el que vivimos está orientado hacia allí. En éste sentido explica el concepto del Dataísmo como la forma emergente del sistema para poder direccionar el comportamiento, las acciones y los pensamientos de las grandes masas sociales conceptualizadas como individuos independientes y libres.
En el mundo hay aproximadamente 7.700 millones de teléfonos celulares conectados a la red de internet, contabilizando más dispositivos que personas. Lo más probable es que este escrito esté siendo leído desde uno de estos dispositivos. Las redes de internet funcionan con los ya conocidos algoritmos que, a través del almacenamiento de datos, sugiere al navegante productos de consumo que se deducen de su historial de navegación. Suena a locura, pero hay sencillos experimentos que demuestran que la inteligencia artificial que gobierna la red está atenta y vigilante a nuestras necesidades para proporcionarnos los productos, las metas y motivaciones que más se ajustan a nuestro estado emocional. Algunos fenómenos son realmente perturbadores como, por ejemplo, tomar el celular y, sin haberlo desbloqueado, hablarle al micrófono sobre alguna actividad o idea y observar luego las publicidades y publicaciones sugeridas por el algoritmo en las redes sociales y en los navegadores. Es realmente intimidante.
Byung-Chul Han sostiene que los servidores almacenan los datos personales de todos los usuarios a través de la creación de un perfil dentro de un ordenador posibilitando construir una imagen más perfecta de la persona pues, en su celular, contiene información sensible de la intimidad que refleja a su tiempo las necesidades, ansias, metas, valores y miedos. Utiliza para explicar esto el concepto del Panóptico del filósofo utilitarista Jeremy Bentham, quien diseñó a través de este pensamiento la forma de las cárceles de todo el mundo. Plantea que desde un punto central un único guardia puede custodiar a la totalidad de los reos, reduciendo los costos de control y vigilancia y suscitando en cada preso la sensación permanente de que está siendo observado. Esto reduciría las planificaciones de fuga y conspiraciones entre ellos y cumpliría de mejor forma los objetivos del sistema penal.
(Unidad Penal Nº2 de Sierra Chica, Olavarría, Provincia de Buenos Aires)
No se trata de una conspiración urdida por un grupúsclo de militantes de derecha radicalizados sosteniendo que la libertad es peligrosa porque vulnera la moralidad o la nacionalidad. Son abundantes los ejemplos de cómo opera la venta de información para estos fines y cómo se hicieron las campañas políticas de varios países, muniéndose de éstos perfiles y éstos algoritmos, con el objetivo de direccionar las voluntades y pensamientos de acuerdo a los intereses creados. El escándalo desatado por Cambridge Analytica en el marco de la venta de datos personales para direccionar campañas políticas es sólo lo que puede verse a simple vista.
Con este panorama, nuestra libertad es la mera aptitud de consumo que tampoco es libre pues está también direccionada por un algoritmo creado por una persona y que opera de manera independiente a través de la inteligencia artificial, reduciendo los costos de control y convirtiéndonos a todos en los reos del panóptico que es internet y el uso de dispositivos. La libertad no es tal pues no somos dueños de lo que sentimos y lo que somos, sino que estamos siendo direccionados conforme nuestras inquietudes van siendo expuestas en las plataformas de redes sociales. Ese voluntarismo de exposición personal es valiosa información de mercado.
No es agradable para nadie darse cuenta que están tratando de engañarlo. El algoritmo está programado para guiarnos cuando alguien lo usa en ese sentido. Cuando permanece pasivo recolectando información está operando para trazar una experiencia más agradable y más productiva de la World Wide Web. Es necesario pensar que éste es el nombre real de internet: en inglés y sin eufemismos. Red mundial. Y mientras nos movemos por la vida como insectos destinados a ocupar un sentido post de despedida en una red social o un obituario en los diarios, somos más que susceptibles de quedar atrapados por la red.
Ya sea que nos autoexplotemos o nos hayamos convertido en meros consumidores todos compran el detergente de la publicidad, el medicamento que nos vende el actor famoso o la idea del político que tiene buenos modales. La falibilidad humana surge de la duda que nos provoca decidir. Quien se crea fuera de éste fenómeno que suelte su teléfono en éste momento y no se mienta más.



Desvela a las almas de cristal un decreto que ya no respeta nadie, pero el resultado del direccionamiento sutil de las conductas mediante algoritmos queda indultado porque serían “reglas del juego” de las redes... o del mercado, no importa
ResponderEliminarInteresante visión la de las reglas del juego. Gracias por tu comentario.
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