A veces retomo la senda de hacerme las preguntas necesarias para sentirme importante e interesante. Trato de hacerlo con mayor continuidad, puesto que la actualización hace a las cosas aún más interesantes. Pues, me he preguntado y preguntado. No he llegado a ningún lado.
¿Será que sólo me interesa ser intersante?. ¿Lo soy acaso?. No me gusta perder el tiempo en juzgarme con mucha profunidad cuando estoy escribiendo, pero resulta que el juzgamiento se hace manifiesto cuando releo lo escrito. No siempre es así, sin embargo, a veces funciona.
Si alguien me preguntara qué estoy haciendo de mi vida seguramente respondería: "dando mis mayores intentos para seguir siendo lo que los demás se han creído que soy". ¿Soy una mentira, entonces?. Probablemente. Todos mienten y muestran sólo lo que les conviene mostrar, ya sea por decencia, por principio moral, porque les avergüenza lo que son o simplemente porque les da miedo darse cuenta lo que no son; y son en realidad seres horrendos, pútridos, banales y tristes. ¿Donde encajo yo?.
Encajo donde me conviene. Donde tenga argumentos para justificarme; aunque el argumento me transforme en un pensador que sostiene fuertes posiciones, mi intento fue únicamente no vaciar lo que he elegido y diferenciarme de los idiotas que les encanta hablar y nunca pensar. El pensamiento de esos imbéciles es quedarse con el primer rayo que les pase por el cerebro. Se formulan la pregunta y se la responden inmediatamente, ¡y esa habrá de ser la única verdad!. ¡¡Se rasgarán las vestiduras y gritarán su razón a Dios, Satán y los putos Sumerios!!.
Haganlo con tranquilidad, que los últimos están muertos hace miles de años, y los dos primeros se cagan de la risa en el mundo de la fantasía.
Si pudiera le cortaría el cuello a aquellos que interrumpen la sabiduría del silencio; como asímismo a quienes denostan la sabiduría que existe en el ruido ensordecedor.
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