jueves, 5 de septiembre de 2019
Anestesia Popular
Vivimos inmersos en el sistema. Con condiciones que vienen dadas, como los precios en los mercados de competencia perfecta. Algunas son más grandes que las fuerzas dinámicas colectivas que se puedan articular y los acuerdos que se puedan lograr para combatirlas; con mayor arraigo colectivo que evidencia que sustente su probabilidad de certeza o siquiera su existencia. Ésto como punto de partida.
Al siguiente plano ingresamos en la dinámica sentimental de cada ser viviente y razonante (no se si existe esa palabra). El preludio de todo lo que se piensa es lo que se siente, sobre una cosa, una persona, una idea o una elección. Y en los extremos de la tan mentada dicotomía amor-odio hay una falacia que se inicia en la formulación, pues no es el odio el sentimiento de repulsión que se contrapone al del amor. Ese lugar es en realidad del miedo, el único actor capaz de repeler con mayor fuerza que el odio.
El miedo en sus diversas facetas puede ser inducido y usado como parte del programa de inoculación de anestesia popular. Y así es usado, en efecto. La pulsión de repulsión inducida es una realidad igual a la necesidad de hidratación constante. No ponerla en tela de juicio equivale a ser parte del juego de las necesidades del sistema, es decir, equivale a seguir enchufado a la matrix de un sistema que requiere de la energía humana para funcionar y de la complicidad de sus relaciones intelectuales para negarlo. Inducido el sentimiento brota sólo el pensamiento.
Tan así que es el desequilibrio emocional el principal factor de preocupación y humor social entre los adolescentes de la década pasada. La imposibilidad de lograr un equilibrio emocional es consecuencia directa de la inducción de sentimientos para lograr pensamientos. Ante el vacío de la generación propia de éstos advienen impulsos suicidas y adicciones farmacológicas, tanto legales o ilegales. Históricamente, éste efecto era logrado por el dogma religioso que se disfraza de pregunta pero son en realidad respuestas inducidas. Así lo haría Santo Tomás con sus 5 vías racionales para probar la existencia de Dios, en las que la pregunta está formulada de manera tal que la respuesta es inevitable. Una treta propia de los dogmatismos.
No conozco la cura. No conozco a fondo su raíz. He padecido sus consecuencias y es parte de una pulsión inexplicable contarlo de ésta forma. Puedo reastrear indicios en los premios de las redes sociales a las interacciones: la falsa fama, el falso cariño y los falsos contactos están entrando en reemplazo de lo que nos fuera inducido en su momento. Así, el arte se presenta como lo único capaz de liberar el espíritu. Que quien haga música, componga canciones. Quien sepa dibujar, pinte cuadros. Pero si alguien lee estas líneas y no cree en ello, escriba en contra usando palabras e ideas que no sean prestadas por el sistema. Y sin miedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario