Consulté todos los profetas, todos los autoproclamados videntes de la humanidad, los horóscopos de todas las latitudes publicados en varios diarios. Ninguno, ni siquiera Nostradamus (tanto que le gusta a la prensa pedorra tirarnoslo por la cabeza de vez en cuando) pudo avisorar el advenimiento de semejante fenómeno mundial. Pero hay que ser justos, tampoco vieron venir a Francia campeón en Rusia 2018 ni los resultados de las series finales de la NBA en 2019, no esperaba menos de ellos para el 2020. La prueba cabal está en que presagiando amor, metas y esperanza se olvidaron del planeta como factor hostil para la humanidad.
Desde la física suelen traspolar la segunda ley de Newton para explicar lo que los orientales denominan Karma. Dicen: "a toda acción corresponde una reacción" tal vez pretendiendo encontrar el origen de toda desgracia cotidiana en una maldad culposa del pasado. Antojadizo como sólo él, éste método no sirve para explicar otra cosa que los fenómenos físicos y si me apuran alguna que otra consecuencia personal inmediata como chocar un auto por no pisar el freno. Nada más. No es necesario hacer tanta mística de todo. Existen, en la realidad, suficientes hechos que son capaces de proporcionarnos la información que necesitamos para dilucidar las causas. Caso contrario, nos habremos aislado de la realidad.
El aislamiento al que la pandemia conminó a gran parte de la humanidad podría desembocar en una patología psicológica conocida como Síndrome de la cabaña o Fiebre de la cabaña que se manifiesta por el desgaste al que lleva la falta de contacto con la naturaleza, el aislamiento social y las rutinas de encierro prolongado. La identificación de este cuadro revela que existen y han existido aspectos centrales de la vida de los seres humanos que fueron descartados como una realidad humana al no haber sido experimentados por el pleno de la sociedad. Por ejemplo los presos, los locos y los solitarios ya padecían de dicho síndrome y nadie aún les ha preguntado nada. No es que sea necesario, pero no sería en balde recabar esa información. Digo...
Mientras, una carrera científica contra reloj se desarrolla en todo el mundo y demuestra que la prioridad de muchos Estados está en encontrar una solución definitiva a toda esta historia a través de una vacuna que abra un portal en el tiempo para volver a la "anterior normalidad", retirando el molinete impuesto que recorta de hecho las libertades de millones de seres humanos. Se arguye que existe un interés económico de parte de los laboratorios y que, en ese sentido, han tensado los hilos para aumentar sus ganancias en caso de ser los primeros en encontrar, producir y vender la solución que están necesitando. Esa conspiración ya tiene un nombre, no es novedosa y se llama Capitalismo...
Aún habiendo hecho uso de la licencia poética, la realidad es trepidante y el tiempo no detiene su marcha. Las consecuencias económicas, sociales y políticas de este fenómeno se padecen en medidas similares en distintos puntos del mundo y repercuten en la intimidad de quienes están a la expectativa, cumpliendo los mandatos de infectólogos, médicos y consejos consultivos que han sostenido que no hay mejor recomendación que mantener la distancia entre unos y otros. Pocas veces puede verse una semejante coincidencia en los propósitos de parte de todos los países del mundo; de suyo, en el pasado ni siquiera han logrado ponerse tan de acuerdo para, por ejemplo, repudiar una guerra o contener una gran migración humana.
Es necesario hacer notar que una situación crítica es susceptible de provocar que se intensifiquen los valores y disvalores del sujeto que es apresado ella. En los primeros tiempos de aislamiento algunos se animaron a sostener que sería la plataforma ideal para relanzar lo mejor del ser humano, propiciando un ámbito agradable para la reflexión y el mejoramiento personal. Luego de más de 6 meses se volvió evidente que sólo se habrían de potenciar aquellos aspectos que ya existían, dando como resultado que quienes eran buenas personas podrían llegar a acentuar sus bondad, pero quienes eran una cagada agudizarían ese cuadro hasta el punto de la ridiculez. Esta segunda afirmación es la que más pruebas fehacientes tiene a su favor.
La excepción siempre confirma la regla y es probable que quien se encuentra ante estas líneas tenga en su haber uno o dos ejemplos de que lo expuesto en las últimas líneas del párrafo anterior no es acertado. Los períodos licenciosos dan siempre lugar a que aflore lo lúdico y creativo, de modo que quienes pudieran haberse distraído de forma más feliz probablemente hayan logrado, realmente, mejorar su persona y una percepción del mundo mucho mejor.
En paralelo coexiste un grueso que sólo espera por lo mejor mientras reniega por verse imposibilitado de vivir una vida plena. De suyo, que aunque no fuera necesario culpar a nadie de un hecho acaecido con independencia de la voluntad humana, lo más probable es que haya que imputarle a alguien las consecuencias de una pandemia mundial. Ríos de tinta apuntarán a los responsables políticos y éstos a su vez orientarán sus cañones sobre sus enemigos geopolíticos.
Lo único que le falta al 2020 es una guerra. Y no estamos lejos de conseguirla.



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