La dinámica del Ego social lleva a tomar las desavenencias como batallas interpersonales, donde la prevalencia retórica de uno implica una superioridad moral. El Sistema convirtió al sujeto político en un panelista de los medios de comunicación y consumo, privándolo de su consciencia colectiva y su potencial de organización social a través de la misma toma de consciencia. Como una consecuencia ineludible: la toma de consciencia social es la base de la organización política.
Fruto de la asimilación de las verdades contemporáneas es posible encontrar listas de procedimientos que determinan la correcta pertenencia moral a las ideologías. Listas elaboradas por el academicismo careta, el que predomina a la hora de encarar sobremesas, buscando contradicciones como el Gollum a su anillo. Las contradicciones se vuelven obstáculos insalvables y su presencia deslegitima la conexión entre el Ser y la Idea, volviéndolo así moralmente inepto para sostenerse en el pensamiento. A la primera contradicción, el estereotipo arrastra a la inteligencia hacia las verdades de su tiempo y repasa las check list ubicando no uno ni dos sino decenas de contradicciones entre las formulaciones morales contenidas en dicha lista y los postulados ideológicos y racionales de cada síntesis de consciencia social. De aquellos que adhieren a doctrinas marxistas se reclama un estilo de vida asceta que vaya de la mano con la ridiculización del concepto de propiedad colectiva. Devalúan su inteligencia llevando al ridículo propuestas que los asustan porque creen entender que las realidades se miden por posesión y derecho de propiedad, más que por la felicidad y la autorrealización.
El estereotipo como construcción es tomado cual Verdad y unidad de medida. Ninguno de los postulados que lo conforman es susceptible de revisión ni repregunta, logrando que cualquier intercambio se abalance hacia la prédica de coherencia moral más que de inteligencia sistémica. No son las ideas las que emparchan las fisuras e inequidades del sistema pues éste ha adoptado características de ser vivo y puede ahora autorregularse. El anticuerpo primero del cuerpo ha sido siempre la piel; y como tal, el estereotipo es la piel de la defensa al cúmulo de pretendidas verdades sistémicas.
Se produce entonces la privación del pensamiento por programación. Los descartes in limine de los elementos racionales del análisis social van cercando la privacidad del sujeto, retrayéndolo de los ámbitos netamente propios y que forman parte de su hacer colectivo. La mecanización de los proceso intelectuales es la Verdad, y el "está todo inventado" su muleta. Se abre paso la inoculación de la anestesia colectiva y se pone en fuga al sujeto para que encuentre su identificación en otras generalidades que no afecten significativamente los postulados indiscutibles de la Verdad de la Época. El Opio de los Pueblos muda de piel como los reptiles o las arañas y se ubica ante la nueva coyuntura, facilitando la propagación de la palabra de los mecanizadores del pensamiento: el Evangelio de la Era.
La Teoría del Derecho contiene en si una explicación a la figura de la persona jurídica. Dice que es un centro ficticio de imputación de normas que actúa a través de sus órganos, asimililandola a un ser vivo. De la misma manera opera el Sistema: posee en si mismo sostenedores y evangelizadores que más que militantes son resignados a la brutalidad de las verdades que encarnan. Se vuelve un ser vivo al que se puede querer por sus bondades sin mirar a sus decisores ni la oportunidad de sus acciones. Por eso es una Verdad de Época: no está sujeto al análisis inmediato. Toda modificación está condenada a la burocracia y por consiguiente, al hastío y la resignación.
Operan verdades sistémicas en la psique de los pueblos. No es un pensamiento radical, sino tal vez uno de los mayormente aceptados. He aquí una cabeza más.
Que la cuenten como quieran.
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