viernes, 29 de octubre de 2010

Máxima certeza

Esa certeza que ofrece la muerte y le avisa a nuestra esperanza que ella no existe en éstos casos. Para todo lo demás, la deja caminar y que impregne lo que pueda y la dejemos.

Asumiendo que la vida y la muerte son cosas distintas, continúo.

La muerte, como la vida misma, es contradictoria. Cual oxímoron recalcitrante, toma el espacio que le pertenece y el que no le pertenece, también. Se mete en la vida misma y da un cimbronazo que nos descoloca. El desamparo, la tristeza, el menoscabo a la alegría y a la esperanza nos deja perplejos. Las palabras sobran. El cuerpo se sacude... y perdemos.

La muerte no persigue, asecha. El miedo nos pide que la espantemos y no lo vamos a lograr, porque no la espantamos con piedras ni con gritos estridentes. La única certeza es y será que la muerte va a llegar y sólo la podemos esperar.

Aún así, la muerte cumple su función subcutánea: vuelve inmortal a quien toca.

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