sábado, 4 de abril de 2020

La cuarentena no alcanza

La cuarentena decretada hace las veces de calabozo de los sueños de aprehender la libertad que al parecer se consigue sentado o caminando en un parque; o los de creer que hemos dominado el mundo y nuestro Ser al tiempo que subimos cerros y armamos carpas; o que estaremos en gracia con el creador porque, al mismo tiempo que está viendo pecar a los indígenas subsaharianos, nos está mirando cumplir su voluntad y nos está protegiendo del contagio, de formas misteriosas. Hay una pausa en la realización personal de lxs confinadxs. La primera consciencia que se debe adquirir es que esto es un encierro.

La cuarentena es un confinamiento y como tal representa una imposición. Un encierro, consciente o inconsciente, que reduce al ser humano a su potencialidad más básica y que, contados son los que sortean un encierro y continúan su vida de la misma manera que antes, o peor aún, creyendo que han mejorado sustancialmente su Ser, su persona, sus habilidades o sus conocimientos. Nada de eso es real. Un encierro no cambia su naturaleza por lo que hagamos dentro de la celda. No todos pueden escribir encerrados, no todos pueden componer canciones, pintar un cuadro, leer libros o pensar en sus ideas políticas metidos dentro de su cueva.

Los hay quienes, como yo, no aprovecharon en lo más mínimo su estadía hogareña forzada; a pesar de haber disfrutado del confinamiento y no padecer ni la soledad ni la falta de contacto humano. Fue mi idiosincracia la que me posibilitó no sentir ninguna ausencia ni necesidad urgente de contacto humano o de actividad de exteriores que me afirme como la especie más evolucionada de la naturaleza. No hay orgullo aquí, sino sólo una explicación más. 

Tampoco había necesidad alguna de salir de la cuarentena siendo algo distinto, mejor, más completo, más seguro, más lo que sea. Esa idea de los coach de la era en la que todo es una oportunidad y que en realidad eso significa crisis (como si nunca hubiéramos visto Los Simpson) son el grupúsculo idiota del todo se puede. Jamás hay que hacerles caso. Nunca, eh. Si quieren escucharlos es problema propio, pero hacerles caso es entrar por la puerta grande a los jardines de Herbalife y la meritocracia.

No vale la pena lamentar cualquier oportunidad perdida bajo los dias de confinamiento. Cientas de miles de oportunidades se perdieron en el encierro y es necesario caer en la cuenta de que no toda experiencia es positiva, no toda actividad en solitario nos hace crecer como personas y que no somos mejores por sostener que todo sigue igual. Si el mundo va a cambiar después de ésto, ¿que les hace pensar, por un segundo, que están exentos de los efectos de algo que es usado como castigo desde el principio de los tiempos? 

Van a salir de ahí dentro peores que como entraron. Sabrán administrar las consecuencias de su personalidad o pagarán socialmente lo que significa haber estado encerrado.

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